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Entrevue
MIKEL ZUZA
ESCRITOR

«Nunca he tragado con los que piensan que ‘más vale malo conocido’»

Después de tres libros de relatos en los que el escritor, historiador y bibliotecario iruindarra Mikel Zuza ya jugaba con ucronías y distorsiones históricas sobre el reino de Nafarroa, en “Causa perdida” novela una Nafarroa que asombra al mundo con valores y armas invencibles como los libros, su principal industria.


«Navarra será el asombro del mundo». Lo escribió Shakespeare y, de hecho, cuando lo hizo, Nafarroa ya comenzaba a ser ese país modélico al que todos admiran; ese país que acoge para su causa a artistas y perseguidos de todo el mundo. Es así, al menos, en “Causa perdida”, la novela que el iruindarra Mikel Zuza (1970) acaba de publicar, en la que el rey Juan de Labrit recupera el reino de Nafarroa tras la invasión castellana y la convierte en un lugar, ciertamente, asombroso, y a la que se suma una no menos asombrosa, deliciosa, historia de vampiros, con el telón de fondo del proceso a las brujas de Zugarramurdi.

«Causa perdida» es una ucronía que sugiere la posibilidad histórica de otra Nafarroa y se ha publicado coincidiendo con un momento también histórico, una nueva etapa de cambio en Nafarroa. ¿Feliz coincidencia, premonición?

Evidentemente, si estoy de acuerdo con cambiar nuestra historia del siglo XVI, no iba a ser menos con la del XXI, y aunque confieso que había perdido ya la esperanza de llegar a conocerlo, este cambio que ahora mismo estamos viviendo me llena de ilusión. Nunca he tragado con los que piensan que “más vale malo conocido”. Eso es tener mentalidad de esclavos. Al contrario: creo que lo bueno siempre está por llegar, y espero que todos podamos comprobarlo cuanto antes.

Esa Nafarroa culta, tolerante, integradora que ha imaginado ¿es una utopía, o ha habido momentos a lo largo de nuestra historia en que las cosas podían haber sido de otro modo?

Siempre es mejor ser cabeza de ratón y tomar tus propias decisiones, que cola de león, por muy imperial que este sea. Los reyes Juan de Labrit y Catalina de Foix habían conseguido poner fin a la guerra civil que desde hacía más de sesenta años desangraba Nafarroa. ¿Qué mejor punto de partida que ese para llegar a ser el país que asombraría al mundo, como dejó escrito Shakespeare? En lugar de eso nos convirtieron en un territorio periférico y sin más interés que servir de baluarte defensivo contra Francia. Y en vez de muchos Shakespeare, lo que acabó saliendo de aquí a partir de entonces fueron bastantes “shaCaspare”, que suena parecido, pero –desafortunadamente para todos– no es lo mismo.

Usted es bibliotecario y en su novela los libros tienen una importancia vital, ¿cree que ellos o la cultura pueden tener esa capacidad de cambiar el curso de las cosas?

No se me escapa que basar el porvenir de un país en los libros, como hago yo en mi novela, puede parecer un tanto ingenuo, pero lo cierto es que juegan un papel tan importante en mi vida que darles el protagonismo de mi historia me pareció lo más lógico. No tengo la menor duda de que la mejor parte de mí proviene de las miles de páginas que he leído y de las miles que me quedan por leer aún. Así que si, como creo, los libros tienen la capacidad de cambiar a las personas, por igual motivo necesito creer también que pueden ayudar a mejorar el mundo.

La novela está llena de guiños a personajes y acontecimientos históricos: Johanes de Bargota, convertido en obispo de Iruñea, Pierre de Lancre, Mozart, la fuga de San Cristóbal…

Lo bueno de las ucronías es que a partir del punto concreto en el que cambia la historia que todos conocemos, puedes recontextualizar personajes y acontecimientos dándoles una vida nueva. En ese sentido todos los personajes que aparecen en mi novela, tanto los reales como los que son evidentes homenajes literarios y hasta cinematográficos, muestran mis afinidades y antipatías como si se tratase de un espejo. Un espejo que fui puliendo letra a letra mientras escribía mi libro y en el que me reconozco por completo: estoy en todos esos personajes, y todos esos personajes están también dentro de mí.

Además de su interés por la historia, y por jugar con ella, alterarla, que ya ha mostrado en otros libros, en este añade también un homenaje a las novelas de vampiros o de terror, con esa novela dentro de la novela… ¿Cómo ha sido el encaje de esta historia dentro de «Causa perdida»?

Siempre me tentó homenajear a mi novela favorita: “Drácula”, y vi que esta era la ocasión perfecta para ello. Por eso imaginar por completo –aunque con la inestimable colaboración de todos los autores que se han ocupado del apasionante tema de la brujería navarra– la figura de Estefanía de Lanbroa es una de las mejores cosas que me han pasado escribiendo este libro. Como digo en las notas explicativas del final de mi novela, me hubiese encantado conocer a una mujer así. No pierdo la esperanza…

¿Cree, por último, y volviendo al principio, que alguna vez será posible esa Nafarroa que imagina, que es la admiración del mundo?

Yo quiero creer que sí. Es más, necesito creer que será así. Y la cultura debe jugar un papel crucial para lograrlo. Pero la cultura entendida como el elemento que nos hace verdaderamente humanos, porque saca lo mejor de nosotros mismos. Y sobre todo hay que dejar atrás de una vez verla como un mero entretenimiento, que es lo que muchos desde las instituciones responsables han defendido hasta ahora. Reitero mi ilusión por la época que se está abriendo, y en la medida de mis posibilidades, colaboraré todo lo que pueda.