INFO

Un emotivo funeral despide a Mariano Ferrer en Cristina Enea

El recinto se ha quedado pequeño y el acto se ha tenido que celebrar en el exterior. Rostros conocidos y personas anónimas han dado el último adiós al periodista, que falleció el pasado domingo.

Aspecto general del funeral por Mariano Ferrer. (Juan Carlos RUIZ / FOKU)

Ce navigateur ne prend pas en charge l'élément vidéo.


Hubo un tiempo en el que los kioscos no eran una especie en vías de extinción. Hubo un tiempo en el que uno de ellos entraba cada mañana en miles de hogares para ofrecer un sosegado análisis de las noticias. Así se podían masticar con facilidad, como una galleta mojada en leche.

Ese kiosco tenía apellido, era «el de la Rosi», en reconocimiento a un puesto de venta de periódicos y revistas que sigue en activo en la Avenida de Donostia. «El kiosco de la Rosi», así se llamaba el programa de radio dirigido durante tres décadas por Mariano Ferrer. En Radio Popular-Herri Irratia. Historia de la radio en Gipuzkoa.

Mariano Ferrer falleció el pasado sábado, a los 79 años de edad. Esta tarde, en el parque de Cristina Enea, se ha celebrado su funeral civil. El primero en este espacio, habilitado para tal fin hace tan solo un par de meses. El edificio, situado en la parte alta, tiene un aforo para poco más de cincuenta personas. Obviamente, se ha quedado pequeño. Minúsculo. Estaba previsto, así que todo estaba organizado en el exterior.

Rostros conocido de los más diversos ámbitos. El periodismo, la política, el euskara, la cultura, el deporte… Mucho ex, gentes con importantes responsabilidades que en su día pasaron por su micrófono y que hoy no han faltado a su despedida. No hace falta una lista de nombres y apellidos destacados en negrita. Y muchas personas anónimas, oyentes, que antes de comenzar recordaban «su voz ‘goxua’».

«Esperábamos gente, pero no tanta»

Presidía el lugar una imagen del propio Ferrer, joven, sentado sobre una pila de periódicos y delante de un kiosco de prensa. Sonriente. Su hija Esther ha tomado la palabra. «Sabíamos que no íbamos a caber. Esperábamos gente, pero no tanta».
 
Hubo un tiempo en el que una canción, de autor y título desconocido para la inmensa mayoría, sin letra y con sonido de futurista viaje espacial, era la banda sonora para arrancar el día. Ha vuelto a sonar en medio de un silencio respetuoso aderezado con buenas dosis de nostalgia.

El periodista Sabino Ormazabal ha ejercido de maestro de ceremonias. «No nos gustaría hablar de su muerte. No ha muerto, ha vivido Mariano Ferrer, qué suerte haberle conocido».

Ormazabal ha revelado que la familia quería un acto «como era él, discreto, cuanto menos mejor, sin loas». Así ha sido. Breve, sin aspavientos, todo desde el corazón. Ha destacado todos los adjetivos elogiosos que se han escuchado y leído desde que se conociera la noticia de su muerte. «Y eso que se mojó en asuntos realmente difíciles, hizo mucha cocina, ante el micrófono y fuera de él. Haciendo de moderador o de portavoz en plazas nada fáciles. Le costaba decir que no».  Puede dar fe de ello el propio Ormazabal como imputado en el proceso 18/98.

«Credibilidad»

El txistu de José Ignacio Ansorena ha dado paso al testimonio de Txema Auzmendi. Como compañero de batallas radiofónicas de Ferrer ha destacado «la credibilidad que le daba su forma de transmitir las cosas», y en el aspecto personal «su cercanía y su capacidad de escuchar, algo hoy en día tan difícil».

Itziar Zamora, con su voz y su guitarra, ha dado un respiro a las emociones antes de que volviera a intervenir Esther Ferrer, que comparte nombre con su tía, reconocida artista plástica y también presente.  

La hija de Ferrer ha celebrado este encuentro de personas que «hemos podido compartir los desayunos con Mariano», y ha remarcado que su padre quizás no se reconocería en el calificativo de «maestro» que tanto se ha pronunciado estos días, porque «él se veía como alumno. No solo porque seguía estudiando euskara, sino por sus continuas ganas de aprender». «Como padre, compañero y amigo ha sido un hombre bueno, generoso e íntegro», ha destacado.

En la recta final ha vuelto a sonar el txistu, para acompañar a los presentes entonando el ‘Txoria txori’ de Mikel Laboa, aunque ha sido el propio fallecido el que ha puesto el punto y final con un corte de una de sus despedidas del programa. «La vida debe continuar, que un buen viento les proporcione muchos días de felicidad». Que así sea.