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Javi Bodegas, enciclopedia viva del ciclismo vasco, presenta otra perspectiva de la Vuelta

Su pasión por recopilar datos, fotografías, objetos y testimonios de ciclistas le ha llevado ahora a publicar un libro sobre la ronda española en el que desvela anécdotas recogidas en su buceo en la historia de un deporte que le apasiona.

Javi Bodegas, junto con el ejemplar del libro que acaba de publicar con la infrahistoria de la Vuelta. (Aritz LOIOLA/FOKU)

A sus 64 años Javi Bodegas es la enciclopedia viva del ciclismo vasco. Ha recopilado todos los datos de todos los corredores vascos de la historia y de los españoles desde 1939 y de todas las carreras. En 1994 comenzó a publicar anuarios con los resultados de cada temporada y Urtekaria, su nombre, se ha convertido en un referente, con una bibliografía que comenzó con Juan Dorronsoro con un libro sobre la historia de la Itzulia en 1996.

Luego se han sumado otros con la historia de la Euskal Bizikleta, la Klasika de Zornotza, la Subida a Urkiola, la Volta, el campeonato de España, el ciclismo peninsular, las Vueltas a Rioja y Asturias y ahora ha publicado uno con el título de “Los otros de La Vuelta˝.

Rebuscar en la historia del ciclismo se ha convertido en un hobby y casi una obsesión que comenzó cuando era un niño. «En Lemoiz había carreras, ibas a verlas y empiezas a guardar la lista de dorsales y otras cosas. Te daban todo gratis, con doce años venías a casa con gorras y cosas de ciclismo y teníamos el hobby de guardarlas hasta que un día te das cuenta de que tienes mucho material. Hablé con Juan Dorronsoro y decidimos publicar la historia de la Vuelta al País Vasco con los datos y las fotos que teníamos de equipos, de revistas de ciclismo que había en Europa, de cromos... Teníamos que ir mucho a Francia porque hace 30 años era el eje principal del ciclismo, sobre todo de historia. Íbamos a Burdeos o a París a librerías y a bolsas de cambio a buscar libros».

Antes de publicar la historia de la Itzulia ya comenzaron con el anuario Urtekaria, que se ha convertido «en mi seña de identidad. Pensaban que era el nombre del anuario». Después de publicar otro tipo de cuadernillos históricos, desde hace diez años ese nombre lo lleva la revista Urtekaria Revue, cuyos números se pueden adquirir desde la web que tiene el mismo nombre y en la que quieren recuperar el palmarés de todos los corredores vascos de toda la historia y los españoles desde el año 1939 que estaban en la anterior web: «Los meteremos de aquí a dos años».

«Es un hobby y lo gozamos»

Bodegas explica que esta labor histórica «es un hobby, es lo que más nos gusta y con esto lo gozamos. El rendimiento económico es el que es, pero disfrutas hablando con exciclistas, escuchando sus historias y buscando datos fiables. Hemos recogido en las hemerotecas en Bilbao y Donostia dato a dato cuando los periódicos no estaban en internet como ahora y solo los podías consultar a papel y coger apuntes. Hemos llegado a ir a Sevilla a por un dato de un campeonato de España que nos faltaba de un corredor. O a Madrid...».

Destaca que «al principio todo es más nuevo, te hace más ilusión. Cuando hicimos la historia de la Vuelta al País Vasco, las fotos de la carrera las encontramos en Francia. Aquí no ha habido afición a guardar fotos. La gente las tiraba. Hemos tenido que buscar fotos en Burdeos desde el año 1935, algo que llama la atención ahora. Entonces había alguno aquí que guardaba fotos de ciclismo, pero de carreras encontrabas muy pocas».

Las entrevistas realizadas para la revista le han dado material para escribir un libro sobre la Vuelta para cubrir un hueco porque la ronda española no tiene mucha bibliografía: «El Tour tiene mucha infrahistoria publicada ya, pero la Vuelta muy poca. Solo hay un par de libros, uno de Chico Pérez y otro de un mallorquín, que están bien, pero son más informativos, de quién ganó la carrera, con las estadísticas. He querido centrarme en la infrahistoria de la carrera, en todo lo que la rodea», explica Javi Bodegas.

Una prueba relacionada con Euskal Herria

La Vuelta es una carrera que tiene mucha relación con Euskal Herria, sobre todo entre 1955 y 1978 al organizarla El Correo. «Al principio la organizaban los diarios Informaciones y Ya hasta que dejó de celebrarse en 1950. Empezaba y acababa en Madrid, aunque aprovechaban las últimas etapas para venir aquí y se subían en Bizkaia Urkiola y Sollube y en la etapa de Donostia Jaizkibel. Hasta entonces los corredores vascos estaban muy metidos, pero la mayor relación es cuando la coge El Correo hasta que en 1978, que la ganó Bernard Hinault, no pudo acabar en el velódromo de Anoeta al anularse la contrarreloj porque la gente salió a protestar».

Recuerda que «ya la de 1977, la de las trece victorias de Freddy Maertens, el final se tuvo que trasladar a Miranda de Ebro en lugar de acabar en Anoeta porque el día anterior en el final en Urkiola la guardia civil disparó tiros al aire. Dos días antes también hubo un cristo con la Guardia Civil en la sede de Super Ser, cerca de Iruñea. Fue el año de la final de la Copa de la UEFA del Athletic contra la Juventus, que en principio no se iba a jugar. Eran años en los que todo estaba muy revuelto y ese 1978 se montó un gran follón. La etapa se anuló y El Correo dijo que hasta aquí hemos llegado y decidió dejar de encargarse de la carrera y empezó a organizarla Unipublic».

El Correo recuperó en 1955 una prueba que había dejado de disputarse en 1951 y que en sus primeros años no tenía nada que ver con la actual y estuvo marcada por las guerras que le impedían tener continuidad: «Clemente López Doriga, alma mater de la Vuelta, convenció al diario Informaciones, que era filonazi, para que organizara las dos primeras ediciones en 1935 y 1936, en la que ya se notaba el crecimiento de la República. La Vuelta acabó en mayo y en julio, en una carrera posterior en Navacerrada, ya se veía a los milicianos. En 1941 se quiso intentar volver a la normalidad, pero era imposible porque las carreteras estaban destrozadas por la Guerra».

Recuerda que «eran años en los que el pelotón tuvo que ir en una etapa en Andalucía al ritmo de la procesión a tres por hora hasta que los santos llegaron a la iglesia. A un mallorquín, Miguel Gual, en una crono en 1945 le salió un perro que le pegó unos tariscos y el hombre se montó en la bicicleta e hizo octavo en la etapa. Eran épocas de hambre en las que la alimentación era mala y hubo una edición en la que a un suizo le obligaron a acabar la carrera porque era el único que quedaba de fuera y le daba carácter internacional. El chaval se quería marchar, a veces no podía seguir, y casi le pegaban para que no abandonara. Hasta que después del parón se retoma la Vuelta en 1955 con la rivalidad Loroño-Bahamontes».

La rivalidad Loroño-Bahamontes

Bodegas recuerda que en pleno franquismo «en los años 50 el presidente de la Federación era un militar y al director del equipo de España, Luis Puig, otro alto cargo militar le echó una bronca porque había ganado un belga y no un español en la etapa de Madrid. En las dos primeras ediciones Cañardo, Ezquerra o Trueba eran unos artistas que tenían el nivel de popularidad de un actor. Cañardo iba a cualquier lugar y le tenían que escoltar porque era la leche. Pero con Loroño y Bahamontes la Vuelta coge otra dimensión porque había muchos intereses y los periodistas que apoyaban a cada uno tenían más poder que el mismo director. Tenían prohibida la entrada y entraban a la noche a sus habitaciones para hablar con su corredor».

El objetivo del libro es «contar la Vuelta de una manera diferente, con historias paralelas. Se habla de Merckx, Ocaña, Fuente o de Txomin Perurena, pero de otra forma. Tenemos la suerte de que hay años con los corredores vivos en los que tenemos la opinión de los dos por haber hablado con ellos, por ejemplo la Vuelta de 1983 de Julián Gorospe y de Hinault, mientras que en la primera parte recogemos lo publicado en libros y periódicos».

El libro le quedado corto: «Hemos tenido que recortarlo y queda mucho fuera porque ahora ves todas las etapas en la televisión, pero antes era muy diferente. En 1960 en una etapa los corredores llegaron a Zaragoza a las nueve de la noche, la meta estaba en el campo de La Romareda y había que pagar, y los recibieron a pedradas y almohadillas. La gente salía a la carretera a tirarles cosas por llegar con retraso. Ha habido agresiones a corredores...».

Recuerda que «entonces el ciclismo estaba ligado a la épica. Los tiempos cambian y ahora los ciclistas son más atletas. No se les mira con los ojos con los que los veíamos cuando éramos niños. Hablas con ciclistas de otras épocas y te cuentan cosas que son hasta irreproducibles. El ciclismo ha estado muy ligado al pueblo. Los ha habido de Bilbao o de Donostia, pero la mayoría de los ciclistas eran de pueblos pequeños y cada uno tenía su peña en su localidad e iba a cenar con su corredor».

Han sido tantas las anécdotas recogidas que recién publicado el libro de la Vuelta, ya piensa en la segunda parte. En la charla con la enciclopedia viva del ciclismo vasco alcanza su máxima expresión la frase de que cualquier tiempo pasado fue mejor y por eso el buceo en la historia del ciclismo en la que lleva años inmerso no tiene fin con la pasión con la que se vivía el ciclismo antes.