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¿Es posible pasar de la retórica a un embargo comercial contra Israel?

Punto muerto en las relaciones diplomáticas entre los Estados español e israelí. La orden de Tel Aviv de retirar a su embajadora evidencia la magnitud de la brecha abierta, pero también la frialdad de los pesos pesados occidentales a respaldar cualquier iniciativa que sobrepase la pura retórica.

Soldados israelíes, en un tanque en Gaza. (Jack GUEZ)

Por mucho que los analistas se devanen los sesos por las críticas de un líder europeo a Israel, sus efectos prácticos chocan frontalmente con la ‘realpolitik’ de uno de los conflictos más enconados del planeta.

El mercado de seguridad es un factor decisivo que Occidente utiliza para dominar el mundo y liberar su fuerza bruta. En ese sentido, Israel es una mina de oro para la industria militar estadounidense y europea.

Solo el pasado año, Washington comprometió más de 3.300 millones de dólares en asistencia armamentística al Ejército israelí como parte del ‘Memorando de Entendimiento’ firmado por Barack Obama en 2016 por una cuantía total de 38.000 millones de dólares hasta 2028.

Y lo es también para la UE, aunque lo haga de una manera menos descarada que EEUU. Con Europa, los israelíes funcionan en base al Acuerdo de Asociación de 1995 mediante el cual se permite a empresas israelíes acceder a programas de investigación y desarrollo tecnológico en las mismas condiciones que puede hacerlo cualquier industria europea. A cambio, los israelíes se comprometen a comercializar sus productos en el mercado continental a través de firmas europeas.

Un fructífero ejercicio de cooperación empresarial, la mayoría con compañías alemanas, que le ha reportado a Israel beneficios muy superiores a los obtenidos por países como Italia o Hungría.

Pese a que ese acuerdo establece una cláusula de rescisión en cumplimiento del Código de Conducta de la ‘Ley europea sobre material de defensa y de doble uso’ que prohíbe la exportación de tecnología a aquellos países que no respetan los derechos humanos, algo que Israel incumple sistemáticamente en Gaza, fabricantes de explosivos como Tamar y constructoras de sistemas de defensa antiaérea y drones como Israel Aerospace Industries siguen participando activamente en proyectos europeos de I+D como el FP7 Security y Horizon Europe.

La doble moral es una mercancía que nunca ha dejado de cotizar al alza para Israel. Para un Estado como el español nunca ha sido foco de controversia. Es cierto. En los últimos 20 años solo ha vendido material por valor de 103,8 millones de euros, una cifra modesta que camufla otro negocio, mucho más importante para los israelíes que para los españoles, en ese mundo de las transacciones de armas siempre plagadas de sombras.


El método que utilizan las empresas israelíes para acceder a los lucrativos contratos de Defensa es asociarse con una firma española

En la espinosa cuestión de si ha llegado el momento para que el Estado español rompa toda relación comercial con Israel mientras continúe masacrando a los palestinos, surge una pregunta crucial. «¿Se puede condenar la destrucción de Gaza, como ha hecho Pedro Sánchez, y al mismo tiempo aprobar la compra de misiles anticarro Spike, fabricados por una empresa israelí, y adquirir lanzacohetes de alta movilidad SILAM desarrollado conjuntamente por las firmas españolas Expal, GMV y Escribano y la israelí Elbit Systems, tal y como decidió el Consejo de ministros el 12 de septiembre?», cuestiona el investigador de desarme y acción humanitaria del Centre Delàs, Alejandro Pozo.

Y en su respuesta está la madre de este cordero nada espiritual. «No. Pero es una oportunidad que habría que aprovechar», sentencia. En todo hay trampa. El Ejército israelí no necesita abastecerse del rico bazar armamentístico español. En realidad, Israel arma al Ejército español.

Y la manera de hacerlo es de lo más confusa e indetectable. El método que utilizan las empresas israelíes para acceder a los lucrativos contratos del Ministerio de Defensa es asociarse con una firma española. O creando una filial.

De esta forma, esquivan todos los intentos del Estado de favorecer a la industria autóctona. En las adjudicaciones siempre figura el nombre de una empresa española, con sus trabajadores españoles que cotizan en el Estado español, aunque la producción proporcione al Estado israelí cuantiosos beneficios por lo que se conoce como «transferencia tecnológica». Israel se forra con esta treta.

Un ejemplo reciente. El fabricante de misiles anticarro Spike adquiridos por el Ministerio de Defensa no es ‘Rafael Advanced Defense Systems Ltd.’ como debería ser sino ‘PAP Tecnos’, una filial completamente española que es utilizada como puerta de entrada de Israel a terceros mercados.

El más destacado, el latinoamericano. Todo un engranaje de negocio global que resulta vital para la inmensa maquinaria de armamento israelí. Y he ahí el principal argumento del Estado español para superar los temores que acucian a muchos países que desean pararle los pies a un aliado tan intocable.

Desde luego, que el Estado español decretara un embargo comercial sería un directo al mentón de Israel porque le haría perder una parte sustancial de su capacidad engrasadora de dinero. Para Tel Aviv exportar armas es una razón de Estado.

Es una sospechosa pescadilla que se muerde la cola de la financiación de su costoso Ejército mientras abre el campo de las relaciones comerciales con otros países. Y gana su industria porque el volumen de negocio siempre estará creciendo.