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Grecia reconoce el matrimonio entre las parejas del mismo sexo

Con el apoyo de los principales partidos de la izquierda griega, la gobernante Nueva Democracia (ND) sacó adelante una ley que cumple con una demanda histórica de los colectivos LGBTQI+. En contra votaron los partidos de ultraderecha, el Partido Comunista y decenas de diputados de la propia ND.

Una personas iza una bandera LGBTQI+ ante el Parlamento griego. (Aris MESSINIS | AFP)

El Parlamento griego aprobó ayer una ley que reconoce el matrimonio entre las parejas del mismo sexo. 176 de los 300 diputados respaldaron la reforma impulsada por la derechista Nueva Democracia (ND), que, dividida en esta causa, contó con el apoyo de las principales formaciones de izquierda. De esta forma, Grecia se convierte en el primer país de mayoría religiosa cristiana ortodoxa que reconoce este tipo de unión y da un paso más para convertirse en la sociedad igualitaria que reclaman los colectivos LGBTQI+.

El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, insistió ayer en que esta ley entrega derechos a una parte de la sociedad sin dañar a la mayoría y permite formalizar las relaciones de parentesco y adopción de los matrimonios. Las formaciones opositoras que apoyaron el texto consideraron insuficiente la reforma, ya que sigue sin dar solución a las demandas de las identidades no normativas y mantiene la discriminación con respecto a la posibilidad de acogerse al proceso de gestación subrogada: en Grecia está permitida cumpliendo ciertos requisitos, entre ellos ser una familia heterosexual.

El líder Syriza, Stefanos Kasselakis, el primer político abiertamente homosexual que lidera un partido en Grecia y que contrajo matrimonio en 2023 en Nueva York, se ha mostrado crítico con esta discriminación, y en diferentes ocasiones ha defendido la gestación subrogada como solución para parejas homosexuales e incluso ha reconocido que planea tener dos hijos valiéndose de esta práctica.

Además, el Partido Comunista de Grecia ha utilizado esta cuestión para argumentar su «no» a la ley, al considerar que el objetivo final es facilitar la mercantilización de las mujeres. Reflejo de su rigidez ideológica, fue la única formación izquierdista que rechazó la reforma: en Syriza se abstuvo el díscolo Pavlos Polakis y votaron «sí» en bloque Rumbo a la Libertad y la Nueva Izquierda, escisión reciente de Syriza.

La derecha, dividida

En 2015, Syriza impulsó un ley ratificada por el Parlamento que reconoció derechos en los acuerdos de convivencia entre parejas del mismo sexo. Entonces ND era oposición y la mayoría de sus diputados se opusieron a la reforma, aunque un emergente Mitsotakis se atrevió a contradecir a su bloque y votó «sí». Casi una década después, los conservadores han cambiado de liderazgo y también han cambiado de ideas, o al menos su preponderancia pública, y por eso, pese a las divisiones, han impulsado el reconocimiento del matrimonio igualitario.

Como se esperaba, los tres partidos a la derecha de ND –el neonazi Espartanos, el ultrarreligioso Victoria y el populista Solución Helena– votaron en contra de esta reforma, aferrándose a los valores tradicionales, criticando los dogmas blasfemos de Bruselas y apoyándose en la influyente Iglesia ortodoxa.

El domingo pasado sus seguidores mostraron su descontento en una manifestación en Atenas, mientras la Iglesia hizo campaña por el «no» desde los púlpitos. Esta situación llevó a Mitsotakis a subrayar ayer, ante el Parlamento, que cada institución tiene sus competencias. «Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios», dijo.

 

Las formaciones opositoras que apoyaron el texto consideraron insuficiente la reforma, ya que sigue sin dar solución a las demandas de las identidades no normativas y por la cuestión de la gestación subrogada

 

En ND, varios diputados se abstuvieron, entre ellos el ministro de Estado, Makis Voridis, y decenas votaron en contra, incluido el ex primer ministro Antonis Samaras.

De esta forma, las corrientes ideológicas de la derecha helena mostraron sus posiciones: Kyriakos Mitsotakis la del ala liberal; Antonis Samaras, conocido por su oposición a los acuerdos con Macedonia del Norte, la del ala panhelena y conservadora; y Makis Voridis, exdiputado de la extinta y lepenista Laos, la ultraderechista.

Sabedor de que es una cuestión espinosa para ND, Mitsotakis pidió abstenerse a los diputados contrarios a la reforma y permitió la libertad de voto. De esta forma, determinados líderes regionales podrán escudarse ante su electorado conservador alegando que votaron «no». Porque al igual que ocurre en muchos otros lugares del mundo, en las regiones aisladas siguen desconfiando de los avances de los colectivos LGBTQI+.

Ocurre entre quienes votan a la derecha y también entre quienes apoyan a la izquierda: el diputado cretense de Syriza Pavlos Polakis, para defender que su grupo no impusiera la disciplina de partido en la votación, reconoció que las personas que viven en regiones remotas no entienden ni aprueban esta ley. Más allá de las grandes ciudades y de las islas turísticas, en la misma Creta o en las regiones fronterizas, la identidades no normativas siguen estando cuestionadas.

Las organizaciones civiles, conscientes de ello, aplauden el reconocimiento del matrimonio, pero reclaman más, que los medios de comunicación dejen de discriminar y que las autoridades inviertan recursos económicos para sensibilizar a la población reacia a entender a los colectivos LGBTQI+.