Fede de los Ríos
JO PUNTUA

En nombre de Dios vale todo

Estremecedora la imagen del llamado Sumo Pontífice de la Iglesia católica atravesando de manera solitaria, y en un silencio escenificado, la conocida puerta del campo de concentración en Auschwitz, en cuyo frontispicio reza el famoso «Arbeit Macht Frei» (El trabajo os hace libres). Allí fueron liberados, con precisión germana, cerca de 1,2 millones entre judíos, comunistas, homosexuales, gitanos, socialdemócratas, anarquistas y demás desafectos del régimen del III Reich. Todo iba de perlas hasta que Francisco firmó en el Libro de Honor. Argentino como es, viose en la obligación de regalar a la humanidad un pensamiento profundo referido al horror de Auschwitz. El mosén la cagó: «¡Señor, ten piedad de tu pueblo! ¡Señor, perdón por tanta crueldad!» quedó escrito. La solicitud de piedad llega tarde; no hubo ni un ápice de ella del Todopoderoso para con los millones de explotados hasta la muerte. ¿Y el perdón por tanta crueldad? En el colmo del despropósito, el perdón demandado a un Dios omnipotente y omnisciente y no en memoria de los millones de víctimas por la colaboración del Vaticano con el III Reich en aras de frenar el bolchevismo ateo. La crueldad del nazismo, según parece indicar Bergoglio, no fue principalmente para con los no comulgantes del paso de la oca sino para con Dios misericordioso. ¿Y qué hizo Dios mientras el gas «Zyklon B» inundaba las duchas del bloque 11? Contar los cadáveres. Ahora todos, víctimas y verdugos, son responsables de la crueldad para con el Dios voyeur.

Con relación al asesinato del párroco francés, tras afirmar que el mundo está en guerra, puntualizó: «Alguno puede pensar que estoy hablando de guerra de religiones. No. Todas las religiones queremos la paz. La guerra la quieren los otros. ¿Entendido?»

Pues no del todo… ¿Acaso la religión, de un tiempo a esta parte, ha dejado de legitimar el uso de la fuerza y de bendecir cañones en la defensa de intereses económicos concretos? ¿O somos los ateos, por nuestra condición de infieles, los únicos en desear la guerra?