Solo Groenlandia debe decidir su futuro político

Una de las bazas de Donald Trump para hacer bailar el mundo al son que se le antoja es la inabarcable cantidad y la consiguiente volatilidad de sus promesas y anuncios. En esa verborrea incesante, a menudo es difícil desgranar el grano de la paja. Cuando dio a conocer su interés sobre Groenlandia, muchos incluyeron la amenaza en el saco de las ocurrencias. Una boutade más. Pero la lógica geoestratégica de la ambición y la insistencia que muestran –incluida ahora la visita del vicepresidente, JD Vance– indican que el interés es real. Y por tanto, la amenaza también. Si alguien cree que la isla es intocable por pertenecer a Dinamarca, no tiene más que leer la conversación de altos cargos de la Administración Trump sobre Yemen filtrada recientemente para constatar el profundo y casi patológico desprecio que tienen hacia Europa.

Pero en medio de este gran juego geopolítico, a menudo se niega agencia y carácter de sujeto al principal afectado, en este caso Groenlandia y sus 57.000 habitantes, que son, evidentemente, quienes deben decidir el futuro de su isla. Porque conviene recordar que, según una encuesta de este mismo enero, el 85% rechaza una anexión a EEUU, pero el 84% desea también independizarse de Dinamarca. El reciente resultado electoral subraya esta idea, aunque hay divergencias sobre el ritmo y el apoyo al Estado independiente varía en función de si se mantiene o no el nivel de vida. Son cuestiones que corresponde dirimir a la propia sociedad groenlandesa. De la amenaza autoritaria se sale con más y mejor democracia, aplicada también a procesos de autodeterminación. Esto sirve para Nuuk, pero también para Euskal Herria.

El mundo está cambiando también para los movimientos de emancipación nacional. Es evidente en aquellos lugares –de Groenlandia a Nueva Caledonia– a los que la emergencia climática otorga un renovado carácter estratégico, pero también aquí. Son cambios que van a traer oportunidades y amenazas. Es importante movilizar todo el talento para leer el momento, anticipar los cambios que vienen y situar los respectivos proyectos nacionales en la mejor posición posible.

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