XOLE ARAMENDI
DONOSTIA

Darío Urzay plasma sus últimos 25 años de creación en la sala Kubo Kutxa

No es tarea fácil plasmar cuatro décadas de trayectoria en una muestra. Darío Urzay presenta en la exposición “En una fracción [Reversible]” más de 50 obras realizadas entre 1997 y 2023. Pinturas, fotografías, dibujos, impresiones y vídeos entablan diálogo en Kubo Kutxa. Muchas de las obras expuestas hasta marzo de 2024 son inéditas.

Darío Urzay posa junto a su obra en Kubo Kutxa.
Darío Urzay posa junto a su obra en Kubo Kutxa. (Gorka RUBIO | FOKU)

«Soy un artista desconocido». Estas fueron las primeras palabras de Darío Urzay (Bilbo, 1958) al presentar su exposición ante los medios de comunicación, al tiempo que recordaba que lleva 22 años sin exponer a nivel individual en una sala de exposiciones dependiente de una institución. «No sé a qué se debe la espera. Es como si las obras estuviesen congeladas durante años. Ahora la mirada del público tiene que descongelarlas», afirmó.

Considera de sí mismo que es «mal pintor, pero buen artista». Definió la exposición como «variopinta» y remarcó que lo que el público verá en Donostia es solo «la punta del iceberg». «Es una parte, otras 10-12 partes están por ahí», dijo el artista.

Relaciona los objetos en tiempo continuo. «No me interesa lo cronológico. En la sala de arriba se puede ver el principio y el final, el resto es un paréntesis», indicó.

EJES DE LA CREACIÓN

Cuatro son los ejes de la producción de Urzay: la creación de una imagen, los vínculos entre pintura y fotografía, el negativo -lo reversible- de la representación, sin olvidar el interés por la cartografía del territorio y el derretimiento de la geología.

«Es una obra sofisticada, con variedad de registros, y caracterizada por la búsqueda de lo desconocido», en opinión de Mikel Onandia, comisario de la muestra. También destacó la reflexión en torno al tiempo, tanto en su realización como en su observación.

«La práctica artística de Urzay, fruto de una reflexión en torno a la condición del arte -y, por extensión, a la condición humana-, posibilita sugerentes universos desconocidos que implican el cuestionamiento de la naturaleza del medio pictórico. Su obra se caracteriza por la sofisticación técnica y una variedad de registros que trascienden los límites de los procedimientos tradicionales. Esa búsqueda de lo desconocido le ha llevado a situarse en la problemática entre pintura y fotografía, procedimiento e imagen, hasta hibridarlos sin ningún tipo de complejo», remarcan responsables de la sala.

Desde sus primeros trabajos fotorrealistas de la década de 1980 hasta una producción abstracta que sugiere mundos imposibles, su obra es fruto de una constante especulación en torno a la mirada y a la percepción.

SEIS APARTADOS

El discurso expositivo se articula en seis secciones: Desde lo fotográfico, Camerastrokes, Sedimentos derretidos, Imágenes aéreas, Topografías retinianas y Un tiempo expandido.

Urzay ha encontrado en lo analógico, en el negativo fotográfico -el registro de luz captado por la cámara que, no positivado, custodia una realidad latente- un modo de posicionarse en la pintura, una forma de desdoblamiento que le permite reflexionar sobre la duplicidad, la fragmentación del yo y el sentido del arte, por extensión, sobre el sentido de la existencia humana.

En 1991 el artista bilbaino realizó una serie de fotografías en el interior de la catedral de Burgos. En un acto performativo, cámara en mano, llevaba a cabo movimientos aleatorios y expresivos en el aire, a modo de pinceladas virtuales que captaban una luz cargada de espiritualidad.

Bautizadas como Camerastrokes, resultaron ser el embrión de trabajos importantes en los años siguientes. El interés de Urzay por lo sedimentario y su derretimiento se concreta en los procesos de solidificación y licuación de la materia.

Cuerpos de barro congelado obtenidos mediante moldes de piedra son dejados sobre un soporte a temperatura ambiente hasta llegar a su estado líquido (descongelamiento que el artista registra mediante cientos de fotografías) y resultan la base de obras como “Memorizando estratos” (2009), donde rocas recogidas en distintos lugares se diluyen en una mancha pictórica.

En 2005 llevó a cabo los primeros vuelos en avioneta con objeto de obtener fotografías aéreas. Constituyeron la base de su pintura en los años siguientes.

Mediante la visión cenital, que le interesa en tanto punto de vista inaccesible a los pintores anteriores al siglo XVIII, cuando tuvieron lugar los primeros vuelos en globo, incorpora la perspectiva arriba-abajo a la tradicional visión abajo-arriba de las Ascensiones que proliferaron desde la Edad Media, con especial profusión en el Barroco.