Dos pájaros pero quizás también un tiro en el pie
Disparar a las personas entra dentro del procedimiento. Así, a pelo, lo dijo el viceconsejero de Seguridad para exculpar al mando que ordenó –con una tranquilidad pasmosa, dicho sea de paso– «tirar a dar» en la parte vieja donostiarra el pasado miércoles. Teniendo en cuenta que para defender dicho procedimiento se alega la precisión de los proyectiles de foam, a ver cómo explican las mandíbulas rotas. O no son tan precisas, o el «tirar a dar» incluye las cabezas de los manifestantes. No hay opción buena.
Pero entran más cosas en el procedimiento, no policial, sino político, en este caso. Es de manual que uno intente alimentar marcos discursivos que favorecen la posición propia. Por ejemplo, si los datos de una pandemia van a peor y las autoridades quieren exculparse responsabilizando del desastre a la actitud de la ciudadanía, tres días de cargas policiales en Donostia van a ayudar a establecer este marco que sugiere que la gente no sigue las normas establecidas contra la pandemia, lo cual obliga a la policía a actuar.
Establecido ese marco, el Gobierno respira tranquilo. Porque aunque sea para criticar la actuación policial y exculpar a la ciudadanía, ese debate está centrado ya en la actitud de la gente y los antidisturbios, y no en las medidas que podía haber tomado y no ha querido tomar el Gobierno de turno. Y mira que tenían opciones a mano: desde cerrar los interiores de la hostelería y limitar los encuentros privados –algo que ya ha hecho Nafarroa– a reforzar los recursos sanitarios y favorecer el teletrabajo. Evidentemente, la gente que se salta las normas contra la pandemia existe, pero ni son mayoría ni centrar el debate en ellos ayuda en nada a reforzar el necesario esfuerzo comunitario que exige hacer frente al coronavirus. Simplemente, permite al Gobierno esquivar sus responsabilidades.
Del mismo modo, es de manual también que, cuando el marco discursivo que se impone no te favorece, intentes cambiar el terreno de juego. Por ejemplo, el día que Eduardo Maiz y José Luis Sabas, dos altos cargos del PNV, se ven obligados a dimitir por abusar de su poder y recibir una vacuna que no les correspondía, al Gobierno le va a venir estupendamente bien que se lie petarda en Donostia. Y para ello, qué más fácil que dejar a una policía sectaria «tirar a dar» dónde y en lugares como la Trini o Ikatz. Vaya.
Seguro que hay más motivos y otras explicaciones detrás de las cargas de los últimos días en Donostia, pero resulta difícil no ver un intento de matar dos pájaros de un tiro: situar el debate sobre la evolución de la pandemia en el comportamiento particular de la ciudadanía y retirar del debate público algo tan incómodo –sobre todo para la propia base del PNV– como la escandalosa actuación de Maiz y Sabas.

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