Koldo Sáenz y Zorion Ortigosa
Secretario de Relaciones Internacionales y miembro de la Federación de Industria del sindicato LAB

Imaginando el futuro, repensando el modelo industrial

No queremos que se construya un tranvía que unirá colonias en tierras ilegalmente ocupadas a Palestina, pero tampoco que se produzcan explosivos que se distribuyen por todo el mundo, tanques para el Ejército israelí o helicópteros para el Ejército de Estados Unidos.

Palestina está ocupada y colonizada por Israel desde 1948. En 1947, la Asamblea General de la ONU decidió dividir el territorio palestino en dos estados y en 1948 se creó el Estado de Israel. El balance de todos estos años no puede ser más dramático: 750.000 personas desplazadas y refugiadas entre 1948 y 1950, constante expropiación de tierras palestinas, racismo y apartheid contra la población palestina, condiciones laborales que se asemejan a la esclavitud, robo de recursos naturales, asedios y bombardeos contra Gaza convirtiéndola en el mayor campo de concentración mundial.

Últimamente, hemos venido denunciando el papel internacional que juegan las empresas de Euskal Herria, habiendo adquirido centralidad en este debate las obras de construcción del tranvía que está llevando a cabo CAF en tierras palestinas ocupadas ilegalmente. Es de destacar la dignidad mostrada por las y los trabajadores de CAF en sus reiteradas demandas a la dirección para que respeta la legislación internacional, los derechos humanos y los derechos del pueblo palestino. No queremos que el tranvía de carácter colonizador en tierras palestinas se construya en el Euskal Herria. Pero desgraciadamente, CAF no es la única empresa que hace negocios en países donde se vulneran los derechos humanos, y creemos que el ejemplo de CAF debe servir para abrir el debate de lo que tenemos que producir en Euskal Herria.

La dura situación de sindemia que aún padecemos nos ha dejado algunas enseñanzas: la importancia de la libertad, la solidaridad y la salud, así como la necesidad y la importancia de las tareas de cuidado de la vida. Al principio de la pandemia nos dimos cuenta de que, por ejemplo, algunos bienes imprescindibles, como las mascarillas, no las fabricábamos en Euskal Herria, o que en el sector de la automoción los componentes recorren todo el mundo, y que basta con que un proveedor italiano no cumpla los pedidos para dejar sin trabajo a miles de trabajadores y trabajadoras en Nafarroa.

Otro ejemplo es el tema de los microchips. Como consecuencia de decisiones geopolíticas, se ha decidido no destinar los chips producidos a la automoción. ¿Conclusión? Miles de trabajadores y trabajadoras de Euskal Herria sin trabajo; muchas y muchos con expedientes de regulación de empleo, y muchos y muchas trabajadoras subcontratadas en peor situación a riesgo de perder el empleo.

¿Tiene sentido que los componentes circulen por todo el mundo teniendo en cuenta el daño al medio ambiente que genera? Hay que debatir la reubicación de la producción y que la administración garantice el interés público. Hay que definir aquello que va a ser estratégico como país y garantizar que va a estar en nuestras manos.

En esa dirección situamos qué tipo de modelo productivo queremos en la Euskal Herria que queremos construir, y ahí situamos a empresas que están enraizadas en el territorio, que garantizan unas condiciones de trabajo y de vida dignas, que respetan los derechos humanos en Euskal Herria y fuera de Euskal Herria y que garantizan la sostenibilidad del planeta.

Aunque la transición industrial se está convirtiendo en un eslogan y una marca de propaganda, sabemos que la industria está a las puertas de una transición, acelerada por el proceso de digitalización y la expansión de la inteligencia artificial. Y la realidad nos está poniendo de relieve la necesidad de diseñar está transición en Euskal Herria: también hay que decidir qué producimos y qué no vamos a producir, por supuesto. En esta transición, por ejemplo, situamos el debate sobre la producción de armas, la industria contaminante y las obras que atentan contra los derechos humanos y dañan gravemente el medio ambiente.

No podemos menospreciar la importancia económica de estos sectores y no podemos responsabilizar a las y los trabajadores de esta transición. En Euskal Herria se producen armas y/o productos contaminantes, y son miles los trabajadores y trabajadoras que trabajan en estos sectores. Es un tema tabú, sobre todo porque el debate se hace poniendo a espaldas de las y los trabajadores y no en su conjunto. No queremos que se construya un tranvía que unirá colonias en tierras ilegalmente ocupadas a Palestina, pero tampoco que se produzcan explosivos que se distribuyen por todo el mundo, tanques para el Ejército israelí o helicópteros para el Ejército de Estados Unidos. La transición industrial (ética en este caso) debe ser un proceso general de impulso público, con garantía de los derechos de los trabajadores y trabajadoras, consensuado y gradual.

Cuando hay problemas en las empresas a menudo escuchamos que la empresa la formamos todos y todas. Pero cuando las cosas van bien, dicen que somos los y las que vendemos mano de obra a cambio de un sueldo. Maravillas de la participación. En las decisiones de producción no dejan tomar decisiones a los trabajadores y entendemos que en la transición de la industria los derechos de los trabajadores y trabajadoras deben estar presentes y tener voz.

En el capitalismo, las empresas que forman parte de este modelo neoliberal cuyo único objetivo es el negocio, ponen sus beneficios económicos por encima de los derechos humanos y de las condiciones de trabajo y de vida, sin tener en cuenta los perjuicios que lo que se produce y la forma en que se produce provoca en las personas y en el medio ambiente de esos países. La doctrina de la propiedad no puede ponerse en cuestión. El dinero público siempre es bienvenido, eso sí. También lo que puede venir de los fondos europeos.

En el Programa Socioeconómico que hemos elaborado desde LAB hemos puesto sobre la mesa una propuesta para un nuevo modelo y una reflexión para hacer la transición hacia ese nuevo modelo. El Programa Socioeconómico es un ejercicio colectivo para abordar los principales retos de país, un ejercicio para trazar el rumbo del modelo que queremos y necesitamos en Euskal Herria. Porque el primer paso para llevarlo a cabo es soñar con la Euskal Herria que queremos y necesitamos. El reto que tenemos por delante no es baladí; construir entre todos y todas un modelo para Euskal Herria que ponga en el centro a las personas, al territorio y al planeta.

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