Iñaki IRIONDO
MOVIMIENTOS DE PRECAMPAÑA EN LA CAV

Los sondeos dibujan un nuevo escenario más allá de la formación de gobierno

Lo que era una tendencia marcada por las tres últimas elecciones está tomando cuerpo a partir de las encuestas que ya empiezan a dibujar un escenario de empate entre el PNV y EH Bildu, en el que la izquierda independista podría ganar unas elecciones autonómicas por primera vez. Y aunque Imanol Pradales llegue a Ajuria Enea con el apoyo del PSE, la legislatura se puede poner interesante.

(Jon URBE | FOKU)

El ciclo electoral que marcan las municipales, forales y generales -que algunos sociólogos extienden hasta las autonómicas de 2020- reflejaba una tendencia descendente del PNV y ascendente de EH Bildu. Y los últimos sondeos han venido a darle soporte demoscópico.

En este entretiempo extraño y caprichoso, en el que damos por hecha una próxima cita con las urnas, como hacen ya todos los partidos, pero el lehendakari juega a ocultar la fecha, hasta el punto de que el candidato del PNV asegura que habla mucho con Iñigo Urkullu pero dice no saber todavía cómo podrá celebrar su cumpleaños el 21 de abril, también la maquinaria de las encuestas se ha puesto en macha. En poco más de una semana hemos tenido varias.

El sábado de la semana pasada se conocía la de EITB, que concedía 28 escaños al PNV y 26 a EH Bildu. El domingo, las cabeceras del Grupo Vocento daban la victoria a Pello Otxandiano, con 27 parlamentarios, por encima de los 26-25 que le concedía a los de Imanol Pradales, aunque los jeltzales ganarían en votos. Al día siguiente, GARA ofrecía su propia encuesta, que volvía a dar la victoria a EH Bildu aunque en una pugna reñida a varias bandas. Y, por último, el viernes se hizo público el trabajo de Lehendakaritza, que daba como resultado un empate a 27 escaños entre PNV y EH Bildu.

EL ANUNCIO DE UNA BIPOLARIZACIÓN DE LA CAMPAÑA QUE RESULTARÍA INEVITABLE

Así que es prácticamente inevitable la bipolarización de la campaña entre la marca jeltzale y la de la izquierda independentista, porque a estas alturas, además, todavía se da por hecho que la sigla tiene más tirón que unos candidatos poco conocidos, a la espera de que alguno de ellos o los dos adquieran mayor protagonismo.

Y ahí cabe que esa pugna se presente en terminos excluyentes, pidiendo al electorado que elija exclusivamente entre PNV y EH Bildu. Antes de caer en esa tentación habría quien debiera tentarse mucho la ropa, porque ya en las pasadas elecciones municipales y forales basó una parte de su campaña en el «nosotros o el caos» y la respuesta popular fue que ganaran los que presentaban como el caos.

Este escenario electoral con dos polos de atracción muy fuerte pone en una situación complicada a otros candidatos. Históricamente, cuando el PNV planteaba la disyuntiva entre ellos o EH Bildu, parte del electorado natural del PP optaba por la papeleta jeltzale como mal menor. Pero da la impresión de que esa táctica también le ha empezado a fallar a Sabin Etxea.

Por si acaso, el candidato del PP, Javier de Andrés, ha creado una especie de Eje del Mal, en el que agrupa a PNV, PSE y EH Bildu, diciendo que son prácticamente lo mismo. Ha llegado a afirmar que el PNV es un partido de izquierdas, que aplicaba políticas como las de Unidas Podemos. No tiene mucha credibilidad, como tampoco la tenía seguir insistiendo durante años en que detrás del 11M estaban desde ETA a Rubalcaba, pero lo importante era cavar una trinchera que impidiera que el PP perdiera electorado.

HAY POCAS DUDAS DE QUE ENEKO ANDUEZA HARÁ LEHENDAKARI A IMANOL PRADALES

El otro candidato que se ve mal situado en este escenario es Eneko Andueza, del PSE, que fue el primero en saltar a la arena, pero no parece encontrar su sitio. Critica la gestión del PNV, pero todo el mundo le recuerda que gobierna con ellos en todas las instituciones. Insiste en que no hará lehendakari a un candidato de EH Bildu y, aunque seguro que es lo que piensa hacer, en ese caso le ponen el ejemplo de Iruñea. En ese sentido, tampoco le beneficia que ante encuestas como la de Lehendaritza, se diga que será el PSE quien desnivele la balanza entre Pradales y Otxandiano.

Porque es seguro que sea cual sea el resultado final, el PSE se coaligará con el PNV y Eneko Andueza hará lehendakari a Imanol Pradales, puesto que todavía, hoy por hoy, su mensaje de que los jeltzales podrían irse con los independentista, tiene difícil venta.

Conviene tener en cuenta que el sistema de elección del lehendakari no es como el de diputada general o alcaldesa, donde hace falta una mayoría absoluta y el PP pueda ser necesario para PNV o PSE como lo fue tras el 28 de mayo.

En el Parlamento de Gasteiz se pueden presentar cuantas candidaturas a lehendakari se quieran y sale elegido el que más votos logre. En este contexto, aunque Otxandiano obtenga más escaños que Pradales, como pronostican algunas de las últimas encuestas, el apoyo de Andueza sería suficiente, para llevar al jeltzale a Ajuria Enea. Otra cosa es que las circunstancias permitan al PSE sacar más o menos tajada en la negociación.

LUEGO HABRÁ QUE GOBERNAR Y, EN AÑO Y MEDIO, LLEGAR A UN ACUERDO SOBRE AUTOGOBIERNO

Para lo que no da lo mismo si PNV y PSE suman o no mayoría absoluta será para gobernar. Como el terreno partidario no parece estar todavía abonado para que fructifique la apuesta de Pello Otxandiano por las prácticas colaborativas buscando acuerdos de país, las sumas de cada escaño tendrán una importancia enorme en el día a día.

Pero para la próxima legislatura hay un elemento en el horizonte que además está escrito y sellado. Los últimos cuatro años han pasado en el Parlamento sin que nadie quisiera sacar del cajón los trabajos sobre un Nuevo Estatus que avanzaron hasta 2018. Pero la próxima Cámara debería afrontar ese reto.

El 10 de noviembre de 2023 el secretario general del PSOE y presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, y el presidente del EBB, Andoni Ortuzar Arruabarrena, firmaron que «el autogobierno vasco debe entrar con urgencia en una nueva fase de desarrollo y ampliación». Por ello, se comprometieron a «negociar de buena fe y sacar adelante» tanto en Gasteiz como en Madrid, un acuerdo cuyos «ámbitos a dialogar y negociar entre ambos partidos» serán «el reconocimiento nacional de Euskadi, la salvaguarda de las competencias vascas y un sistema de garantías basado en la bilateralidad y la foralidad».

Se añade en el documento que «el acuerdo alcanzado deberá responder a las demandas mayoritarias del Parlamento de Euskadi», y se fija que «el plazo orientativo para culminar este proceso de negociación y acuerdo no superará el año y medio desde el inicio de la nueva legislatura».

Y para responder a «las demandas mayoritarias del Parlamento» cabe suponer que habrá que tener en cuenta, por ejemplo, el peso que quienes defiendan el derecho a decidir y también cuál sea el equilibrio de fuerzas entre los más tibios y quienes quieran elevar la apuesta a tope.

En todo caso, no se puede olvidar que en 2012 Iñigo Urkullu y su partido llegaron a Ajuria Enea con el compromiso de tener un Nuevo Estatus y una consulta en 2015, aunque a la hora de la verdad acabaron concediéndole al PSE la capacidad de veto y nada de aquello pasó.

Se comenta que Imanol Pradales, es «muy abertzale», y puede que esté libre de los prejuicios de su antecesor. Habrá que verlo.

De momento ahí está lo pactado entre PSOE y PNV y, junto a ello, lo que se ha podido aprender en los últimos meses. A nadie se le oculta que es difícil imaginar que el Congreso de los Diputados acabe dando por bueno un Nuevo Estatus que de verdad responda a «las demandas mayoritarias del Parlamento» de Gasteiz. Pero también parecía impensable el indulto a los condenados por el procés de Catalunya y la disposición a la aprobación d Ley de Amnistia, que todavía habrá que ver cómo acaba. Pero lo único imposible es lo que no se intenta.

Así que más allá de la elección del lehendakari y de la composición de una futura coalición de Gobierno, el peso que cada fuerza tenga en el Parlamento será importante en la próxima legislatura, de ahí que se pueda ir a votar con más de una variable en la cabeza, aunque solo quepa optar por una papeleta.

De momento, lo que era una intuición de cambio de ciclo, empieza a tener soporte en encuestas realizadas por instituciones y medios con distintos intereses pero que ofrecen unos resultados que miran en una dirección más o menos coincidente.