EDITORIALA

La soberanía es un debate contemporáneo y la independencia la alternativa a la subordinación

Como cada año, hoy se celebra el Aberri Eguna y, además de un día de conmemoración y fiesta, la jornada empuja a la reflexión y a la introspección política. Quienes aman la patria vasca y ansían su libertad y el bienestar de sus habitantes, el desarrollo de su cultura y la vertebración de sus territorios, aprovechan este contexto para hacer balance del estado de la nación.

Los reaccionarios, los ventajistas y los cínicos suelen utilizar esta fecha para menospreciar lo que legítimamente siente y piensa una parte importante de sus vecinos y vecinas. Fardar de los privilegios concedidos a cambio de la lealtad al régimen del 78 tras la muerte de Franco no es lo que en el mundo se entiende por cosmopolita. Allá ellos.

CIUDADANÍA VIEJA Y NUEVA, SUJETO DE DERECHOS

Las naciones no pueden entenderse sin el colectivo de personas que las componen, que participan de su comunidad y su cultura, que habitan en sus territorios y, a menudo, también en el exilio o en la diáspora. Personas que piensan y sienten diferente sobre multitud de cosas de la vida cotidiana, incluso sobre la propia nación. Son los derechos, la igualdad, lo que vertebra a una nación, y es difícil mantener una mínima cohesión si las libertades y los derechos están repartidos de forma desigual entre la ciudadanía.

En Euskal Herria un proyecto, el unionismo, está constitucionalmente garantizado, mientras otro igual de legítimo, el independentismo, está proscrito. Esa desigualdad define, en gran medida, eso que se ha llamado conflicto vasco. Una realidad que solo tiene solución a través de la política y la negociación.

El paisaje demográfico, económico y cultural vasco, es decir, su realidad social, está cambiando a marchas forzadas. Ante los retos actuales, desde la migración hasta la tecnología, Euskal Herria no puede dejar de ser pequeña, pero no se puede permitir ser lenta ni rebajar su ambición comunitaria. En tiempos de guerra y éxodo, las brechas de clase, género, raza y entre generaciones no solo atentan contra derechos básicos, también debilitan las opciones de emancipación personal y colectiva de esa ciudadanía.

LENGUA, CULTURA Y ESTRATEGIAS

La responsabilidad colectiva respecto al euskara, a la supervivencia y el desarrollo de la cultura vasca, obliga a acertar en las estrategias. Aumentar el número de euskaldunes y su implantación, decantar a las mayorías sociales en favor de la lengua, implicar a quienes llegan de fuera, sortear el acoso y blindar los derechos no es tarea fácil ni tiene respuestas simples.

Cuando el sistema promueve el individualismo y la uniformización, es importante construir una fuerza comunitaria que deberá combinar firmeza y perseverancia con una empatía genuina e inteligente.

TERRITORIOS SOSTENIBLES AL SERVICIO DE LA GENTE

La partición que sufre el país tiene consecuencias negativas evidentes para su desarrollo. Vertebrar los territorios y activar sus capacidades endógenas es parte central del proyecto abertzale, pero también de todas las fuerzas que quieran dar soluciones a los retos que tiene por delante la sociedad vasca, desde la política industrial hasta la transición energética.

Queda pendiente una oferta política de país, no solo respecto a los estados, no solo a modo de diplomacia popular y posicionamiento ante el mundo, sino para sus habitantes y comunidades. Eso supone un reparto equilibrado de tareas e inversiones, de obligaciones y derechos, de negocios y de cultura.

En tiempos de emergencia climática y de amenazas autoritarias, la soberanía es un debate más contemporáneo que nunca y la independencia es un proyecto alternativo a la subordinación. Traducir esa alternativa en mayoría social es el gran reto abertzale.