Floren Aoiz
Historiador

Perder ganando, ganar perdiendo

«Si esta moción es un gran paso es, precisamente, porque supera el estrecho marco del recambio de gobierno para delinear una agenda de cambio mucho más ambiciosa. Porque no es un «quítate tú p’a ponerme yo» sino una propuesta para abrir las ventanas y posibilitar que la gente sea la dueña de su futuro».

Parece un galimatías, pero viene a ser un anticipo de la crónica del resultado de la votación de la moción de censura presentada contra el Gobierno de Yolanda Barcina. Hay quien, desde la inopia, puede pensar que Barcina saldrá reforzada ya que salvo sorpresas inesperadas logrará evitar que prospere esta moción. Una interpretación simplista de la aritmética institucional, que por cierto hay quien ha hecho para criticar la iniciativa de la moción por «inoportuna», llevaría a conclusiones surrealistas para cualquiera que olfatee el ambiente en Nafarroa.


La de Barcina y sus secuaces será una victoria pírrica, que en realidad va a poner de manifiesto el suspenso inocultable frente a una sociedad que está de ellas y ellos hasta las narices. La principal potencialidad de la moción reside en su capacidad para expresar una amplísima sensibilidad social, más allá de quién la firme o le ponga cara.


Esta censura va mucho más allá de la crítica a un gobierno concreto, para proyectar la necesidad de un cambio radical en Nafarroa. La moción apunta a un necesario compomiso constituyente, transformador, que dé a la sociedad el protagonismo, arrebatándoselo a esa casta de privilegiados y privilegiadas que lo han detentado en exclusiva y de modo arrogante y excluyente durante demasiado tiempo.


A estas alturas, todo aquel grupo que plantee un cambio social emancipador sabe que no puede actuar como si las instituciones no existieran. Quienes han analizado los mecanismos del cambio y las claves de la emancipación coinciden en que este es uno de los desafíos más complejos a los que se enfrenta un esfuerzo emancipador. Uno de ellos, Ernesto Laclau, lo dice muy clarito: «Las instituciones no son entidades metafísicas que estén ahí incólumes, las instituciones son una cristalización de la relación de fuerzas entre los grupos sociales». La conclusión es clara: «quien quiera cambiar esa relación de fuerzas tiene también que cambiar el complejo institucional». No se limita Laclau a plantear la transformación de lo existente, puesto que «cambiar el proceso institucional también significa crear nuevas instituciones», algo que interpreta difícil, pero necesario.


Las instituciones de la Navarra del Amejoramiento son la cristalización de una relación de fuerzas marcada por las imposiciones, el juego sucio y la perma- nente injerencia de la razón de estado. Navarra ha vivido y vive en un permanente estado de excepción bajo la excusa cansina del «que vienen los vascos». La posibilidad de quiebra de este modelo provoca tal inquietud que el estado ha movilizado todos los recursos a su alcance para evitar cualquier cambio. Por eso es buena noticia que las presiones para impedir que la moción cosechara apoyos como el de Geroa Bai no hayan dado fruto.


 Si esta moción es un gran paso es, precisamente, porque supera el estrecho marco del recambio de gobierno para delinear una agenda de cambio mucho más ambiciosa. Porque no es un «quítate tú p’a ponerme yo» sino una propuesta para abrir las ventanas y posibilitar que la gente sea la dueña de su futuro.

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