Javier Martínez

No conozco a mi médico

Estimados lectores. Mi nombre es Javier Martínez, y me veo en la necesidad de escribir este texto después de oír en la tele a representantes del gobierno vasco hablar de la maravillosa situación en la que se encuentra Osakidetza y lo mucho que invierten en mejorar sus servicios.

Este año 2024 cumplo 48 años y a raíz de un problema médico de mi hija de 10 años me ha dado por echar la vista atrás para valorar las mejoras en el servicio de salud vasco desde mi infancia.

A pesar de los años que han pasado, todavía recuerdo a mi médico de medicina general o de cabecera como los llamábamos por aquel entonces y a la enfermera que estaba con él. El doctor Cobo y Begoña, contra los que tengo sentimientos encontrados. Por un lado, les tenía miedo, ya que eran los que me tenían que poner las inyecciones, pero, por otro lado, les tenía mucho cariño, ya que, tantos años juntos, generan un nivel de confianza entre sanitario y paciente que te permite hablar cualquier tema de salud con total naturalidad.

Es triste pensar que mi hija nunca tendrá ese nivel de confianza con un profesional de la salud. Por sus 10 años de vida han pasado 7 pediatras diferentes. Desde los 3 años no ha vuelto a tener una revisión con un mismo pediatra. Para una niña tan tímida como mi hija esto supone una desconfianza constante. Y no puedo negar que en todas las revisiones el trato ha sido muy bueno, al fin y al cabo son profesionales acostumbrados a trabajar con niños, pero realmente no llegan a conocer a los menores ni a generar esa confianza necesaria para el trato médico-paciente, y cada menor es un mundo, a algunos cuesta mantenerlos callados un par de segundos para poder escuchar su respiración y con otros es muy difícil relacionarse.

En lo que concierne al trabajo realizado por los pediatras no voy a entrar en valoraciones, ya que yo no soy médico y, aunque soy consciente de que como cualquier otro ser humano pueden cometer errores, confío plenamente en su profesionalidad.

El pasado mes de noviembre mi hija tuvo su última revisión médica. En esa revisión, durante la prueba de visión, el enfermero, también nuevo al igual que la pediatra, notó que la cría podía tener alguna dioptría, y como ama y aita llevamos gafas nos pidió cita con oftalmología para revisión. En la cita con el oftalmólogo nos llevamos la enorme sorpresa y decepción al enterarnos de que la cría tiene ambliopía u ojo vago, como lo llamamos los no versados en esos términos. El oftalmólogo llegó a preguntarnos su vivíamos perdidos en el monte, ya que al parecer, el ojo vago se detecta de forma temprana en las revisiones pediátricas a temprana edad, ya que, a partir de los 8-9 años, la recuperación de la vista es irreversible. Este oftalmólogo nos derivó a otro oftalmólogo en la antigua maternidad en Solokoetxe. El diagnóstico que hemos recibido ha sido el mismo y las preguntas las mismas; que si ha tenido todas las revisiones, si no hemos notado nada raro...

El oftalmólogo ha descartado cualquier posible recuperación de la vista en ese ojo que se quedará con 5 dioptrías de por vida.

Soy consciente de que mirándolo en el amplio abanico de problemas de salud que podemos padecer, este tal vez sea un mal menor, pero no conseguimos quitarnos de la cabeza si el resultado hubiese sido el mismo si la cría hubiese tenido una pediatra de confianza y si las salas de espera de pediatría no estuviesen a rebosar de niños.

En estos casos las personas tendemos a buscar un culpable al que señalar. En nuestro caso tenemos que culpabilizar a Osakidetza como entidad, por su mala gestión del personal, por la eventualidad de los profesionales médicos, por saturar al personal médico hasta la extenuación y por su inmoralidad, ya que parecen haberse olvidado del trato al paciente.

En definitiva, hagan el favor de no mentirnos, porque somos nosotros, los pacientes, quienes sufrimos este desastre laboral que hay en Osakidetza. Invertir en infraestructuras, equipos y recursos sin invertir en el personal no es mejorar el servicio de salud, sino deteriorar cada vez más su lado humano.

Atentamente, Javier.

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