
«Sin ninguna arrogancia, quiero decir que quiero ser candidato para ganar las elecciones. Nada de bajar la cabeza», ha dicho Lula en una reunión del Partido de los Trabajadores (PT) celebrada en la ciudad de Sao Paulo que ha servido para arropar al expresidente.
Lula ha asegurado que tiene «la conciencia tranquila» y ha insistido en que la sentencia «es una decisión política» que forma parte de «una campaña para criminalizar» al PT y su legado porque «por primera vez colocaron a los pobres en el centro de la discusión social».
La también expresidenta Dilma Rousseff ha respaldado esta teoría. Ha sostenido que el proceso judicial ha sido «una farsa» cuyo objetivo sería dinamitar las próximas elecciones, para las que el antiguo dirigente sindical parte como gran favorito.
El PT ha aprovechado este acto multitudinario para ungir a Lula como su candidato presidencial. «Aquí va un recado para el Poder Judicial: no penséis que mandáis en el país. Nosotros, los movimientos populares, no aceptaremos de ninguna manera e impediremos de todas las formas posibles que nuestro compañero Lula quede preso», ha señalado Joao Pedro Stédile, del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra.

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