Alvaro  Reizabal
Alvaro Reizabal
Abogado

Cuestión de olores

Me gusta que al atardecer, al llegar a la parada más próxima a casa, se abra la puerta del bus y huela a campo, ya sea solo, o abonado con simaurra, el olor de los baserris que aún quedan por la zona y que sobreviven al avance inexorable de las casas, de los pabellones industriales y del cemento en sus más diversas presentaciones. Aunque uno es kaletarra, me gusta sentir de cerca ese mundo rural que, desgraciadamente, va muriendo por falta de relevo generacional y por la avidez especuladora de quienes han convertido el derecho a la vivienda en un gran negocio y arramplan con el suelo, para construir ya viviendas a precios prohibitivos, o para guardárselo durante años esperando a que el precio del metro cuadrado edificable siga subiendo por el simple paso del tiempo y de la ley de la oferta y la demanda. Pensaran que estoy loco, porque me gusta oler esa naturaleza que, en definitiva, no es más que mierda reconvertida en abono, pero puedo asegurar que hay otros muchos olores más repugnantes. Por ejemplo, el de los productos químicos que desde los aviones y drones bombardean Gaza y Cisjordania por la acción de los sionistas y sus cooperadores necesarios, como los USA. El genocidio con fines inmobiliarios sigue adelante y no pararán hasta echar de la franja a todos sus legítimos moradores y construir el supercomplejo turístico lleno de hoteles y casinos para millonarios norteamericanos y asimilados.

Desde la toma de posesión del presidente zanahoria, vivimos en un sobresalto diario. Hay que estar atento cada mañana a su ocurrencia del día, que de momento está teniendo consecuencias muy distintas de las que prometió en la campaña, porque las bolsas bajan en picado y se asoma la amenaza de la recesión. Encima ha caído en desgracia el señor que iba a acabar con la Administración, el que aparecía con uno de sus hijos pequeños tratándole como si fuese un monito, que ha pasado de ser la mano derecha a ser la izquierda, y ser la izquierda, para Trump, es como ser el diablo. Así que lo despide y todos tan contentos. Esto me huele a chamusquina.

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