Floren Aoiz
Floren Aoiz
Idazlea, Iratzar Fundazioaren zuzendaria

Vaya con la violencia y los fines políticos...

Ahora lo que mola es el ardor guerrero anti-Putin, una fiebre de indignación que se lleva consigo derechos humanos y principios que se nos querían presentar como inquebrantables.

Ningún objetivo justifica jamás el recurso a la violencia», «todo aquello que se defiende con violencia queda deslegitimado», «la vida humana está por encima de cualquier causa política», ¿lo recordáis? Es un discurso que hemos escuchado y leído tantas veces y durante tanto tiempo que lo conocemos tan bien o mejor que quienes lo usaban contra las demandas de soberanía y libertad de nuestro pueblo.

Ahora, en cambio, ese discurso ha pasado a mejor vida hasta que vuelva a ser útil para criminalizar alguna demanda transformadora. Mejor matizar: ha pasado a un segundo plano –porque siguen utilizándolo– y ahora lo que mola es el ardor guerrero anti-Putin, una fiebre de indignación que se lleva consigo derechos humanos y principios que se nos querían presentar como inquebrantables. El envío de armas a un territorio en guerra, la imprudente llamada a escalar más el conflicto y la condescendencia ante abusos y todo tipo de crueldades casan mal con esos lemas de apariencia pacifista, pero ni se despeinan.

Me gustaría pensar que después de este espectáculo no se atreverán a esgrimir esos mensajes, pero de sobra sé que carecen de escrúpulos. La hipocresía no les genera la menor inquietud, es cuestión de prioridades en cada momento y ahora toca entonar marchas militares a distancia, sin pisar el frente, claro, que es muy fácil sacar músculo en la cantina.

El caso es que el mundo es menos democrático que hace unas semanas. Rusia ha invadido violentamente Ucrania, las muertes crecen, el número de personas que han tenido que huir sigue aumentando, la destrucción parece no tener fin y se ha desatado una ola militarista que limita libertades y anuncia nuevas medidas económicas, políticas y legales injustas, que harán cargar los costes de la crisis en las mismas franjas sociales de siempre. Pero la musiquita militar pretende taparlo todo y hacernos marchar en filas cerradas. Vaya, vaya, vaya...

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