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Entrevista
ALEX SALMOND
EX PRIMER MINISTRO DE ESCOCIA Y LÍDER DEL SNP

«Perseguirlo, esperar tu momento y aprovecharlo; no hay otro camino»

Es un animal político al que incluso sus adversarios reconocen una gran inteligencia. Ha llevado al nacionalismo escocés desde la minoría hasta la hegemonía. Renunció al cargo por responsabilidad, pero mantiene la de lograr una Escocia independiente.


Aliviada su responsabilidad, Salmond se muestra orgulloso de lo logrado e ilusionado con el futuro. Nos recibe en su despacho, en el Parlamento de Holyrood. Es de esa clase de políticos que solo dice lo que quiere. Pero ahora parece querer, o poder, decir más cosas.

A un año vista desde su renuncia, ¿qué balance hace de este último periodo?

Siempre pensé que el SNP lo iba a hacer muy bien, por las circunstancias del referéndum, por la energía acumulada y la politización de la sociedad escocesa, por el número de personas que se había enganchado a la política, por ese entusiasmo y esa energía. También por razones tácticas. David Cameron cometió un error fundamental el día después del referéndum. Si recuerda usted cuando apareció en Downing Street, dejó de lado Escocia y habló de su tema preferido, que es Inglaterra.

Veía la oportunidad política y mi renuncia fue parte de eso. Porque una de las exigencias de una oportunidad política es que alguien tenía que asumir la responsabilidad de perder el referéndum. Además eso despejaba el camino para el SNP.He de admitir que se han superado mis expectativas, gracias a la excelencia mostrada por mi sucesores que hicieron una gran campaña, emergiendo con el 50% de los votos, más que todos los unionistas juntos.

Fue un gran logro. Si lo comparamos con la votación en Catalunya, logramos una mayoría de escaños y mayoría de votos en las elecciones generales. Supone un contexto político nuevo que contiene muchas oportunidades, tantas como retos.

¿Perviven los efectos de aquella revolución democrática?

Sin duda. La gente tomó conciencia política, un deseo de participación. Si logras esa politización, con un 98% de inscritos y una participación del 85%, eso te lleva a otro estadio. Este en un factor importante que las democracias liberales occidentales deben manejar, o comprender. Por eso creo que en términos democráticos en un escenario totalmente diferente.

Hay un dicho irlandés que señala que «las cosas cambian completamente», «completamente», y así es como han cambiado las cosas en Escocia. Definitivamente, todo ha cambiado.

Al no cumplir Cameron sus promesas y con el poder logrado por el SNP, ¿un segundo referéndum es una prioridad?

Creo que un nuevo referéndum es inevitable, es cuestión de tiempo. Y por diferentes razones. Una es que Cameron ha roto manifiestamente todos sus compromisos, las promesas que hizo a Escocia. Si recuerda el lenguaje de aquellos días, era a favor de la autonomía máxima, llevar la devolución de poderes al máximo, creando una federación en el plazo de un año. Esa fue la promesa realizada por Gordon Brown. Y las medidas adoptadas no sirven como excusa, no cumplen ninguna de sus promesas. Por lo tanto, han roto sus compromisos y esa es la primera razón por la que es necesario ese segundo referéndum.

Otra razón muy importante son los programas de austeridad del Gobierno del Reino Unido, que afectan a las personas más vulnerables, que afectan a nuestra sociedad.

En tercer lugar está la propuesta de mantener por otros 50 años las armas nucleares en Escocia, algo que viola todo consenso y mandato, incluso la opinión del Parlamento.

En cuarto lugar, están jugando con el futuro europeo de Escocia. Esta semana dos encuestas sugerían una mayoría a favor de salir de la UE frente a una mayoría en Escocia por permanecer dentro. Es un factor relevante, porque supondría un «cambio en las circunstancias materiales».

Por último, destacaría la nula opción de ser elegido de Corbyn [nuevo líder laborista]. Es candidato, evidentemente, pero no es realmente elegible, y esto tiene importantes implicaciones para la política escocesa.

Es muy tajante en la imposibilidad de Corbyn de llegar a Downing Street. ¿Por qué?

Creo que no hay un candidato real. Yo conozco a Jeremy [Corbyn] desde hace 30 años y no es elegible, nunca va a ser primer ministro. Nadie, ni siquiera los «spin-doctors» del laborismo, creen seriamente que Jeremy Corbyn vaya a ganar.

Tampoco nadie creía que fuese a ganar las internas…

No, yo ya dije que sí podía ganarlas. En el libro que acabo de publicar ya afirmo que iba a ganar, por dos razones: la primera es que el resto de contrincantes eran completamente inútiles, y la segunda, que los anteriores dirigentes laboristas decidieron abstenerse ante los recortes al bienestar de los conservadores, lo cual dio nueva gasolina a la candidatura de Corbyn.

Sin embargo, convertirse en líder laborista y ser primer ministro son cosas diferentes. No solo no va a serlo, sino que no va a ser visto como un posible primer ministro, lo cual es mucho peor. Blair, con todos sus errores, siempre fue visto como un potencial primer ministro. Miliband menos, pero Corbyn menos aún. No importa lo simpático que es uno, ni si estás de acuerdo con él… si no eres visto como un potencial primer ministro no ganarás las elecciones, y él es inimaginable como tal.

Respecto a Escocia, hay quien piensa que el laborismo en Escocia ha tocado fondo. Yo pienso que puede decaer aún más. Mire, en Catalunya el PP pensaba que con Albiol iba a remontar, y logró el 8%. Es gracioso que te hagas llamar «popular» siendo tan impopular. La gente pensaba que el PP no podía tener menos apoyo. Pero es normal. Si pierdes tu razón de existir, la conexión con la gente, y el Partido Laborista ha perdido esa conexión en Escocia, y si no eres capaz de decir que vas a ganar en Westminster, entonces pierdes.

Ahora bien, que el laborismo lo haga mal no quiere decir que el SNP lo haga bien. El SNP solo lo puede hacer bien si el SNP se gana su apoyo. En política no se vive de los errores de los adversarios políticos, vives de justificar el voto que te da la gente.

Volviendo al referéndum, ¿no teme que esta vez haya veto?

Estamos en una situación interesante definitivamente para el País Vasco y para Catalunya. Ahora tenemos una referencia, un precedente de que la manera de convocar un referéndum es ganar una mayoría en el Parlamento escocés, esa mayoría vota por el referéndum y entonces ahí tienes el referéndum. No me preocupa que un genio de un botella vaya a salir y diga «oh, no voy a permitir este referéndum». No creo que en política las cosas vayan a ir en ese sentido. Corresponde a la gente decidir. Si la gente está determinada a tener un referéndum, ese referéndum se hará, y todo lo demás por parte de David Cameron es «un silbido en el aire».

Usted recomienda a los catalanes mantener la calma, «Keep Calm». ¿Qué quiere decir?

En el artículo que mencionas, yo utilizaba el término «calm souch». En escocés significa «adopta una mirada tranquila sobre el tema». No hagas nada impulsivo, simplemente date cuenta de la situación con cierta calma, no te precipites, «calm souch», reflexiona.

Eso es lo que debería hacerse en Catalunya en mi opinión. ¿Por qué? Porque hay elecciones en España, lo que afectará al Gobierno central en Madrid. Tienes acontecimientos en otro sitio que te pueden afectar. Esto sirve para mis amigos catalanes y vascos. Si en Madrid se presentan partidos que tienen actitudes más progresistas y razonables ante estas cuestiones… Lo que yo digo es que, al no estar nada claro que el PP vaya a ganar las elecciones, se aplica otra frase irlandesa que mencionaba. En Irlanda se solía decir que «las dificultades de Inglaterra son las oportunidades de Irlanda». Por eso, las gentes que estaban luchando por establecer un Estado irlandés siempre tuvieron la sabiduría de reconocer qué estaba ocurriendo en Inglaterra o Westminster, generando oportunidades para progresar.

Obviamente no estoy diciendo que Euskal Herria o Catalunya sean Irlanda, o sean Escocia, puesto que Escocia tampoco es Irlanda. Pero el principio se puede aplicar y, quizás, «las dificultades de Madrid son las oportunidades de Catalunya».

«Calm souch» no significa no hacer nada, significa «espera tu momento, evalúa tu tiempo». En Catalunya han logrado la mayoría parlamentaria dentro de un proceso para construir la legitimidad de sus aspiraciones. Lo que necesitan es lograr la aceptación de esa legitimidad.

Junto con eso, quiero repetir que no es mi papel decir a los catalanes –o a los vascos– qué es lo que la ciudadanía catalana tiene que hacer. Nunca lo haría, jamás. Pero también digo que, como observador internacional, siendo solidario como soy yo, o hostil como David Cameron, o de algún modo renuente como Barack Obama [sonríe], no nos corresponde a nosotros decirle a la gente qué debe hacer. El trabajo de los observadores internacionales es respetar, legitimar, las aspiraciones pacíficas. Ese es su trabajo: dar a la gente la oportunidad de expresar su opinión y su decisión, pero no decirle a la gente cuál debe ser esa decisión.

En esto soy particularmente crítico con la Comisión Europea. Sería un gran error por parte del presidente Juncker cometer los mismos patéticos errores que su predecesor, Durao Barroso, lo que llevaría a la Comisión al desprestigio. Siendo justos, creo que Barroso fue peor que Juncker. Pero si miramos a la cuestión que se le planteó a la Comisión la semana pasada sobre Catalunya y la manipulación de la traducción española, esa es precisamente la clase de comportamiento que nos recuerda a Blatter en la FIFA, y lo último que necesita la Comisión es parecer Blatter, y obviamente no me refiero a la parte financiera.

La Comisión debe ser impecable, deben ser reconocidos como las personas que responden a los ciudadanos de la UE en base a la igualdad, no en favor de ciertos intereses de ciertos estados miembro. No necesitan sumar a los problemas que ya tienen su incapacidad para tener una posición colegiada y solidaria al enfrentarse a la crisis de refugiados, al cambio climático… los temas que los líderes europeos deberían estar afrontando, sin complicarse en combatir demandas perfectamente legítimas en la UE. El único rol que debería tomar la Comisión es aprovechar esta oportunidad democrática. Una Europa que le da la espalda a la democracia no será Europa en absoluto.

Pero la cultura democrática de Londres no es la de Madrid..

La gente piensa que, una vez que el SNP logró la mayoría de escaños y de votos en las elecciones, el Gobierno británico acordó un referéndum y eso es todo. ¡Tan sencillo! No fue así. Permítame un poco de historia. Durante 65 años, desde el final de la II Guerra Mundial, la gente de Escocia trató de redescubrir y formar las instituciones de la nación que tuviesen un sentido político. Conozco un poco de la historia del País Vasco, de Catalunya y de España, y entiendo que allí pasaron cosas que no pasaron en Escocia, no estoy haciendo una comparación.

Lo que digo es que, durante ese periodo, la gente de Escocia trató de lograr ese cambio de muchas maneras. Buscaron un Pacto Nacional, lo intentaron con una especie de referéndum informal, logrando que 2,5 millones de personas firmasen un documento pidiendo un Parlamento. La respuesta de Westminster fue «no estamos interesados». Dijeron, «elegid a la gente». Durante décadas, Westminster bloqueó y socavó ese proceso. No a través de la violencia, no disparando ni ejecutando gente, nada de lo que ocurrió en España bajo el fascismo, sino a través de la manipulación política, sostenidamente. Hasta que el SNP se convirtió en la fuerza dominante en la política escocesa, lo que les obligó a aceptar el referéndum.

Esto no ocurrió de un día para otro, no fue que un día se dieron cuenta y dijeron «cielos, tenemos que aceptar el derecho de los escoceses». No, esto ocurrió por una labor constante durante un largo periodo. Con los vascos o los catalanes es lo mismo. Son oponentes diferentes, tiempos distintos, países diferentes, pero debes perseguirlo, ir pacientemente a cada etapa y, gradualmente, llevar el proceso en consonancia con las aspiraciones del pueblo, sean las que sean.

Por ello, pienso que no hay sustitutivos en política para el «calm souch», esperar tu oportunidad, esperar tu momento y aprovecharlo. No hay otro camino que desarrollar un trabajo de preparación y apuntalar tus demandas de manera sólida, y esperar esa oportunidad. Sé que es difícil, terriblemente frustrante, pero es el único camino.

Tal y como he dicho, no es el trabajo de los políticos decir a la gente qué tienen que hacer. Pero creo que hay un proyecto conjunto para convencer a la gente de que defender el statu quo va contra su propio interés. Aquellos procesos que se basan en una votación democrática y en el voto de la mayoría son procesos que deben ser respetados. Las instituciones, los gobiernos y las uniones que no reconocen esos procesos van camino de encallar. Porque en este mundo en el que abunda la violencia –sabes que la violencia en el País Vasco es un fenómeno reciente–, donde la violencia de Estado en España se ha ejercitado durante generaciones, especialmente durante el periodo fascista, las democracias liberales que no pongan un énfasis absoluto en el respeto a las urnas, a la democracia, corren un tremendo riesgo. No solo en términos de su reputación, sino en términos de coherencia. Porque una de las pocas cosas que mantienen unidas a las sociedades como las nuestras en este mundo –que son minoría, por cierto– es ese reconocimiento de la supremacía y autoridad de las urnas. Así que eso es algo que, como esfuerzo común, debemos demandar a las instituciones internacionales: que se cumplan los tratados y el derecho de las naciones a elegir su futuro. Y por supuesto no podemos aceptar que unos tribunales juzguen a personas por ello, como ha ocurrido ahora en Catalunya.