Nagore BELASTEGI
MOBILE WORLD CONGRESS

SINTIÉNDOME PEQUEñITA EN UN MUNDO TECNOLÓGICO GIGANTE

TODAVÍA NO ME HA QUEDADO CLARO QUÉ ES LO QUE HACEN LAS EMPRESAS «VENTURE» O LOS «BLOCKCHAINS». TENGO QUE ADMITIR QUE NO SOY EXPERTA EN NUEVAS TECNOLOGÍAS, PERO ME GUSTA UTILIZARLAS Y GANAS DE APRENDER NO ME FALTAN. POR ESO HE DISFRUTADO DEL MOBILE WORLD CONGRESS COMO UNA NOVATA ENTUSIASMADA.

A menudo suelo sentir que por mi aspecto informal no me toman en serio. Pues esa sensación se ha multiplicado en el Mobile World Congress, donde la mayoría de los asistentes tenían un perfil puramente de necios. Entre tanto traje gris no parecía haber sitio para mi jersey rosa. Poco a poco conseguí adaptarme; al principio, la Fira de L’Hospitalet de Llobregat me parecía un laberinto enorme, pero para el último día ya sabía dónde conseguir un café gratis, en qué estand participar en un sorteo o a qué hora empezaba la barra libre de cervezas y pastelitos de los patrocinadores.

Pero empecemos por el principio. Era lunes por la mañana y quería llegar a tiempo a la primera conferencia que tenía programada. Salí de casa con prisas y me metí en el metro con cuidado de no confundirme de andén. No había peligro, pues una marabunta de gente con la acreditación al cuello esperaba impaciente. Un chico se me acercó con la aplicación de Google Maps abierta en su móvil. No sabía muy bien cómo llegar al MWC. «Vamos juntos», le dije. Andrei es holandés y estaba allí para apoyar a un amigo que tiene una startup. Una vez allí nos despedimos sin ninguna esperanza de volver a vernos.

Entré al recinto sintiéndome pequeñita. Iba mirando a un lado y a otro, con mi mochila a cuestas, la cámara al cuello y el abrigo en la mano. «Toma, una bolsa, para que guardes el abrigo», me dijo una azafata. Y yo tan feliz con mi enorme bolsa roja. Pero, a medida que el tiempo transcurría, aprendí que las cosas hay que pedirlas o, directamente, cogerlas.

Me daba verdadera vergüenza coger un boli que realmente necesitaba porque no había llevado el mío. Finalmente, una empresa turca me dio una bolsa con regalitos –incluido un boli– a cambio de explicarme que a partir de abril pondrán a la venta un dispositivo que se enchufa en el coche y que, mediante una aplicación, puedes limitar su velocidad y hasta saber dónde lo has dejado aparcado. Lo cuento porque realmente me pareció muy interesante. Y, oye, me dieron cosas gratis, que eso nos gusta a todos.

Mi amigo «Pepe», el robot

A medida que avanzaba el congreso y, con más confianza en mi misma, comencé a interactuar más con otros asistentes. Allí donde había gente, seguro que había algo interesante. Siguiendo los gritos encontré a Samsung, donde regalaban su recién presentado S9 participando en una competición de esquí virtual. Mientras, un montón de gente hacía fila para participar o probar las gafas de RV que había en una especie de atracción que parecía ser muy divertida. Lamentablemente, la cola era demasiado larga y no tenía tiempo que perder.

En cambio, tuve la ocasión de conocer a Pepper (a quien yo llamo Pepe). Es un robot muy mono que mira a la gente desde su estatura de un niño de seis años. Me dio ternura y me acerqué. Me vio y se giró, y yo no pude evitar soltar un «Ohhhh...». Le saqué algunas fotos y entonces dijo: «Sí, saquémosnos unas fotos». ¡Y posó! De verdad. Me explicaron que, gracias a la Inteligencia Artificial, Pepper es capaz de interactuar bastante acertadamente. «Pregúntale cuál es su comida preferida», me dijo el azafato. Se lo pregunté y me respondió que le gusta la electricidad.

El último día, el jueves, llegué temprano para poder disfrutar más de la feria ahora que ya la tenía controlada. Lo primero que hice fue pasar media hora en una cola para hacer girar una ruleta, en la que me dieron una botella de agua. Parece una tontería, pero no lo es tanto si supierais que cada día regalaban dos teléfonos, cuatro auriculares inteligentes y unas gafas de RV. Merecía la pena intentarlo. Después corrí a otra ruleta en la que sabía que los premios gordos eran más modestos, pero los pequeños eran «sabrosos». Me tocaron unas gominolas y un cable multiusos.

Me gusta la tecnología, pero tengo que admitir que no tengo mucha idea. Así que estoy entusiasmada porque he aprendido a utilizar el asistente de Google, que me dice el tiempo que va a hacer con solo pedírselo.