Crisis «invisibles», responsabilidad y justicia
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Son habituales, terriblemente habituales, las noticias en torno la barbarie desatada por Israel en Gaza, y toda la atención que se preste a la situación de quienes la padecen, toda muestra de solidaridad, será poca. Sin embargo, no es el único conflicto que ha provocado una crisis humanitaria. El informe “Crisis invisibles”, difundido por Médicos del Mundo Nafarroa, resulta descorazonador, porque alerta de una realidad «que no genera debate público» pero no por ello deja de ocurrir. No por tratarse de crisis desconocidas o ignoradas es menos necesaria y urgente la ayuda humanitaria a las más de 305 millones de personas que, según los cálculos de la ONG, padecen sus efectos.
Dicho informe es parte de una campaña que pretende poner el foco en esas personas «invisibles» y, por tanto, olvidadas, para interpelar a la sociedad. Describe la grave situación que se vive en una treintena de lugares del mundo, desde Haití hasta Siria, inmersos en crisis humanitarias por motivos nada excepcionales, como son todo tipo de conflictos o los cada vez más habituales desastres naturales por causa del cambio climático. Las consecuencias de esas crisis afectan fatalmente a la población en múltiples aspectos, desde el acceso a los servicios más elementales hasta la violencia extrema que soportan, pasando por el aumento de desplazamientos forzados, exposición a enfermedades e inseguridad alimentaria. Quienes con mayor intensidad padecen las consecuencias de esta situación son las mujeres y los menores, con un brutal aumento de la violencia sexual que se ejerce contra ellas.
Datos conmovedores, pero lejanos, lo cual no debería impedir reaccionar. La solidaridad es algo más que compadecerse, es preciso implicarse desde las instituciones hasta la ciudadanía, exigir esa implicación a los poderes públicos más allá de intereses coyunturales. Por humanidad, responsabilidad y justicia. Muchos de esos lugares son ricos en recursos naturales, pero sus riquezas son explotadas por este Occidente tan preocupado por defenderse, seguramente de sí mismo, sin límites para el gasto militar pero incapaz de cumplir sus propios objetivos de cooperación internacional.