«Crear Estados en Oriente Medio es conflicto, la llave es la democracia»
Esta entrevista fue realizada hace días gracias a la mediación del sindicato LAB. Es, por tanto, anterior al anuncio del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK). Pero, por su contenido y actualidad, merece ser rescatada, sin olvidar la vorágine de acontecimientos en torno al conflicto y su resolución.

El papel de Abdullah Öcalan es central en este proceso.
Para que avance el proceso, tal y como ha señalado Abdullah Öcalan, hay que escuchar la petición del pueblo. La primera es que Öcalan trabaje en libertad y que cambien las condiciones para que pueda materializar dicho trabajo.
Durante el Newroz de este año, la población kurda y democrática ha demostrado el apoyo a su líder. La sociedad pide avanzar en esa línea de solución; sin embargo, existen muchas fuerzas dentro del Estado y del Gobierno turcos que quieren frenar el proceso.
Desde Turquía, las señales no son del todo positivas….
Se han saboteado más de once veces otras iniciativas por provocaciones del ‘Estado profundo’. En Turquía, hay sectores que viven del conflicto. No les interesa la solución. En los últimos diez años, Turquía se ha convertido en un país donde prima la tentación de expandir guerras. Un país involucrado en otras guerras no tiene proyecto político definido y deja dudas sobre sus verdaderas intenciones. Saben aprovechar las relaciones internacionales para influir negativamente.
Pero el pueblo kurdo también cuenta con fuerzas internacionales que juegan un papel positivo para forzar al Gobierno turco hacia una solución democrática.
La solución del conflicto con Turquía tiene una dimensión que va más allá...
El pueblo kurdo está en Turquía y otros tres Estados, pero los efectos del conflicto tienen ya no solo una escala regional sino incluso internacional. El pueblo kurdo y Öcalan no se conforman con una solución en esta zona, es una vanguardia ideológica para el conjunto de Oriente Medio. La democracia, que no tenía futuro en la región, toma una visibilidad real ahora gracias a la propuesta de “Apo”. Y Rojava es un buen ejemplo de ello.
Por ello, es importante llamar la atención internacional. La lucha y solidaridad mundiales han ayudado a visibilizar la lucha del pueblo kurdo. Para nosotros este apoyo tiene mucha importancia, pero es necesario ampliarlo aún más.
Pero el ámbito del proceso es Turquía, donde el encarcelamiento del candidato del CHP, Ekrem Imamoglu, es una muestra de la creciente represión. ¿Cómo afecta todo ello?
En sus tesis, Öcalan señala que la solución también pasa por la democracia en Turquía. Las situaciones antidemocráticas recientes crean más obstáculos. Estas medidas represivas ya las hemos sufrido anteriormente en Kurdistán (detenciones masivas de civiles, de alcaldes, ilegalizaciones de partidos…). Nuestro pueblo ha sido una especie de laboratorio en la aplicación de medidas antidemocráticas. A día de hoy vemos cómo esa estrategia no solo se aplica en el norte kurdo, sino que se expande al conjunto de Turquía.
¿Se puede avanzar si el Gobierno no da pasos?
Turquía es un país difícil, donde las tendencias racistas están en el orden del día y, además, es un país ligado a Oriente Medio. Öcalan analiza la situación en ese contexto.
No estamos en un proceso unilateral. Si no hay derechos no habrá condiciones para profundizar. Asistimos a los inicios de un proceso que tiene diferencias evidentes con procesos que han sucedido anteriormente en el mundo.
¿Cuáles son esas condiciones?
Primero, se deben dar las condiciones para la libertad de Öcalan; segundo, se debe dar un número determinado de liberaciones de otros presos políticos; tercero, se debe poner fin a las prohibiciones legales en materia educativa y de lengua kurda; cuarto, Turquía debe aceptar la legislación internacional así como las leyes emanadas de las autoridades autónomas de las regiones kurdas; quinto, debe abolirse la ley antiterrorista; sexto, deben ser eliminadas las leyes y normas constitucionales que prohíben el reconocimiento del pueblo, y los derechos y la lengua del pueblo kurdo.
¿Cómo valora las alianzas con sectores progresistas y de izquierda turcos?
Öcalan siempre ha dicho que la lucha del pueblo kurdo debe tener su correlato pragmático en Turquía. En ese sentido se creó el Congreso Democrático de los Pueblos (HDK) y el Partido Democrático de los Pueblos (HDP). El objetivo era, y es, que la lucha del pueblo kurdo y por la democracia en Turquía deben sincronizarse.
Este movimiento contradice la realidad del bipartidismo turco y crea un nuevo contexto, una tercera vía. El pueblo kurdo y los sectores democráticos turcos junto con otras minorías étnicas nos hemos unido para frenar el racismo y el nacionalismo excluyente. El Gobierno turco no ha dejado de reprimir esta alternativa, pero, a pesar de todo, hemos logrado mantener esa alianza y a día de hoy es una fuerza política importante.
¿Prioriza las condiciones democráticas?
La reciente campaña es un paso más en el camino de la paz, de la solución en Kurdistán. Es decir, a la sociedad democrática. En 2015 asistimos a un colapso del incipiente proceso, pero seguimos haciendo política. En 2023 dimos paso a la campaña en Europa y Kurdistán, y fruto de esta asistimos a estos últimos movimientos. En febrero celebramos una marcha por los 25 años del encarcelamiento de Öcalan. La respuesta en Europa y en el norte de Kurdistán nos demuestra que “Apo” no ha sido olvidado. Los esfuerzos del Gobierno turco por destruirle han fracasado. Sigue siendo influyente y muy respetado.
Debemos confiar en sus aportaciones. Hoy, la paz es un punto clave. Tras el llamamiento de Öcalan, el Gobierno turco debe dar pasos. Liberar a “Apo” y solucionar el conflicto kurdo y sus raíces. Crear Estados en Oriente Medio siempre está ligado al conflicto; la solución, la llave, es la democracia.

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