Bombarderos desde Missouri hasta Irán, con un ojo en Tel Aviv y el otro en MAGA
Cuando Donald Trump anunció que se tomaba dos semanas para deliberar sobre Irán, la decisión estaba tomada. El presidente estadounidense pasó el viernes en su campo de golf de Nueva Jersey mientras, los bombarderos B-2 estaban a punto de despegar en una base de Missouri.

Fueron dieciocho horas para ir, y bastantes más entre el bombardeo y el regreso. En total, más de 50 horas sin tocar tierra, repostando en el aire. A los estadounidenses les encanta contar y volver a contar, y recrear estas hazañas bélicas. Si se le añade el gancho de una supuesta emergencia nuclear, estamos ante una película que hemos visto mil veces en la que el piloto, tras mil vicisitudes, vuelve victorioso a casa.
Se podría argumentar que la mentira del jueves pasado del presidente de EEUU sobre aplazar la decisión por dos semanas fueron necesarias por el bien de la «operación», por la necesidad de mantenerla en secreto. Detalles técnicos aparte, los analistas parecen converger en que, además de que Teherán tuviera tiempo para mover su material nuclear, sirvió sobre todo para aliviar la presión de un creciente debate que dividía al movimiento MAGA de Donald Trump.
Después de lo visto y declarado durante los últimos días, es evidente que Trump está profundamente involucrado en la espiral de Benjamin Netanyahu. No está claro si responde a una convicción personal, a que Netanyahu le tiene tomado el pulso a Trump o a que, sencillamente, ni el teóricamente más outsider de los inquilinos de la Casa Blanca puede tener una mínima autonomía respecto a Tel Aviv. Seguramente sea todo a la vez. Cuando el presidente estadounidense dio a Teherán 60 días en abril para alcanzar un acuerdo nuclear, básicamente le marcó la fecha a Israel para atacar a Irán.
MUCHAS GUERRAS COMIENZAN POR MOTIVACIONES INTERNAS.
En el movimiento MAGA no importa mucho lo que hayas hecho o dicho en el pasado, siempre que se rinda pleitesía a Donald Trump. Una vez dentro, se puede tener cierta autonomía, hasta que el líder diga basta. Es lo que le tocó hacer a la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, el viernes. Dijo que sus afirmaciones ante el Congreso tres meses antes, negando que Irán estuviese construyendo armas nucleares, eran erróneas. Fue un ejercicio de autocastigo y humillación para demostrar total obediencia al líder.
En los últimos días destacados miembros de MAGA se han opuesto a bombardear Irán, recordando la reiterada promesa de Trump de que no habría más «guerras interminables». El aislacionismo de EEUU es una idea más antigua que incluso su imperialismo. Paradójicamente, ambas nociones han sido compatibles a lo largo de la historia: dando la espalda al mundo y replegándose en sí mismo, pero siguiendo la idea del «destino manifiesto» para expandir su territorio de océano a océano tras robar a México y aniquilar a los pueblos indígenas. Las provocaciones sin filtro sobre Groenlandia, Canadá y el canal de Panamá siguen esta línea. En Oriente Medio, Suez y Ormuz son lugares estratégicos comparables a este canal, pero para Washington es aún más necesario el control sobre la región a través de Israel.
El lema MAGA (Volver a hacer grande EEUU) bebe de esta idea aislacionista, abogando por mantener los recursos (muchos de ellos militares), en casa, sin iniciar guerras. Muchos trabajadores que se consideran alejados de la extrema derecha han coincidido con esta idea. Ahora, este ataque ha despertado viejos fantasmas. El mapa de Oriente Medio está cambiando; Irán ha perdido a sus proxies en Siria y Líbano. Además de los huthíes en Yemen, el único aliado cercano a Teherán es... Irak, «liberado» por EEUU.
En MAGA también convergen los tradicionales halcones republicanos, sin embargo. Trump necesitaba extinguir el fuego amigo. Gabbard fue obligada a retractarse. Tras el bombardeo, Trump no compareció solo, como George Bush, Barack Obama o Joe Biden, para informar como jefe de Estado y comandante en jefe del Ejército. Estaba respaldado por el vicepresidente, J.D. Vance; el secretario de Estado y halcón republicano, Marco Rubio; y el secretario de Defensa, Pete Hegseth. El presidente es un buen comunicador, pero también muy cobar- de. Necesitaba el respaldo del aislacionista Vance, el halcón belicista Rubio, y Hegseth como integrista cristiano y devoto de Trump. Steve Bannon ya lo predijo: incluso quienes se oponían al ataque (como él), apoyarían a Trump cuando se produjese.

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