El fallecimiento este martes de Txema Areizaga ha corrido como un reguero de pólvora entre toda la comunidad del cine vasco, que ha plasmado su cariño y admiración por este prestigioso jefe de eléctricos a través de las redes sociales. Ejemplo de ello ha sido el tuit publicado por el actor Eneko Sagardoy.
Ai Txema... zenbat botako zaitugun faltan. Pasioz bizi zenuen lana eta hala irakatsi zenigun, irakasteko inongo asmorik gabe. Errodajeetako oroitzapenean eta etorriko direnetan izango zaitugu presente. Azken bi hilabete hauetan bezala gogoratuko zaitut: alai, pasioz, maitagarri. https://t.co/nbNNDmX4Ek
— Eneko Sagardoy (@esagardoy) November 23, 2021
Más allá de su gran prestigio profesional, siempre ligado a la jefatura de eléctricos, su nombre es toda una institución no solo para las productoras, cineastas y guionistas, sino para quienes se mueven y trabajan detrás de las cámaras –allí donde las tramoyas y focos también dotan de sentido a lo que se está filmando–, una troupe de profesionales que ha quedado conmocionada con la muerte de alguien que es toda una leyenda del cine vasco porque lo ayudó a crecer y lo mimó hasta ayudar a convertirlo en lo que es hoy en día.
El pasado sábado, 21 de noviembre, finalizó el rodaje del último filme en que el donostiarra ejerció como jefe de eléctricos, ‘Irati’. Finalizada su labor, recogió el material y mientras lo descargaba en su almacén, un paro cardíaco lo desenchufó de su corazón.
Visiblemente emocionados, diferentes profesionales de la industria cinematográfica han coincidido en señalar a NAIZ que Txema Areizaga no solo era una fiera en su profesión, a la que amaba con locura, sino que era tremendamente generoso y solidario porque en los tiempos en que el cine vasco era una constante incertidumbre, él se encargó de ayudar al resto de compañeros desde su posición de cotizado profesional.
Pionero y leyenda
Desde que inició su carrera como eléctrico en ‘Ke arteko egunak’ de Antxon Ezeiza en 1989, su implicación con el cine vasco fue total. Ejemplo de ello fue la creación de su propia empresa, Argilun, que nació hace 28 años y ha sido ‘Handia’, ‘Oreina’, ‘Ocho apellidos vascos’, ‘El hijo del acordeonista’, ‘70 binladens’ y la ya mencionada ‘Irati’.
Durante la gran irrupción de las plataformas, que conllevó una aceleración en la maquinaria de las producciones, Areizaga y su empresa Argilun fueron tentados por gigantes como Mediapro y Globomedia.
Lejos de aceptar las millonarias cifras que le fueron ofrecidas, Areizaga se atrincheró en su idea inicial de seguir vinculado a lo que representa el cine vasco porque siempre creyó factible la loca idea de una industria propia y fiel a nuestra propia idiosincrasia.