«Díaz y Errejón son diferentes fases de la misma operación política del PSOE y la progresía»
Visita Bilbo para presentar su libro y en entrevista con NAIZ pide trabajar por una izquierda confederal «fuerte, sin subordinarse» al PSOE. Opina que Sánchez «utiliza a Junts y PNV como excusa para no hacer lo que nunca ha querido» y critica a su sucesora en Igualdad y a la líder de Sumar.

Pocas personas políticas tienen tanto vivido en tan pocos años como la número dos de Podemos y eurodiputada Irene Montero. Con 37 años recién cumplidos, ha sido la primer mujer en defender una moción de censura en la historia del Estado español y la segunda más joven en ocupar su cargo anterior: el Ministerio de Igualdad. De paso por Bilbo para presentar ‘Algo habremos hecho’ (Navona, 2024), repasa vicisitudes humanas y políticas desde sus comienzos en el activismo en las Juventudes Comunistas y la PAH de Madrid mientras se graduaba en Psicología hasta su integración en el primer gobierno de coalición de izquierdas.
¿Hace mucho que no venía a Bilbo?
La última vez fue en la campaña de las europeas, es un territorio que me gusta para hacer planes. Tiene mucho significado ir a La Sinsorga, es un proyecto feminista llevado por compañeras a las que admiro mucho y que forman parte de lo mejor de la sociedad vasca, que es el movimiento feminista que lo está cambiando todo y que muchas veces han estado a la vanguardia de los procesos feministas en el Estado español. Y lo he presentado con Nerea Barjola, una de las mayores expertas en Euskadi y en el Estado, un honor.
Una de las personas que elige mencionar es Ione Belarra. ¿Qué representa ella?
Este es un libro hecho para que la memoria de estos años nos sea útil para seguir avanzando en derechos. Y si hay una persona que representa echarse a la espalda una tarea difícil como fue la secretaría general de Podemos cuando Pablo se marcha, esa es Ione. Es posiblemente la persona mas valiente que conozco. Eramos amigas antes de militar en Podemos y lo seguimos siendo. Tanto que se habla de política para expresar rupturas y traiciones, este libro y esa dedicatoria son una forma de honrar la parte más hermosa que tiene la militancia, que es la lealtad, la amistad y el caminar juntas. Que conste lo mucho que la admiro y quiero.
En el libro menciona el reto que es construir un nuevo partido y señala varias veces que «desde un primer momento» percibía que las prioridades de Iñigo Errejón «eran otras» diferentes a las suyas...
En el libro detallo cómo son esos años hasta que Errejón se monta una escisión con Manuela Carmena. Lo que me interesa analizar para que no nos vuelva a ocurrir es la función que el errejonismo o el yolandismo [por Yolanda Díaz] han cumplido en nuestro país. En el momento en el que la izquierda en el Estado ha tenido más poder en los últimos casi cien años, los sectores más reaccionarios, con la complicidad de la progresía, tuvieron como objetivo que el PSOE fuera el único referente electoral de la izquierda. Lo que han hecho es tratar de anular la capacidad de transformación de la izquierda, que esté débil y no tenga autonomía y capacidad de tomar decisiones al margen del PSOE. Lo que representa el errejonismo, lo que han hecho, no es nada que no pudiera haber hecho el PSOE, excepto una cosa: hacer daño a la izquierda y comprometer las transformaciones. Tenemos que aprender para que no nos vuelva a pasar.
Menciona el espacio de Yolanda Díaz, ¿lo considera igual al errejonismo?
Son diferentes fases de la misma operación política por parte del PSOE y la progresía mediática y política, que ha tenido por objetivo superar a la izquierda y que no pueda tomar ninguna decisión que el PSOE no quisiera. Justamente hemos demostrado estos años que es bueno para España que pasen cosas aunque el PSOE y el poder establecido no las quiera, como la ley LGTBI Trans, la Ley de Vivienda, el impuesto a las grandes fortunas, la intervención del precio del gas... medidas que hace unos años nos decían que eran bolivarianas. Es bueno para España que haya una izquierda autónoma y valiente y usar esa fuerza que da la gente votando para transformar.
«Importa la capacidad política y estratégica, pero sin cuidados, sin sentimiento colectivo, no hay tampoco política», dice en el libro. Una forma de reivindicar la salud mental en tiempos de deshumanización. ¿El objetivo de los poderes fácticos es volver literalmente locos a quienes quieran impugnar al régimen?
Sí, claro. Por mi propia experiencia pero también mis convicciones, me parece que las cosas importantes en la vida nunca se hacen solas sino de forma colectiva. Trato de defender que una tarea política que sea transformadora no puede hacerse si no hay un espacio de cuidados. Eso tiene dos dimensiones; una muy personal, que es que seas capaz de tener un entorno de seguridad y de cuidados; y otra muy política, contraria a ese discurso de que los partidos no sirven para nada, que militar y organizarte es malo, en el fondo un discurso muy antipolítico. Los espacios de organización popular –sean sindicatos, partidos, movimientos...–, ninguno son perfectos, en todos surgen conflictos, pero sin ellos los sectores populares no pueden avanzar en derechos. La organización política es un espacio de cuidado, también cuando hablo del Ministerio. Todo lo que pudimos hacer es porque fuimos un equipo y nuestro adversario lo sabía bien y muchas veces trató de quebrar eso.
Y sobre lo otro que pregunta, el objetivo del poder establecido es frenar los avances e impedir que cualquiera que no sea de los suyos gobierne. Están acostumbrados a ser los dueños del cortijo, son profundamente antidemocráticos y no toleran que haya grupos que no son de los suyos y que la gente les vote. Para eso intentan quebrar a las personas que están ocupando la primera linea, que haya un castigo ejemplarizante, disciplinamiento, y que la gente piense «oye lo que le hacen a ella que es ministra, qué no me harán a mí si me movilizo en mi barrio». Eso ha sido algo que han hecho de forma sistemática contra Podemos, particularmente contra el Ministerio de Igualdad en los años del gobierno de coalición.
En el libro narra mucho sobre el lawfare. ¿Es algo que comparte con los independentistas vascos y catalanes? ¿Cómo se puede combatir?
La guerra sucia judicial y mediática, porque si decimos lawfare no se puede separar de lo mediático, la han ejercido no solamente contra Podemos, también contra los independentistas y movimientos sociales, o la criminalización del sindicalismo, o los Seis de Zaragoza… En España las élites son muy reaccionarias y agresivas, poco capaces de hacer algo por sí mismas que no sea patrimonializar y apropiarse de las instituciones del Estado para desde ellas mandar sin presentarse a las elecciones.
«El Estado español tiene una tarea urgente de democratización del Poder Judicial y mediático, la democracia está en peligro»
El Estado español tiene una tarea urgente de democratización del Poder Judicial y mediático, la democracia está en peligro. Tiene que haber un reparto diferente en el acceso a los medios, no puede ser que funcionen como un oligopolio. Y luego, al igual que los representantes públicos tenemos que hacer declaraciones de bienes, los principales productores y presentadores podrían hacer esas declaraciones ya que de ellos depende el derecho a la información. Sería muy bueno que se conociera la declaración de bienes de Antonio Ferreras y Ana Rosa Quintana. Si Ana Rosa lleva a la banda de neonazis de Desokupa a legitimarles a su programa, si mucha gente sabe que ella tiene un negocio inmobiliario se entenderá mejor por qué lleva a los de Desokupa. Y el Poder Judicial probablemente sea el que menos controles democráticos tiene. Hay que repensar el acceso a la carrera judicial y hacer un trabajo exhaustivo de democratización. Su legitimidad no emana del rey de España sino del pueblo.
Recuerda en el libro la entrada de Podemos al Congreso y cómo el bipartidismo le ponía obstáculos...
Está en la hemeroteca. La alianza que hicieron PSOE, PP y Ciudadanos para poner a Podemos, que era la tercera fuerza en escaños, en el gallinero y darnos menos visibilidad intentaba a través de lo simbólico quitarnos el poder que la gente nos había dado en las urnas. Recuerdos como esos hay muchos. La gente vio por primera vez entrar a gente normal, con rastas, con camiseta y vaqueros. Algo que se ha normalizado pero que en ese momento era anormal y nos lo hacían notar. Son anécdotas que simbolizan que siempre nos han tratado como intrusos, nunca han querido reconocer nuestra legitimidad.
Por eso fue importante romper esa clausula de exclusión histórica y hacer el gobierno de coalición y es importante que no quede como una anécdota sino que se estabilice en el tiempo. Que en el Estado haya una izquierda en el poder y que si es fuerte se consiga avanzar en cosas que con el bipartidismo no se podría.
El mayor cuestionamiento a su gestión fue la ley del «solo sí es sí» y es imposible no valorarla con lo que ha ocurrido en el caso de Gisèle Pellicot. Pero, ¿le cambiaría algo? ¿haría algo diferente?
Después de un año de ofensiva judicial reaccionaria y mediática contra la ley, que en realidad era contra el derecho a la libertad sexual de las mujeres, nos encontramos un beso no consentido a Jenni Hermoso y el movimiento feminista ha sido capaz de poner a todo el mundo a ver que un beso no consentido es violencia, no es la magia del amor sino una forma de violencia. Y aparece un caso como el de Gisèle Pellicot, que vuelve a la idea de que lo que determina la existencia de agresión sexual es la ausencia de consentimiento y no que exista violencia e intimidación por parte del agresor o resistencia activa de la víctima.
«Uno de los momentos más difíciles fue ver cómo el PSOE cedía a esa ofensiva reaccionaria contra la ley por un catedrático que decía que ahora iba a tener que despertar a la esposa antes de tener relaciones sexuales»
Efectivamente para mí uno de los momentos más difíciles de estos años fue ver como el PSOE cedía a esa ofensiva reaccionaria contra la ley y pactaba volver al esquema anterior por una reforma hecha por un catedrático como Javier Alvarez García que decía en prime time que ahora iba a tener que despertar a la esposa antes de tener relaciones sexuales. Ahora es bastante normal escuchar a ministras o al presidente decir que los jueces deben formarse en perspectiva de género y reconocer que hay machismo en la Justicia, pero cuando nosotros explicábamos que la minoría de jueces que elegían rebajar las penas lo estaban haciendo por una mala aplicación de la ley nos respondián que lo que hacían los jueces era solo aplicar la ley. Cuando citábamos las recomendaciones de Naciones Unidas, pasaban de nosotras. Lo mejor es hacer memoria para que la próxima vez no vuelva a pasar lo mismo, nos pille con más capacidad.

La ola reaccionaria global tiene como fetiche de odio al colectivo trans, un sector que ha recibido en su gestión el mayor ascenso de derechos de su historia quizás. ¿Hay riesgo que en el Estado español ocurra lo que está pasando en EEUU o Argentina?
Si en España los sectores reaccionarios tienen poder suficiente para definir leyes, sea porque están en el Gobierno o porque tienen mayoría mas contundente en el Parlamento, uno de sus objetivos serán los derechos de las personas LGTBI y personas trans. Lo que hay que hacer es aún dar más derechos a las personas trans, que sean efectivos y que sigamos avanzando.
Un poco de política estatal. Si usted fuera vicepresidenta, ¿que le sugeriría a Sánchez para desbloquear el Congreso y hacer política transformadora?
Creo que el PSOE y Sánchez están utilizando a Junts y al PNV como excusa para no hacer las cosas que ellos nunca han querido hacer. Dicen ‘nosotros queríamos pero no lo hacemos por Junts y PNV’ y es mentira. Lo más importante para sacar una medida adelante es hacer política, yo tampoco tenia números para sacar adelante la Ley Trans por ejemplo, y el PSOE mismo se oponía y mandaba circulares a toda la organización diciendo por qué no se podían reconocer esos derechos, y lo que he hecho es política, hacer que la gente pueda conversar sobre esa iniciativa e ir convenciendo y modificando posiciones. Implica negociar y renunciar a cosas en el camino. Si una injusticia debe acabar, hay que intentarlo hasta que los números se consigan. El PSOE tiene una relación muy conservadora con las instituciones y cree que el PNV y Junts son leones cuando en realidad son gatitos que están a disposición del poder establecido.
La ministra de Igualdad que le sucedió, Ana Redondo, dijo en ‘La Vanguardia’ que había que cambiar de tono porque no se podía avanzar más con crispación. ¿Qué opina?
Ese ha sido el discurso del PSOE, han tratado de criminalizar todas las formas de luchas colectivas. No conozco ningún avance en derechos que se haya hecho sin incomodar y que gracias a romper el silencio pase a ser normal. Culpabilizar a quienes están poniendo el cuerpo en vez de señalar juntas a los reaccionarios es algo profundamente antipolítico. Si una ministra no puede plantear un tema porque genera crispación, según esa lectura, le dices a la gente que si ves una injusticia ‘mejor cállate porque te van a señalar como el molesto, el incómodo’. Eso es ponerle una alfombra roja a la extrema derecha. Yo sé que este Ministerio de Igualdad que tenemos es resultado de una decisión del PSOE de silenciar, ‘este feminismo incomoda a mis amigos’, dijo. Y el resultado es que ni siquiera están aplicando las leyes.
Usted desea una tercera república. ¿En forma de estado confederal con libre asociación o de qué tipo?
Sí, la plurinacionalidad de nuestro país debe verse reconocida en la arquitectura institucional al más alto nivel. Una república plurinacional y cómo se concrete debería ser parte de un debate constituyente. Sí creo que ninguna fuerza de izquierda estatal ha estado tan comprometida como Podemos en que el Estado tenga una conducción plurinacional y feminista. Todos los avances fueron posibles en el Gobierno de coalición porque había una articulación entre EH Bildu, ERC y Podemos. Para nosotros fue muy importante. Insisto en que tanto Euskadi como el Estado español necesitan una izquierda fuerte y autónoma del PSOE que se coordine con él sin subordinarse y sea capaz de transformar.
«La plurinacionalidad tiene que verse reconocida en la arquitectura institucional al más alto nivel. Esto debería ser parte de un debate constituyente»
¿Está conforme con no haberse ido de embajadora a Chile?
[Se ríe fuerte] Ese tipo de propuestas que hizo Yolanda a Ione explicando que yo podía tener una buena salida política significa que no nos conocen muy bien. Estamos en política porque queremos transformar las cosas y la gente que piensa como nosotras y tiene la oportunidad para transformar se deja la piel en ello. Y cuando la tiran al suelo y se cae, se levantan y a luchar hasta vencer hasta luego volver a caer. Y en eso es en lo que estamos, en conseguir una izquierda fuerte con capacidad de cambiar las cosas.

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