La mentira masiva sobre ETA ni empezó el 11M ni se ha acabado en los medios
Este domingo noche se ha difundido de nuevo el documental de Évole sobre el 11M que ganó el Premio Ondas. Muestra, de modo algo edulcorado, cómo algunos medios españoles se desligaron de la «mentira masiva» del PP. Las «fake» sobre Pasaia o Rosa Zarra han durado más. Y otras muchas perviven...

Reciente aún un nuevo aniversario de la masacre de Atocha, en La Sexta se ha repuesto este domingo noche un documental de Jordi Évole sobre el papel de medios españoles en los atentados del 11M. Hablan en el mismo tres periodistas que estaban entonces en la Ser –Iñaki Gabilondo, Mamen Mendizábal y Javier Álvarez–, tres de la televisión pública española –Josep Puigbó, Fran Llorente y Óscar González– y dos de ‘Abc’ –José Antonio Zarzalejos y Cruz Morcillo–.
La tesis del documental ya es algo reiterativa a estas alturas, 21 años después. Subraya que hubo medios españoles importantes que no compraron la mentira expandida por el Gobierno Aznar intentando achacar la matanza a ETA en aquella antesala electoral de 2004. Incluido ‘Abc’ hasta cierto punto, lo que le costó miles de suscripciones y el posterior cese de Zarzalejos.
También sugiere que aquel fue el primer gran «fake» en tiempos en que la verdad aún tenía estatus predominante en la producción y el consumo informativo. No existían técnicamente, como concepto, la «posverdad», ni los «hechos alternativos», ni la viralidad basada en medias verdades y distorsiones.
Personalmente, las conclusiones de Évole me parecen algo edulcoradas y muy parciales. Una reconstrucción minuto a minuto de lo que ocurrió en aquellos dos primeros días tremebundos no apunta precisamente a que los medios españoles fueran la avanzadilla de la verdad, aunque efectivamente –¡cómo no!– marcaran distancias respecto a la infame huida hacia adelante del PP.
Además, faltan voces: Arnaldo Otegi fue el primero que dejó clara su convicción de que era un ataque yihadista, el mismo 11 de marzo por la mañana, creo que fue Josep Lluís Carod Rovira quien desde Catalunya anticipó lo que pensaban ya las cancillerías europeas, y si hablamos de medios, sin falsa modestia y desde nuestra pequeñez GARA tuvo un papel relevante, no menor que el de los tres protagonistas de Évole. Aquellas 88 horas están contadas aquí.
El tema no da más a estas alturas de la Historia. Pero la cuestión de fondo, sí. Y es que esta emisión ha venido a coincidir con dos noticias concatenadas que tienen que ver con las mismas mentiras oficiales y los mismos acompañamientos mediáticos: bahía de Pasaia y Rosa Zarra.
Para cuando ocurrió el engaño masivo frustrado del 11M habían pasado 20 años desde que la Policía española ametralló, sin piedad ni ahorro de balas, a los cuatro militantes de los Comandos Autónomos Anticapitalistas. Y aquella inverosímil versión oficial del tiroteo se ha sostenido en la generalidad de los medios durante 21 años más, hasta que el Gobierno de Lakua los ha admitido oficialmente como víctimas la pasada semana. La patraña de Atocha duró un par de días; la de Pasaia, 41 años.
Unos días después también han asomado «rectificaciones» a dos columnas, de tapadillo, en el caso de Rosa Zarra. La mató el pelotazo de la Ertzaintza, claro está, claro estaba. Para que esa conclusión llegara a la gran parte de los medios –a otros ni eso– ha tenido que reconocerlo el mismo gobierno que entonces lo negó desde el departamento de Interior. Y bien está lo que bien acaba, pero esta vez tampoco han sido dos días (no hacía falta mucho más), sino casi 30 años.
Igual que no hay tortura sin torturadores, tampoco hay mentira sin mentirosos, por cierto. Un ejercicio periodístico interesante y reparador sería hoy preguntar a Julen Elgorriaga y Juan María Atutxa por qué y para qué mintieron sobre Pasaia y Rosa Zarra, igual que Évole hizo con José María Aznar sobre el 11M [spoiler previsible: Aznar sigue diciendo que no mintió].
Hay otra opción sobre la mesa de muchos despachos y redacciones: no esperar al próximo informe oficial de las comisiones de valoración de casos de violencia estatal, sino anticiparse, aunque sea con años o décadas de retraso. Se podía empezar por lo más evidente: en la Foz de Irunberri no hubo un doble suicidio, los tres muertos de Morlans no cayeron en un enfrentamiento, Unai Romano no se chocó con una puerta, Iratxe Sorzabal no sufría dermatitis...

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