Ion Salgado
Aktualitateko erredaktorea / redactor de actualidad

Arrancan las obras y arrecian las críticas al centro de refugiados de Arana: «No es el modelo»

Solo el PSE avala la apertura de un centro de acogida para personas refugiadas en la antigua Clínica Arana de Gasteiz. Asociaciones vecinales reclaman un uso geriátrico de las instalaciones, y grupos políticos han censurado el modelo: «Nadie defiende un centro de 350 plazas».

Concentración celebrada este martes frente al Ayuntamiento de Gasteiz.
Concentración celebrada este martes frente al Ayuntamiento de Gasteiz. (Endika PORTILLO | FOKU)

Hace unas semanas comenzaron las obras en la antigua residencia de Arana, en Gasteiz, que va a convertirse en un Centro de Acogida de Protección Internacional (CAPI) con capacidad para 350 personas refugiadas. Una idea rechazada por asociaciones vecinales y por los grupos políticos. De hecho, solo el PSE, que gobierna en coalición con el PNV, avala la apertura de una instalación diseñada y financiada con 16 millones de euros por el Gobierno español.

«El proyecto de Arana no es un proyecto que nosotras impulsaríamos, no responde al modelo de atención descentralizado, comunitario y cercano que defienden las asociaciones del sector, ni tampoco al modelo de EH Bildu», apuntó el edil soberanista Alberto Porras en el pleno del pasado viernes, cuando incidió en que «no creemos que nadie defienda un centro de 350 plazas, algo que está absolutamente denostado». «No es adecuado. No hay nadie, ni un técnico que defienda este modelo, porque no ayuda a la inclusión a la atención personalizada. Responde a un modelo de lowcost, de parcheo», aseveró.

Apostó por «basar este debate en las personas y en sus derechos»; y advirtió de que «el reto para atender el derecho de asilo es grande, y exige de colaboración y estrategias consensuadas entre las diferentes instituciones». «Tenemos que disponer de las mejores herramientas para garantizar este derecho, pero, por desgracia, en Euskal Herria se nos niega disponer de nuestras propias políticas migratorias», añadió antes de exigir la transferencia de las políticas de migración a Lakua para poder desarrollar «un modelo de cogida e inclusión propio. Porque todos sabemos que si este tema se hubiera decidido aquí, ningún partido se hubiera atrevido a hacer esta barbaridad».

Estas ideas van en línea con la postura planteada por Elkarrekin, e incuso por el PNV, que, por boca del concejal de Políticas Sociales, Lucho Royero, aseveró que «sería mejor que este centro no se pusiera en marcha, tal y como se ha planteado».

Al PP tampoco le gusta el centro, pero no por el modelo, sino por la llegada de personas migrantes solicitantes de asilo a Gasteiz. Y esta diferencia, así como la debida obediencia de los jeltzales al pacto de gobierno suscrito con el PSE, hicieron imposible acordar este viernes una moción que diese respuesta a las críticas advertidas por asociaciones del tercer sector social y agentes vecinales, como Babestu Araba y Zazpigarren Alaba.

«Alcaldesa dimisión»

Ambas asociaciones, encabezadas por Guillermo Perea, han celebrado reuniones abiertas a vecinos y vecinas en los barrios de Arana, Arantzabela, Aranbizkarra y Santa Luzia. Y este martes se han concentrado frente la Casa Consistorial, en la plaza Nueva, para volver a pedir que la Clínica Arana se destine a usos geriátricos, función que tenía hasta su cierre hace más de una década.

«Planteamos una residencia pequeña de 50 plazas, y 40 plazas de centro diurno. Es justo», ha manifestado Perea ante los congregados, ante los que ha reivindicado un modelo público de cuidados. «No hay espacios en la ciudad para residencias públicas, prefieren tirar con las privadas», ha denunciado tras preguntar «quién puede pagar 3.500 euros» en centros levantados por la Diputación y gestionados por empresas privadas: «Hacen plazas para quien tiene dinero».

Además, ha cargado duramente contra la alcaldesa, Maider Etxebarria, del PSE, acusándola de mentir y pidiendo su dimisión. «Hay que decirle al PSOE que está provocando que la extrema derecha salga», ha manifestado, y ha cuestionado la legalidad del centro, que, según él, no se ajusta al uso recogido en el Plan General de Ordenación Urbana. «No tenis legitimidad», ha subrayado.

A la vista está que el centro de refugiados de Arana suscita rechazo a izquierda y derecha en Gasteiz. Los primeros, al igual que las ONG, reclaman un modelo descentralizado para atender a las personas refugiadas; y los segundos no esconden su rechazo a los migrantes. Basta con recordar que Javier Maroto les acusó de vivir de las ayudas sociales. Un mensaje que parece sigue vivo. En un cartel se podía leer: ‘Arana para los alaveses’.