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Un Messi más maradoniano que nunca lleva en volandas a una Argentina desatada

Gane o pierda la final, es el actual dios del fútbol y, aunque ya no tenga la velocidad de antaño, dejó una jugada para la posteridad en el tercer tanto de las semifinales ante Croacia. Todo un país, y gran parte del mundo, vibran con el descomunal talento de un jugador irrepetible.

Messi celebra con sus compañeros el pase a la final.
Messi celebra con sus compañeros el pase a la final. (ANTONIN THUILLIER | AFP)

Messi quiere poner el broche de oro a su carrera conquistando el Mundial para Argentina. A sus 35 años es consciente de que puede ser su última oportunidad y se ha erigido en el líder de todo un país. El fútbol es mucho más que un deporte en Argentina, una pasión que alcanza la locura, un sentimiento, que no se puede parar. Son palabras que forman parte de una de las canciones que entona la hinchada de la albiceleste en cada partido.

La temporada pasada Messi se quitó un gran peso de encima al ganar la Copa América con su selección y llegaba a Qatar como una de las claras favoritas para la victoria. El tropezón en la jornada inaugural ante Arabia Saudita les sirvió como cura de humildad y de aprendizaje para hacerse fuertes frente a las adversidades.

Probablemente, no hubieran sido capaces de reaccionar y levantarse en el partido de cuartos contra Países Bajos tras el empate a dos en la última jugada que llevó la eliminatoria a la prórroga. Van Gaal y sus jugadores supieron tocar las teclas oportunas y sacar de quicio a los argentinos. Tampoco es que sea complicado ya que los Otamendi y compañía entran al trapo con facilidad. El balonazo al banquillo de Paredes tras hacer una falta dura e innecesaria en medio campo fue la demostración de que estaban fuera de sus casillas.

Y también Messi. El astro argentino estaba dolido, enrabietado y celebró el tanto de penalti haciendo el gesto del Topo Gigio. Era una reivindicación de Riquelme, un futbolista que tuvo sus más y sus menos con Van Gaal. También Di María cuando coincidieron en el Manchester United. El técnico holandés, veterano y habilidoso, soltó en la previa que jugar con Messi era defender con uno menos.

Acusado de «pechofrío» en su país por no tener ese caracter bravo que tenía Maradona, que era un líder natural sobre el campo, un pibe de la calle y canchero. Diego nunca se mordía la lengua y arremetía contra cualquiera como en aquella pelea provocada en la final de Copa ante el Athletic.

Messi siempre ha sido más comedido en todas sus manifestaciones y actuaciones dentro y fuera del campo. Son contadas las ocasiones en las que se le ha visto alterado como cuando perdió la Supercopa contra el Athletic y golpeó a Villalibre. «Se ha enfadado», se limitó a señalar con toda naturalidad al acabar el partido el delantero de Gernika sorprendido por lo ocurrido.

Sin embargo, en este Mundial está desatado. Ahí queda la frase «qué miras bobo» a un jugador holandés tras acabar el partido. Asimismo, se le ve totalmente concentrado, con el rostro serio y metido en todas las acciones. No corre como antes. Es evidente. Y se le ve tocarse el muslo continuamente. Da la impresión de que tiene algún dolor o molestia física. Regula sus apariciones, pero sigue siendo imparable con la pelota.

El increíble pase que metió a Nahuel Molina para abrir el marcador ante Países Bajos y la jugada del tercer gol contra Croacia son dos de las acciones que quedarán grabadas en la memoria colectiva. Esa habilidad innata para irse de cualquier rival. Gvardiol había completado un excelente Mundial a nivel defensivo y su imagen quedó por los suelos persiguiendo al argentino sin poder quitarle la pelota. Se fue hasta la línea de cal y sirvió en bandeja el gol de Julián Álvarez.

Lleva cinco goles, tres de penalti, y tres asistencias en Qatar. Falló la pena máxima contra Polonia en la fase de grupos, pero no se vino abajo y ha asumido la responsabilidad en los momentos decisivos.

Messi está hiper motivado y el domingo quiere hacer historia. Gane o pierda, será recordado como el mejor futbolista. Nadie ha conseguido rendir a su nivel durante tantos años. Los muchachos han vuelto a ilusionar. Quieren alzar la tercera copa mundial. Es lo que dice el himno que se han sacado para esta cita. Con Maradona y las Malvinas siempre en el recuerdo.

Reconocimiento a la leyenda de Modric

Croacia afronta el fin de un ciclo espectacular. Luka Modric, guía y faro de la selección dálmata, ha completado una actuación de sobresaliente a los 37 años. No estuvieron a la altura a nivel defensivo en la semifinal contra Argentina y se tendrán que conformar con la pugna por el tercer y cuarto puesto del sábado. Eso no quita que los balcánicos han vuelto a ser uno de los mejores equipos del torneo. Su carácter competitivo y sangre fría les sirvió para eliminar a Brasil y han estado cerca de repetir la hazaña de 2018 con el subcampeonato. Dos décadas antes acabaron en tercera posición en su estreno como país en los mundiales.

Modric ha liderado una generación impresionante. Seguro que tendrá relevo porque Croacia es un país que cuida y ama el deporte. Sin embargo, será complicado que aparezca otra figura con el talento de Modric. Todavía se desconocen sus intenciones, pero el seleccionador le sustituyó en los últimos minutos del choque ante la albiceleste para que fuera homenanejado por la grada. Sonó a despedida.

Messi se abraza con Modric en los prolegómenos de la semifinal. (Kirill KUDRIAVTSEV / AFP)
Messi se abraza con Modric en los prolegómenos de la semifinal. (Kirill KUDRIAVTSEV / AFP)

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