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Ranieri y su Roma, el último arreglo del ‘Tinkerman’

El técnico de la Roma, autor de una de las mayores hazañas de la historia con el Leicester, viaja a San Mamés confiado en su experiencia como entrenador en la Liga con Valencia y Atlético Madrid. La vuelta que ha dado a un equipo que parecía deportivamente muerto ha sido sobresaliente.

Ranieri bromea con Valverde en el partido de ida en el Olímpico. (Giuseppe Maffia | AFP)

Si naces en Roma y tu familia te da el nombre de un emperador romano, la gente capitolina solamente te puede querer. Claudio Ranieri es un romano auténtico, y ‘romanista’ también, protagonista inesperado de un club que estaba de capa caída y que ha encontrado la salvación en un viejo conocido.

Experimentado, preparado, irónico, ganador aunque pocas veces reconocido, quitando el increíble, absurdo, milagroso triunfo con el minúsculo Leicester en la Premier League en 2016. Si hay un reto, ‘Sor Claudio’ está allí para afrontarlo. Y el siguiente es conseguir el pase a los cuartos de final de Europa League en San Mamés este jueves contra el Athletic con su equipo literalmente transformado, la Roma.

‘El reparador’ y ‘El lonchita’

Cuando en setiembre los leones pisaron por primera vez esta temporada la cancha del Olímpico, la Roma era un polvorín: destitución del entrenador De Rossi, una dirección deportiva inexistente... y todavía faltaba lo peor con Ivan Juric en el banquillo (el croata ahora mismo es colista en la Premier League con el Southampton).

Después de una horrible derrota 2-3 en casa contra el Bolonia el pasado 10 de noviembre, llegó otra revolución técnica, gestionada por «el flotador de siempre»: Claudio Ranieri. Por tercera vez llamado a ayudar al equipo a media temporada, tuvo que remangarse mucho para volver a ver el cielo. El punto más bajo, el 2-0 en Como contra el equipo de Cesc Fabregas, poco antes de Navidad, aplastado por la joven estrella Nico Paz.

A partir de ahí, a la manera de un fontanero de primer nivel, el equipo empezó a achicar agua, hasta llegar a ganarle la partida la pasada semana a un Athletic muy en forma.

Si la Roma de momento es séptima en la Serie A italiana, desde que se sentó Ranieri en el banquillo giallorosso la clasificación estaría realmente así: Inter 36 puntos, Nápoles 34, Roma y Atalanta 33. Es decir, sería tercera. Y líder virtual en los 9 partidos de la segunda fase.

Desde que llegó la Roma sería realmente tercera en la Serie A, a apenas tres puntos del Inter, tras decisiones lógicas, un mercado de invierno inteligente, y sobre todo haber recuperado el ambiente

Algo increíble pero que realmente no resulta nada raro en la carrera de un ‘Tinkerman’, el apodo que ‘Sor Claudio’ se ganó durante su época en Inglaterra, ‘El reparador‘. La receta ha consistido en dar confianza en un Paulo Dybala que no sabía ni cuando se le iba a terminar el contrato, reanimar a una zaga deprimida recuperando a gente como Celik que se había convertido en carne de memes, poner las piezas en su sitio (el lateral Angeliño) y, sobre todo, recuperar el ambiente, con su mera presencia.

Una hinchada tan dicotómica, donde todo es blanco o negro, no hubiera podido admitir otro fracaso tras un gradual alejamiento de la propiedad estadounidense, que mientras tanto ha comprado el Everton inglés. Nada mejor que «uno de la familia», un hincha como todos los demás, alguien que tiene suficiente crédito como para no tener que justificar nada. Uno no solamente ‘romanista’ sino además romano de pura cepa, del barrio aún muy auténtico de Testaccio, corazón de los tifosi locales. En Testaccio su apodo no es ‘El reparador’, sino ‘Er Fettina’, (‘El Lonchita’) puesto que su padre era  carnicero, y el joven Claudio, uno de sus repartidores. 

El resto de la resurrección ha venido de la mano de un mercado inteligente en enero, que ha permitido a Ranieri tener dos equipos casi distintos: uno para Europa League, otro para Italia. Los resultados han salido sobresalientes, puesto que después de aquella derrota en Como han llegado solamente dos derrotas.

El milagro de Leicester y aquel gol de Mendieta

Ranieri tiene un antes y un después muy claro: abril de 2016, la inverosímil victoria en la Premier League con el Leicester, equipo inexistente en cuanto a títulos hasta aquel entonces y transportado ya a la inmortalidad. Sus ‘Malditos Bastardos’ como Vardy, Mahrez, Kanté, Fuchs, el portero Schmeichel, el olvidado Drinkwater... todos se alinearon en la temporada perfecta aunque en la siguiente le harían un poco la cama al entrenador, destituido pero nunca olvidado.

Hasta 2016 no es que el entrenador de Testaccio fuese un pringado pero por ejemplo José Mourinho (otro que en Roma conocen muy bien) le tomaba el pelo por su escasa modernidad y porque hablaba mal el inglés. Para entonces Mourinho se ha convertido en uno de los mayores simpatizantes de su «exenemigo», quien había estado al frente del Chelsea junto antes de su época dorada con el portugués.

Acabó en Londres, Ranieri, después de una carrera ya bastante larga, más de una década entre banquillos periféricos italianos y algunos títulos ganados de manera esporádica, un poco casual (Fiorentina, Valencia...) Una trayectoria sin inflar mucho el pecho, minimizando siempre: el Nápoles post-Maradona, la Fiorentina en la segunda división... hasta el aterrizaje en la Liga con Valencia y Atlético de Madrid.

Fue con los ches cuando recaló en esta competición, obviamente como ‘Tinkerman’, sustituyendo a Jorge Valdano. Y abrió una etapa muy exitosa, que le garantizaría otra llamada posterior desde Mestalla en 2004, después de la experiencia con el Chelsea.

Su éxito en el Valencia empezó a gestarse con un 0-3 en San Mamés allá por 1998, con un golazo de Gaizka Mendieta

El éxito de Ranieri en Valencia empezó a gestarse con aquella victoria en San Mamés el 15 de febrero de 1998: un 0-3 con la estrella de Gaizka Mendieta iluminando a la Catedral. El gol del lekittarra, caracoleando entre los defensas rojiblancos después de una carrera desde casi medio campo, fue una verdadera maravilla.

En total contra el Athletic en San Mamés ha jugado cuatro partidos, ganando aquel día, empatando en otra ocasión y perdiendo dos encuentros.

Alineaba entonces a sus hombres en un granítico 4-4-2 muy noventero, y realmente muy poco ha cambiado el entrenador de Testaccio desde entonces. Puede que el 3-4-2-1 con lo cual va a jugar el jueves sea distinto en cuanto a la alineación, pero entre por ejemplo la dupla Ilie-Claudio López y esta actual Dovbyk-Dybala las diferencias son escasas.

A Ranieri los ‘romanistas’ le conceden todo, y con razón. Ya ha dicho que no va a seguir la temporada que viene, aunque a sus 73 años, todavía no se va a jubilar. Seguro que si llegase otra llamada en apuros desde el club de su vida –aunque de jugador militó casi todo el tiempo en el modesto Catanzaro– podría hasta dejar de comer la pasta carbonara cocinada por su mujer Rosanna: «La mejor del mundo».