Miguel Gómez

Votar sin libertad es «facha»

El término «facha» es una vulgarización de la palabra «fascista» y es la que nombra a la persona socialista del Estado, a la que tiene esa creencia. La doctrina fascista, que procede de pensadores e ideólogos como Gentile o de Benito Mussolini, es la del amor hacia el Estado.

La frase «todo en el Estado, nada contra el Estado» de Benito Mussolini resume muy bien la esencia del fascismo y explica el amor hacia el Estado que caracteriza a todo fascista.

Un fascista, la persona que cree en el fascismo, no percibe al Estado, que tiene el monopolio de la coacción y la violencia, como un mal necesario, sino como un bien supremo. El fascista esencialmente desconoce la diferencia entre la nación y el Estado y tiene la concepción empresarial y corporativista de un todo, de una unidad de poder absoluto del Estado.

En España, donde no hay democracia sino un Estado de partidos, no existe la representación política, no se elige a representantes, a individuos uninominalmente, por su nombre y sus dos apellidos, sino que se ratifican unas listas que sirven al propósito de que el poder de los partidos se reparta por cuotas y así integrar, a través de ellos, a las masas dentro del Estado.

Por todo esto es imposible que una persona que se abstiene, que no vota para apoyar a las facciones de esta monarquía, sea fascista, porque para serlo tendría que buscar ante todo la integración de las masas dentro del Estado, que es lo que fundamenta a la doctrina fascista.

Un fascista es quien vota, sin existir libertad política y con el único propósito de apoyar y legitimar al poder estatal, sea cual sea la forma de gobernar o los individuos que gobiernan. La creencia en el fascismo lleva a la situación acomodaticia y aquiescente con el régimen de poder estatal, sin control ninguno por parte los gobernados, y para ser sometido por él.

Yo no soy fascista, por eso yo no voto mientras no haya libertad política colectiva.

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