7K - zazpika astekaria
GASTROTEKA

Conduce, para, come y sé feliz

Hay maneras de viajar, pero para el chef de 7K moverse significa una oportunidad de compaginar el trayecto con paradas para desayunar, comer o cenar rico en alguno de los establecimientos que quedan de paso. Burgos es uno de los lugares que encaja en este plan, y su oferta convence.

(Getty)

Amigos, familia, nunca está de más recordar que realizar un viaje largo no es sinónimo de comer mal. Hasta hace algún tiempo, yo también daba por hecho que un viaje de más de tres horas en coche implicaba, si se daba en horas de ingesta, un dolor de estómago y cabeza por no poder comer rico. No sé si a vosotros también os pasa, pero para mí, todas y cada una de las veces que como o ceno, busco un mínimo de disfrute en cada bocado. Si tengo delante un plato de porrupatatas, disfruto con el sabor y la textura de la patata, poniendo todos los sentidos que me puedan ayudar a que esto se dé así, a trabajar en equipo. No soy una persona a la que le guste perder el tiempo, aunque sí valoro la siesta. La entiendo como una inversión en mi calidad de vida. Algo así como un pequeño lujo al que no siempre puedo acceder, pero me equilibra cuando la necesito.

Queda claro que valoro mi tiempo y todo lo que ocurre en este pero, sobre todo, valoro mi tiempo si hablamos de las cosas del comer. Y, conduciendo, dependiendo del trayecto, también se me van las horas y el hambre.

Últimamente me ha tocado conducir largo. Largo y en más de una ocasión. Lejos queda la época en la que las paradas de los viajes y el hambre a saciar en estas se solventaban con lo primero que me topaba en la barra de un bar de carretera o un sándwich de plástico. Ya hace algún tiempo que los viajes se planifican o, mejor dicho, los trayectos se planifican pensando en dónde se va a comer de camino a algún sitio o en dónde se va a parar a hacer el hamaiketako de camino a otro.

El vivir donde vivimos y tener que pasar el 90% de las veces por Burgos, ya sea para ir o para volver de donde vengamos, hace que sea muy pero que muy difícil resistirse a parar en Alfoz o en Landa. Esta última vez, en Landa, a la ida, para el desayuno, cayeron un par de reinosas (hojaldre azucarado) y, a la vuelta, aprovechando el natural sentido de la carretera, me comí el mejor cordero que he probado en mucho tiempo, en Alfoz. Lo curioso es que el camarero que nos atendió nos atendía con detalles en euskara y esto hizo que al rato nos diéramos cuenta de que el 80% de las mesas que estábamos allí éramos euskaldunes. Qué casualidad, ¿no?

Nada más lejos de la realidad. Lo de Alfoz es un secreto a voces y, teniendo el vicio que tenemos en el cuerpo más de uno con las cosas del comer, me extraña no haber parado allí antes. Disfrutamos de una morcilla de Burgos asada a la parrilla. Sencillamente brutal. Me asusté con el tamaño al principio, pero resultó un bocado fino, nada pesado e increíblemente sabroso. Siguieron unos pimientos asados, servidos fríos, con un poco de panceta ibérica crujiente. Familia, 1+1 son dos. Impecable combinación y mejor ejecución. No es de extrañar que ganaran el último concurso estatal de parrilla. Ahí es nada…

APRENDER

Puede parecer mucho para una parada de carretera, pero creedme que parar y comer con mantel y buenos cubiertos, si es para dar sentido a la locura que todavía no os he contado, tiene sentido. Llegó el ¼ de lechazo. Me tengo que contener para no sobrepasarme con lo que opino de este bocado. Qué puñetera pasada. Jugoso, tierno, sabroso… es que ningún pero para el bicho. No quiero con esto desmerecer los corderos que aquí nos comemos y son locales, pero es que un cordero de Burgos en Burgos, es local. Y, si allí saben prepararlo así, aquí también deberíamos. Entiendo que hay grandes diferencias y que la magia está ahí, pero creo que podemos llegar a disfrutar tanto como yo disfruté con este bicho burgalés, con un bicho de aquí.

Comimos increíblemente bien y “barato”. Pagamos por lo contado + un postre y dos copas de vino + cafés, 100 euros en total. 50 por barba. A mí, la felicidad de ese día me salió barata. Os juro que pocas veces he sido tan feliz comiendo, disfrutando tanto y a tan bajo precio en proporción.

Conducir largo se puede convertir, por tanto, en un plan gastronómico. Cada vez tenemos más información a mano con la que montar un plan perfecto en carretera y disfrutar a otro nivel de las cosas del comer. No importa si nos desviamos un poquito. A lo mejor, descubrimos también un pequeño paraíso… ¡Quién sabe! Todo se resume al querer y al hambre que lleve uno mientras conduce. En mi caso, cuando me pilla, por lo general, suele ser grande.

Y aquí podría contaros / invitaros a que dejéis marcados en vuestros siguientes viajes cuáles son las paradas obligatorias que vais a realizar, pero no. Antes de esto, si no planeáis viaje alguno en algún tiempo, y lo que habéis leído os ha abierto el apetito, aquí van un par de sugerencias para que disfrutéis en casa de un buen plato de morcilla de Burgos, como mandan los cánones.

Buscad una morcilla buena, que sepáis que está hecha con cariño, una morcilla a la que le han cantado por las noches mientras se oreaba. Para los primerizos en las cosas del comer, hablamos de la morcilla de Burgos, morcilla de arroz. Una vez seleccionada, cortadla en rodajas de un dedo de grosor, saladlas y enharinadlas. Calentad aceite en un cazo como para que estas se puedan sumergir por completo y esperad a que el aceite humee. Una vez el aceite esté listo, freíd las rodajas de morcilla enharinadas durante un minuto aproximadamente y escurridlas en papel absorbente.

Por otro lado, freiremos en una sartén sin aceite unas láminas finas de panceta o papada de cerdo ibérico. Bien estiradas y sin que se superpongan, a fuego medio, hasta que se doren. Y, por último, y aquí viene el giro inesperado, vamos a preparar una vinagreta con cebolleta y pimiento rojo. Vamos a picar una parte de pimiento rojo italiano por dos partes de cebolleta tierna. La picada que sea lo más fina posible. La aliñamos con vinagre de manzana y aceite del bueno, ponemos a punto de pimentón dulce, pimienta negra y sal, y reservamos en frío. Colocamos en una bandeja toda la morcilla y la panceta calientes y las aliñamos con la vinagreta.

Os va a faltar pan. Así que, si tenéis que salir a comprarlo y para ello tenéis que coger el coche, podéis conducir, parar, comer y ser felices. On egin!