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Golpe judicial de 665 millones a Greenpeace y la protesta climática

Greenpeace ha sido condenada a indemnizar con 665 millones de dólares a la empresa Energy Transfer por las protestas de los lakota contra la construcción de un oleoducto. La decisión pone en peligro la existencia de la ONG, pero también los movimientos de protesta.

Acto de Greenpeace en Berlín para llamar la atención sobre la crisis climática.
Acto de Greenpeace en Berlín para llamar la atención sobre la crisis climática. (Kay NIETFELD | AFP)

Un jurado popular dictó el miércoles que la organización Greenpeace debe pagar 665 millones de dólares en daños y perjuicios a la empresa Energy Transfer (ET) por incitar unas protestas contra la construcción de un oleoducto de la compañía que, según la sentencia, «degeneraron en actos de vandalismo».

El jurado declaró a Greenpeace, de origen canadiense,pero con su sede en Países Bajo, responsable de «difamación», entre otras demandas presentadas por Energy Transfer, que le acusó de instigar las protestas de la tribu lakota de Standing Rock en 2016 contra la construcción del oleoducto Dakota Access, en el norte del país, que retrasaron el proyecto y elevaron los costos.

La empresa energética, con sede en Dallas (Texas), reclamaba 300 millones de dólares (unos 287 millones de euros), una cifra que la propia organización ecologista declaró que pondría en amenaza su existencia. En su demanda, ET incluía a Greenpeace International, Greenpeace Inc y Greenpeace Fund.

EL SLAPP

Greenpeace había negado las acusaciones de Energy Transfer, alegando que simplemente apoyó esas protestas y no es responsable del desarrollo de las mismas.

El jurado, compuesto por nueve personas, tomó su decisión tras dos días de deliberaciones en un tribunal de Dakota del Norte al término de un juicio que duró casi un mes.

El caso ha sido denunciado como un ejemplo de Demanda Estratégica contra la Participación Pública (Slapp), un tipo de litigio civil cada vez más utilizado por corporaciones, políticos y otros grupos poderosos contra activistas, opositores o periodistas.

Durante las protestas, que tuvieron lugar entre 2016 y 2017, miles de personas acamparon durante meses argumentando que el oleoducto se estaba construyendo en tierras sagradas y que podía suponer un peligro para el suministro de agua. Cientos de manifestantes resultaron heridos y arrestados, lo que provocó la preocupación de la ONU por la violación de la soberanía de los pueblos indígenas.

Según “The New York Times”, el cofundador y presidente de la junta directiva de Energy Transfer, Kelcy Warren -uno de los mayores donantes en la última campaña presidencial de Donald Trump-, aseguró en un vídeo proyectado durante las alegaciones finales del juicio que los manifestantes crearon «una narrativa totalmente falsa».

Uno de los abogados de la empresa, Trey Cox, afirmó durante el proceso que «Greenpeace tomó un asunto local pequeño y desorganizado, y lo explotó para cerrar el oleoducto y promover su propia agenda egoísta», según recoge el medio neoyorquino en su información sobre el caso.

ACABAR CON EL ACTIVISMO

Deepa Padmanabha, de Greenpeace USA, por su parte, criticó el «desprecio» de la Justicia por las voces de la tribu lakota de Standing Rock, afirmando que el grupo empresarial intentó distorsionar la realidad exagerando el papel desempeñado por la organización.

En un post en su página web escrito antes de que se diera a conocer el veredicto, la organización aseguraba que, con esta demanda, Energy Transfer «ha utilizado el sistema legal estadounidense como arma para intentar silenciarnos en un momento en que nuestras voces son más necesarias».

Calificó la demanda de «abusiva» y «diseñada para acabar con el legado de 50 años de activismo medioambiental de Greenpeace».