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8

La técnica por encima de (casi) todo


El éxito de la serie “Adolescence” ha suscitado un interesante debate en torno al empleo de los planos secuencia. Si bien este recurso puede constituir un aporte artístico significativo, su utilización con fines meramente promocionales corre el riesgo de disimular otras carencias narrativas o formales. La presencia de un plano secuencia, por sí sola, no eleva la calidad de una obra audiovisual; lo verdaderamente relevante es la manera en que dicho recurso se integra y contribuye al desarrollo de la historia.

La nueva propuesta del donostiarra Julio Medem, “8”, narra una historia de amor contada presicamente en ocho planos secuencia con ocho épocas decisivas de la reciente historia del Estado español como telón de fondo. El objetivo del uso de los planos sin corte es reflejar en el ritmo y el sentido de la película la misma sensación de retorno al origen que el número 8 simboliza con su perfecta simetría.

Su uso técnicamente es notable, pero a medida que avanzan los minutos va dejando cierta sensación de que la técnica es la que se impone por encima de todo: en su afán de ajustar cada detalle con precisión milimétrica, la historia y los personajes pierden fuerza y se desvanecen poco a poco.

La actuaciones de Javier Rey y Ana Rujas son destacables, aunque la cámara parece enfocarse más en mantener la cohesión visual que en enfatizar las emociones de los personajes.

Medem logra plasmar escenas de indudable belleza y emoción, y su intento de condensar décadas de historia y sentimientos en una propuesta cinematográfica tan personal es, sin duda, ambicioso y valiente.

Sin embargo, ese esfuerzo se diluye en un melodrama excesivo que, lejos de conmover, termina por caer en los lugares comunes de un culebrón bastante decepcionante.



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