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Turisteo en la Iruñea de los Caídos

El Monumento a Los Caídos pasa prácticamente desapercibido para los turistas que acuden a la ciudad. No obstante, mantiene una relación con la Plaza del Castillo, que se encuentra en la otra punta de la Carlos III. Sus adeptos siguen blanqueando la historia.


Los Caídos tiene una puntuación de 3,5 sobre 5 entre usuarios de TripAdvisor que recomiendan qué visitar en Iruñea. Según el ránking de la principal red social para viajes, ocupa el puesto 48º de las «68 cosas que hay que hacer en Pamplona». Pero ni siquiera en esa plataforma digital el debate resulta pacífico. El usuario Knen33, que esconde su identidad tras la foto de un perrito de lanas, lo describe así: «Gran edificio en desuso. Olvidado por los diferentes gobiernos por el simbolismo que tiene de épocas pasadas. Con recientes polémicas por cuál va a ser su uso. Tiene un estanque delante». Un poco más abajo, Manoel D. comenta esto que sigue: «Feo y ofensivo. Como en otras ciudades, se mantiene la glorificación de un golpe de estado contra el gobierno legalmente constituido. Además es una mamarrachada sin gracia ninguna».

Un análisis más pormenorizado revela que notable raspado de 3,5 puntos está trampeado. La mayoría que evalúa alto el lugar y lo señala como interesante son vecinos de Iruñea que por sus descripciones demuestran querencia hacia el franquismo. Pero una vez hecha la criba, no todo es falso en esas opiniones. También hay un belga que se queda boquiabierto ante un «memorial de guerra controvertido» sobre el que nada le dijeron en la oficina de turismo.

Hoy pocos son los turistas que se acercan hasta Los Caídos. Por contra, la otra punta de Carlos III, la Plaza del Castillo, ocupa el puesto 10º entre esas «cosas que hacer en Pamplona» y tiene 1.064 comentarios. Frente a eso, las 24 opiniones de Los Caídos (incluidos los falsos turistas) saben a nada. Y sin embargo, la conexión entre ambos extremos de la gran avenida peatonal de Iruñea es, en realidad, mayor de lo que parece.

El proyecto de fin de carrera de Eúsa

Siempre se ha atribuido a los arquitectos José Yárnoz y Víctor Eúsa la autoría de Los Caídos. Pocos saben, sin embargo, que la base del monumento es el proyecto de fin de carrera de Eúsa. En principio, lo ideó como Academia de las Bellas Artes de España en París. Y después, gracias al poder omnímodo que obtuvo como miembro de la Junta Central Carlista, pudo recauchutar aquel trabajo y convertirlo en el envoltorio de la tumba de Emilio Mola. Para que pudiera cumplir su sueño de estudiante, el Ayuntamiento regaló el terreno y el obispo se lo bendijo.

Uno de los elementos llamativos de este proyecto, cuya conexión con Los Caídos rescató en su tesis doctoral el arquitecto Fernando Tabuenca, está en los dos quioscos que tiene a cada lado esa Academia de Bellas Artes. Su parecido con el que corona la Plaza del Castillo es evidente. Y es que el quiosco y el Monumento son más que coetáneos.

Antes del golpe que dio Mola a apenas 200 metros de la Plaza del Castillo (en lo que hoy es Archivo Real), ya había quiosco en la plaza. De hecho, el cura Fermín Yzurdiaga defendía el 30 de agosto del 36 que había que tirar aquel «kiosko viejo y feo» para construir en ese lugar «el altar de los muertos de Navarra». Meses después, la muerte de Mola y el devenir de la guerra hicieron que esa especie de obelisco que se barajaba se les quedara corto y optaron levantar Los Caídos.

Aun así, el quiosco de la Plaza del Castillo acabó siendo demolido de todas formas. Y, al reconstruirlo, se decidió armonizarlo con el mastodonte de la otra punta de la avenida. En su día se rumoreó que el diseño final del quiosco fue obra de Jaime Del Burgo, pero no resulta creíble. Del Burgo fue requeté e historiador, no arquitecto. Y su legado no fueron piedras, sino ideas.

Porque ahora que se debate sobre tirar el Monumento, resumir el legado del fascismo en Iruñea a Los Caídos supone reducirlo en exceso. Su herencia arquitectónica es mucho más pequeña que la política. La perdurabilidad de las ideas de quienes erigieron Los Caídos se sigue atisbando hoy en partidos, en plataformas que se niegan a que el edificio se tire –o se toque– y hasta en anónimos que blanquean la historia del Monumento en redes sociales de viajes.