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Sentencia lista, Estado a punto


No hace falta empantanarse en el intento de definir qué es terrorismo para saber que hablar de la cosa en el seno del independentismo catalán es una estupidez. Bastan una migaja de honestidad y un cinismo en cotas bajas para reconocerlo. Pero mientras la primera escasea, la segunda se multiplica.

Para muestra, Miquel Iceta, que de estúpido no tiene un pelo, pero se pasó el día retuiteando vídeos y notas policiales en forma de noticias. Porque además de meter miedo, marcar paquete y crear un marco interesado de cara a la sentencia del Supremo, operaciones como la de ayer hacen más profunda la sepultura en la que el no-nato acuerdo PSOE-Podemos duerme el sueño de los justos. En Catalunya, PSC y En Comú Podem se situaron en las antípodas, recordando que el principal escollo a la formación de una coalición de centroizquierda en el Estado español no son ni Sánchez ni Iglesias, sino un elefante en la sala llamado independentismo. He aquí la razón por la que la vía portuguesa es impracticable en Madrid.

La operación policial de ayer también nos confirma que la sentencia será dura y que el Estado está preparado para defenderla, activando sus resortes para decantar el acuerdo entre PSOE y Ciudadanos. Hasta la abstención de un PP reforzado el 10N, si fuese necesario, parece más factible en este contexto.

La pregunta es si el soberanismo catalán está preparado para la sentencia. Las instituciones, desde luego, no lo están: el president llama a la desobediencia mientras los Mossos muestran el arsenal antidisturbios con el que reprenderán a los desobedientes. De siquiátrico. También es difícil pensar que los partidos –con ERC en modo electoral, el espacio posconvergente en eterna crisis existencial y la CUP fuera de cobertura– vayan a ser capaces de articular una respuesta. ¿Qué queda? La gente. No parece gran cosa, pero sigue siendo –la expresión es de Carod-Rovira– la única estructura de Estado.