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Las empresas de carne y lácteos emiten tanto metano como las de petróleo y gas

Las grandes empresas de carne y lácteos emiten tanto metano como las de petróleo y gas, según se recoge en un estudio de Greenpeace, que aboga por un cambio en la producción de alimentos y en la dieta para contribuir a reducir «drásticamente el calentamiento global».

Imagen de la macrogranja de vacas de Valle de Odieta en Caparroso.
Imagen de la macrogranja de vacas de Valle de Odieta en Caparroso. (Jagoba MANTEROLA | FOKU)

Tanto metano como las empresas de petróleo y gas llegan a emitir las grandes empresas de carne y lácteos, según figura en un estudio realizado por la organización ecologista Greenpeace.

El citado informe se titula ‘Bajar la temperatura: frenando la emergencia climática causada por las grandes empresas de carne y lácteos’ y en el mismo se llega a asegurar que las cinco mayores empresas de carne y lácteos del mundo, es decir, JBS, Marfrig, Minerva, Cargill y Dairy Farmers of America, «superan el conjunto de las emisiones de metano declaradas por los grandes gigantes de los combustibles fósiles, como ExxonMobil, Shell, TotalEnergies, Chevron y BP».

En concreto y de acuerdo con sus estimaciones, las 29 grandes empresas cárnicas y lácteas emiten 20 millones de toneladas de metano al año, lo que representa, según datos de la ONU, la quinta parte de las emisiones de metano mundiales procedentes de la ganadería».

La mayor fuente de metano de origen humano

En el informe se indica que «la ganadería es la mayor fuente de metano de origen humano», por lo que reducir el asociado a la carne y los lácteos «influirá de forma decisiva en la velocidad a la que se calienta el planeta a corto plazo».

Sobre el metano, se señala en el estudio de Greenpeace que «es un gas de efecto invernadero que ha recibido menos interés histórico que el dióxido de carbono», a pesar de que, según la ONU, «tiene un potencial de calentamiento mundial más de 80 veces mayor que el dióxido de carbono durante los 20 años después de su liberación a la atmósfera».

Por ello, mantener el aumento de las temperaturas por debajo de 1,5 grados a final de siglo «no será posible si no se reducen las emisiones de metano entre un 40% y un 45% de aquí a 2030».

En el estudio se llega a señalar que «el sector cárnico y lácteo provocará un calentamiento adicional de 0,32 grados centígrados de aquí a 2050. El metano sería responsable de más de tres cuartas partes de este calentamiento».
 
Y se indica que si no se adopta medidas inmediatas en este sector, «la temperatura media mundial aumentará 0,16 grados centígrados en 2030 debido únicamente a su expansión».

Transformar el sector

Por ese motivo, desde Greenpeace se advierte de que, «para evitar el catastrófico cambio climático, no solo se deben eliminar progresivamente los combustibles fósiles, sino que es esencial reducir las emisiones, transformando el sector cárnico y lácteo».

Si finalmente se llega a producir un cambio «en la sobreproducción y sobreconsumo de carne y lácteos», el informe de Greenpeace proyecta «un efecto de enfriamiento de 0,12 grados centígrados para 2050, lo que supondría un 37% de reducción del calentamiento anticipado de 0,32 grados a mediados de siglo, debido exclusivamente a carne y lácteos respecto a un escenario de continuidad de producción y consumo».

Para lograrlo, aboga por la llamada ‘dieta planetaria’, diseñada por la Comisión EAT-Lancet. En la misma, se indica que «para alimentar a 10.000 millones de personas en 2050 de manera sostenible, el régimen debería ser esencialmente vegetal para salvaguardar el planeta y mejorar la salud de millones de personas».

Su aplicación supondría introducir «grandes cambios dietéticos», ya que lo que se plantea es que el consumo de media diario de una persona sea de «no más de 14 gramos de carne roja, 29 gramos de pollo y otras aves, 28 gramos de pescado, 250 gramos de lácteos, 232 gramos de granos enteros como arroz integral, trigo o maíz, 300 gramos de verdura o 200 gramos de fruta».

Sería una forma de intentar frenar el calentamiento del planeta, ya que, según aseguran los expertos, por cada 0,3 grados centígrados de subida que se llegue a evitar para finales de siglo, «se podría impedir que 410 millones de personas se vean expuestas al calor extremo».

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