Recuperar la selección vasca en el Tour es inviable sin dinero público
Jon Redondo, director de Deporte del Gobierno Vasco, respondía esta semana en Berria al responsable del Euskadi Murias, Jon Odriozola, que pedía la opinión de las instituciones. Recordaba que en 2012 se decidió no poner dinero al deporte profesional y que por ahora mantienen esa decisión, lo que haría inviable recuperar lo que supuso Euskaltel Euskadi.

El ciclismo vasco se encuentra en un momento clave porque hay dos proyectos que intentan cubrir el espacio que dejó la desaparición del Euskaltel, pero no encuentran los apoyos necesarios para cumplir su objetivo de volver al Tour como se consiguió desde 2001 hasta 2013, cuando se despidió con el equipo que aparece en esta página con los Izagirre, Nieve, Astarloza, Sicard, Antón, Oroz, Rubén Pérez y Lobato.
Ese año se rompieron las dos claves del éxito de ese proyecto. El equipo dejó de contar con el apoyo económico de las instituciones, que aportaban 2,7 millones de euros anuales, y renunció a correr solo con vascos con alguna excepción como la de Samuel Sánchez, que entraba en la filosofía al formarse desde su primer año amateur en el equipo Olarra de la Fundación Euskadi. El proyecto impulsado por la empresa Euskaltel duró una temporada y la siguiente fue la última en la que la Fundación sacó un equipo continental.
La empresa Murias decidió cubrir el vacío que dejó la desaparición de los dos equipos y en cuatro años ha conseguido dar el salto a la categoría continental profesional y lograr en su debut en pruebas del World Tour una victoria de etapa en la Vuelta y en la general del Tour de Turquía. Y en la primera entrevista concedida tras esos éxitos Jon Odriozola trasmitía en GARA que Murias no podía sostener sola el proyecto y pedía la opinión y el apoyo de las instituciones, que no aportan dinero ni a su equipo ni al continental de la Fundación Euskadi.
Jon Redondo daba su opinión sobre los dos equipos vascos en la entrevista en Berria, en la que dijo que el año pasado «el Gobierno se reunió con los dos e intentó que tuvieran un proyecto común porque veíamos que su idea era parecida. Por la crisis en 2012 decidimos no poner dinero para el deporte profesional y por ahora hemos seguido ese criterio. Nosotros vemos bien los dos proyectos y cada uno debe seguir su camino. Vemos que los dos tienen problemas para encontrar patrocinadores públicos y privados y hay que ver esta situación qué panorama deja y cómo actúan los dos». Sin embargo, en esa entrevista el director de Deportes del Gobierno Vasco sí hablaba de la posibilidad de traer a Bilbo una etapa o un inicio del Tour con un coste que cifraba en entre uno y cinco millones, respectivamente.
En esa misma entrevista admitía la dificultad de que los dos proyectos encuentren patrocinadores privados en Euskal Herria y ponía como ejemplo que el Basque Team impulsado por el Gobierno Vasco comenzó con cinco empresas colaboradoras y ahora solo se mantiene una a pesar de las ventajas que se ofrecen para recuperar buena parte de la inversión.
No el ciclismo, ningún deporte ni actividad cultural puede sobrevivir sin el dinero de las instituciones salvo los equipos de fútbol de Primera, que curiosamente han sido los que más han recibido para renovar sus campos o para sus Fundaciones. El Gobierno Vasco aporta más de seis millones anuales a la Orquesta Sinfónica de Euskadi. Y los demás clubes de élite vascos tienen, más o menos, ayuda institucional, a excepción de los equipos ciclistas masculinos, que son los que más las necesitan a pesar de ser los dos únicos que tienen socios y colaboradores individuales. No compiten en un espacio cerrado que permite vender entradas o abonos o tener ingresos por derechos de televisión y los gastos son mayores porque el ciclismo exige preparaciones en altura antes de los objetivos o en la costa mediterránea en la pretemporada y desplazamientos costosos para acudir a las carreras. Y todo el dinero aportado por Murias, Orbea y Etxeondo a estos dos proyectos no puede tener mayores resultados que los alcanzados este año. O hay más dinero o ninguno de esos dos proyectos podrá crecer y difícilmente sobrevivirán. Y no hay empresas en Euskal Herria que puedan poner el dinero para aspirar a volver al Tour. No las hay ni en un país con la tradición de Italia, que no tiene un equipo en la prueba desde que Lampre puso fin a su patrocinio en 2016.
En la entrevista Redondo hablaba de selecciones vascas cuando la única que puede competir a nivel oficial en la élite de un deporte con gran repercusión es la de ciclismo y depende solo de la voluntad de las instituciones. Ese fue el éxito de Euskaltel y por eso llegó tanto a su gente. Y eso fue posible porque hubo voluntad política y dinero público. Es inviable que sin esas premisas Murias o la Fundación Euskadi lleguen al Tour con un equipo como el Euskaltel, aunque para ello lo que deben hacer es correr solo con vascos o con alguna excepción como la de Samuel Sánchez. El año próximo solo habrá diez ciclistas vascos en el World Tour con un mínimo de 29 años por los 29 que había en el último año de Euskaltel. El futuro del ciclismo vasco, uno de los pocos deportes en los que salen deportistas para formar con ellos solo un equipo de alto nivel, es negro si no cambia un criterio establecido en 2012. Entonces gobernaban el PSOE y el PP en la CAV, que quisieron traer etapas de la Vuelta y dejar de apoyar al Euskaltel. Que ahora que las cinco instituciones principales de Euskal Herria están gobernadas por el PNV el criterio sea el mismo resulta desolador. Y no se trata de unir los dos proyectos, que solo provocaría que haya doce opciones menos para correr con profesionales a los jóvenes, sino de apoyar a los dos equipos en función de la categoría en la que compitan y del calendario que tengan.

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