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ELECCIONES PRESIDENCIALES EN ESTADOS UNIDOS

Un EEUU polarizado elige entre el abismo y pasar página

Una de las campañas más inusuales y polarizadas que se recuerdan termina hoy con la elección de la persona que dirigirá EEUU a partir de enero. En las próximas horas (o quizás días) se decidirá si vuelve un Donald Trump desbocado con su agenda neofascista o si Kamala Harris se convierte en la primera presidenta del país.

En la página anterior, Kamala Harris se dispone a intervenir, el domingo, en el mitin celebrado en Michigan. Sobre estas líneas, una familia vota anticipadamente en Seattle.
En la página anterior, Kamala Harris se dispone a intervenir, el domingo, en el mitin celebrado en Michigan. Sobre estas líneas, una familia vota anticipadamente en Seattle. (Andrew ROTH - Christian GORDON | ZUMA PRESS)

Ha llegado el gran día en el que el país más poderoso del mundo hará historia: bien por haber elegido la primera mujer a la Casa Blanca, bien por votar por un expresidente convicto y con ganas de revancha. No es solo que las dos opciones se cierren el paso entre ellas, es que la victoria de una parte supondrá un golpe enorme para la otra. La derrota de Donald Trump reactivaría los procesos judiciales en su contra; con 78 años y una clara desmejora en los últimos meses, podría asegurarse que la etapa del magnate neoyorquino se terminaría aquí (con mucha prudencia, ya que lo mismo se dijo hace cuatro años, especialmente cuando medio partido le dio la espalda tras el asalto al Congreso). Lo contrario, su victoria, llevaría al país (y al mundo) a una incertidumbre de dimensiones incalculables: desde Ucrania a Gaza, pasando por razzias multitudinarias de inmigrantes en situación irregular y llegando al uso del Ejército contra lo que ha denominado «enemigo interior». A diferencia de su primera legislatura, esta vez se ocuparía de rodearse de aduladores que no se atrevan a enfrentarse por detalles como la Constitución o los contrapesos que el propio sistema fija para evitar que un presidente con suficiente poder ya de por sí (jefe de Estado, comandante en jefe del Ejército más poderoso) se convierta en un tirano que no tiene que rendir cuentas.

La mayoría de lugares de votación de la costa Este abrirá a las 6.00 (mediodía en Euskal Herria). Para entonces, unos 80 millones de estadounidenses ya habrán emitido su voto, tanto por correo como en las votaciones adelantadas que en algunos lugares comenzaron en septiembre. Son más de la mitad de los votantes si lo comparamos con las elecciones de 2020, cuando participaron 158 millones en todo el país (entonces hubo 100 millones de votos adelantados, pero ahora no estamos en pandemia).

Los resultados empezarán a llegar esta noche (madrugada en Euskal Herria), pero nadie sabe cuándo se conocerá el nombre del presidente o presidenta. De hecho, uno de los grandes temores está en el recuento. Ambos partidos han contratado un ejército de abogados para litigar por cada voto. Si ninguno de los dos aspirantes vence con claridad, el recuento en estados como Georgia o Pensilvania podría demorarse varios días. En 2020, el resultado de Pensilvania que dio la victoria a Biden llegó el sábado (siempre se vota en martes). Veinte años antes, fue el Supremo el que resolvió a favor de George W. Bush frente a Al Gore tras semanas de recuento en Florida. Es la situación más temida, con la polarización actual y las constantes denuncias falsas de fraude de Trump, que ya están soliviantando a sus seguidores más extremistas.

SORPRESA EN IOWA

En EEUU no hay día de reflexión. Hoy habrá grupos de voluntarios que irán casa por casa intentando convencer a los posibles indecisos. Según los expertos, la mayoría de indecisos están en contra de ambos candidatos, pero puede ocurrir que se tenga una opinión más desfavorable sobre uno de ellos. En general, el campo de Trump es compacto, pero con poco margen ya para crecer. Por ello, son los voluntarios demócratas los más movilizados para intentar arañar los últimos votos en estados como Pensilvania.

Desde el fin de semana, se percibe una ilusión contenida en el campo demócrata. La victoria de Kamala Harris parece más factible ahora que hace unos días, cuando todas las encuestas apuntaban un avance de las opciones de Trump. Una de las sorpresas la trajo la publicación del sondeo realizado por la respetada encuestadora Ann Selzer en Iowa, que daba una ventaja de tres puntos a Harris. Iowa fue un estado en disputa hace unos años, pero ha venido votando republicano con mayorías claras en más de una década. «Nadie, ni siquiera yo, hubiera imaginado que Iowa iba con Kamala Harris», aseguró la propia Selzer a la NBC. Si la encuesta es certera, como en otras ocasiones, auguraría una movilización enorme del voto de las mujeres. Dejaría entrever, asimismo, que no eran solo siete los estados en disputa. Otras encuestas en estados republicanos como Kansas u Ohio muestran que la ventaja de Trump sobre Harris es mucho menor de la esperada. En ambos estados ha habido una enorme movilización feminista en los últimos dos años para reunir firmas, convocar un referéndum y apuntalar el derecho al aborto.

El giro a la derecha en EEUU, similar al de todo Occidente pero con características propias, es evidente. Muy atrás quedaron las consignas de “Black Lives Matter” o “Defund the Police” (“Las vidas negras importan”, “No a la financiación de la Policía”). Ahora es más un eslogan acusador de los republicanos contra cualquier candidato que en su día hubiera denunciado la violencia policial o el racismo. Mientras, los demócratas han jugado a la defensiva intentando demostrar que pueden ser tan duros como los republicanos contra la inmigración o la delincuencia, que interesadamente ha emparejado DoTrump en cada mitin.

La propia Harris se ha alejado en campaña de algunos de sus postulados más progresistas para atraer el voto del votante de centroderecha que está harto (sobre todo, harta) de Trump. Léase el sector republicano que apoyó a Nikki Haley en las primarias de invierno. Mientras tanto, Trump ha redoblado los esfuerzos para erosionar el apoyo demócrata entre la población negra y latina, con mensajes dirigidos al votante masculino. En este camino, ha preferido rodearse de personas como Elon Musk, a celebrar un solo acto con Haley que le hubiera podido servir para acercarse a las mujeres republicanas.

HARRIS HABLA DE GAZA, AL FIN

Es destacable que, al fin, Harris hablará en un mitin sobre Gaza.«Haré todo lo que esté en mi mano», dijo en Michigan. El voto de las comunidades árabes y musulmanas será clave en este estado, aunque algunos de sus dirigentes apuntaban a que tenían todas las de perder: «Si Kamala pierde, dirán que ha ganado Trump por nosotros, y si gana Kamala, dirán que no era necesario convencernos». Es destacable el llamamiento de algunos colectivos de izquierda ajenos al Partido Demócrata («vota como un radical», utilizando su propia denominación) que, sin llegar a pedir el voto por Harris, señalan: «Todos los candidatos, una vez votados, se convierten en nuestros contrincantes. Votamos a aquellos contra los que mejor podemos luchar. Protegemos a movimientos, nuestra fuente real de poder». Líderes indígenas, afroamericanos y latinos, muchos con la kufiya o pañuelo palestino, recuerdan que «cuando estamos llenos de duelo y rabia por el genocidio en Gaza, puede parecer que votar condona estas terribles injusticias. ¿Quién merece nuestro voto? Ninguno de ellos. No votamos por ellos, siempre votamos por nosotros y nosotras, para establecer las condiciones, del o candidata contra la que mejor podemos luchar».

Ayer, Trump arrancó en Carolina del Norte en un acto con muchos asientos vacíos y terminó más de doce horas después en Michigan. En medio, tres mítines en Pensilvania. El último, en Pittsburgh, casi a la misma hora en que su rival celebraba otro acto en esa ciudad. La campaña demócrata cambió el domingo el recinto para evitar incidentes, aun así, las escuelas decidieron terminar antes las clases.

En la otra punta del estado, en Filadelfia, el fin de campaña de Harris se celebró con el concierto «por la libertad», con numerosas estrellas como Lady Gaga u Oprah Winfrey. También estuvo Ricky Martin, en un claro guiño a la comunidad puertorriqueña. La isla se ha convertido en protagonista de los últimos diez días, y puede continuar siéndolo si se confirma el cambio histórico que apuntan las encuestas: el independentista Juan Dalmau, de la coalición progresista Alianza por Puerto Rico, podría convertirse en gobernador y terminar con 75 años de bipartidismo y corrupción en el Estado Libre Asociado.