La muerte del cine y el declive de la creatividad

No bastaba con saturar el panorama audiovisual con remakes; ahora, la moda de las versiones live action parece estar apenas en sus inicios. La estrategia de Disney de transformar en personajes de carne y hueso sus clásicos animados parece no tener fin. Aunque comercialmente rentable, esta práctica suscita una pregunta inevitable: ¿está la compañía sacrificando su espíritu creativo al limitarse a reciclar una y otra vez su propio legado? Seré directo: los live action son la prueba más clara de la muerte del cine y el declive de la creatividad.
“Blancanieves”, otra más de la interminable lista de versiones “actualizadas”, es una película muy floja, aunque no resulta tan desastrosa como se anticipaba: es bastante aceptable y simpática. La imagen de la princesa se presenta con un enfoque interesante para destacar su empoderamiento, aunque sin tomar grandes riesgos; todo tiene un tono políticamente muy correcto.
La película abusa del CGI, especialmente en la representación de los siete enanitos, que han sido transformados en criaturas digitales totalmente irreales: es horroroso. Esta decisión no solo les resta humanidad, sino que también genera una desconexión visual que distrae y afecta la inmersión en la historia.
Las canciones, nacidas de ese batiburrillo de colores desbordantes y efectos digitales, inicialmente ofrecen una dosis de frescura y cierto dinamismo a la trama. Sin embargo, pronto se convierten en un recurso repetitivo y agotador, perdiendo su impacto y arrastrando la narrativa hacia un territorio de exceso.
En resumen, creo que es una película bastante innecesaria, pero que se ve con cierto agrado; no es, ni muchísimo menos, una de las adaptaciones más deficientes de la franquicia en su versión de carne y hueso.

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