Bergoglio, el «animal político» que fue clave en el sistema argentino
El fallecido pontífice no fue un arzobispo más: dejó una marca bisagra en el proceso político de su país la década previa a ser votado en el cónclave vaticano. Una ambivalente relación con Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri, y un enfrentamiento cordial con Javier Milei.

El eterno Aristóteles, en su libro ‘‘Política’’, define un tipo de ser vivo como el «zoon politikon», que significa literalmente animal político. Lo menciona al destacar las cualidades propias del ser humano, que, a diferencia de los animales, posee la capacidad de crear sociedades, asociarse políticamente y organizar la vida civil. En el país donde nació, se crió y ejerció su vida eclesiástica Jorge Bergoglio, suele utilizarse la frase «animal político» para describir a las personas que exhiben destreza y voracidad en su acción política. Eso mismo fue él.
Un porteño de nacimiento (gentilicio de los nacidos en la ciudad de Buenos Aires), oriundo del barrio de Flores y descendiente de italianos, Bergoglio era parte del engranaje esencial del sistema político argentino los años previos a su pontificado. Era un jesuita estratega, que supo jugar con los equilibrios de los diferentes vaivenes ideológicos de la Casa Rosada y también con los tiempos sociales.
EL PAPA PERONISTA
Para el submundo cristiano argentino, fue tachado como «el papa peronista». Y es que dentro de la curia de su país, Bergoglio representaba no solo un sistema de ideas más reformista y menos liberal en lo económico, con un discurso que hacía énfasis en la solidaridad, sino que además lideraba un estilo intervencionista en la política. Si bien todos los obispos tienen contactos políticos y buscan influir, la acción de Francisco era constante y su forma de tejer alianzas y amistades personales con importantes actores políticos le ponían en otra liga.
En 1998 fue designado arzobispo de Buenos Aires, el primero jesuita, y tuvo que capear muy pronto la debacle del modelo neoliberal y el estallido de crisis social del «corralito». Tuvo una constante embestida del sector contrario, los «halcones» de la Iglesia argentina vinculados a la curia romana, que habían sido cercanos al Gobierno del expresidente Carlos Menem.
El vínculo político y personal de Bergoglio con dirigentes importantes llegó a todos los niveles. Era confesor de la exvicepresidenta Gabriela Michetti; muy cercano al expresidente del Congreso, el kirchnerista Julián Domínguez, y también confesor de la exdiputada Elisa Carrió, cofundadora de la alianza electoral que llevó a Macri a la Casa Rosada; además de mantener diálogo constante con varios senadores, diputados y gobernadores provinciales clave.
RELACIÓN DE PÉNDULO CON FERNÁNDEZ Y KIRCHNER
Su relación con los expresidentes Cristina Fernández y Néstor Kirchner fue un péndulo: tuvo un comienzo bronco, y de hecho el expresidente se quejó públicamente en más de una oportunidad de las operaciones políticas sigilosas de Bergoglio. Una vez, en un discurso, incluso le tachó de ser «el jefe espiritual de la oposición política». El arzobispo criticaba de manera indirecta la corrupción y la demagogia, con sus discursos llenos de metáforas. La tensión llegó a tal punto que Kirchner en 2005 fue el primer jefe de Estado en no acudir al tradicional tedeum de cada 25 de mayo, festivo patrio que conmemora la primera revolución contra la Corona española.
Es cierto que Bergoglio enhebraba constantemente alianzas con los sectores de la oposición. Pero sus vínculos, en uno de los países más laicos de Latinoamérica, siempre chocaban con los liderazgos y su necesidad política. Su primera pelea con Mauricio Macri fue cuando éste, siendo alcalde de Buenos Aires, decidió no recurrir ante la Justicia un matrimonio entre personas del mismo sexo, cuando comenzaba a surgir la campaña por las uniones civiles igualitarias. Tampoco gustó que habilitara en 2018 el primer debate por la legalización del aborto, que no prosperó.
La vicejefa del Gobierno porteño, Michetti, era muy cercana a Bergoglio y solía oficiar de puente entre ambos líderes. Y también representaba un veto para algunas de sus propuestas. El arzobispo se embanderó en la batalla contra la proliferación de casinos y casas de juego, haciendo discursos contra la ludopatía en las clases populares, y fue quien impulsó que Michetti impidiera la autorización de ese negocio, enfrentándose con el propio Macri. Ejemplos como esos en la cotidianidad política de aquel entonces hay miles.
Cuando muere Kirchner, Bergoglio se acerca a su viuda y recompone un vínculo muy dañado. Cristina Fernández evitaba ir a la catedral de Buenos Aires para no cruzarse con él. La aprobación finalmente del matrimonio igualitario en 2010 también provocó fisuras.
El día que Bergoglio fue elegido papa, la primera reacción fue de críticas y resquemores. Pero al ver la buena recepción por parte de sus propios votantes, el giro fue copernicano y las alusiones positivas se convirtieron en costumbre.

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