«He valorado mucho defender la camiseta de Osasuna y disfrutar de mis éxitos con los míos»
Puñal y Osasuna se han convertido prácticamente en sinónimos. El gran capitán ha dejado una impronta imborrable en el equipo rojillo, en el que ha hecho historia desde la sencillez y el esfuerzo, las principales señas de identidad de un obrero del fútbol que llegó a compaginar deporte y trabajo en una fábrica para alcanzar su sueño de ser uno de los grandes en el equipo de su tierra. Y desde luego, lo ha logrado, como lo demuestra el hecho de que un seguidor no dude en interrumpir esta entrevista con 7K para lanzar una pregunta: «¿Me puedo sacar una fotico con Puñal?». Por supuesto, nada más apagar la grabadora, el jugador de Uharte se aproxima al nervioso aficionado, que sonríe de oreja a oreja mientras procura acercarse a su ídolo para ofrecer el mejor perfil en esa foto histórica.

Puñal ya ha colgado las botas, pero no ha perdido un ápice del predicamento y prestigio que se ha labrado entre los aficionados osasunistas en sus más de veinte años de carrera en el conjunto de Iruñea. Una larga trayectoria que no ha sido un camino de rosas, pero que se ha visto reconocida por el cariño de una grada que ha sabido premiar su honradez.
¿Cómo fue su infancia en su pueblo, Uharte? ¿Siempre estaba a vueltas con el balón?
Yo era el típico chico que hacía de todo: kárate, jugué a pelota, hice algo de natación... Pero llega un momento en el que te decides, porque al final pasas con el balón mucho más tiempo. Tengo el recuerdo de salir a la tarde del colegio, dejar los libros en el patio, estar jugando con los amigos, llegar a casa sudando a las ocho o las nueve y ¿los libros? Pues en el patio. Y también de jugar partido con el equipo y al terminar, con los amigos, y pasar muchísimas horas con el balón.
Me imagino que gustándole tanto el fútbol, Osasuna sería su referente y no tardaría en establecerse un primer vínculo emocional con el equipo.
Mi padre ha sido siempre socio de Osasuna y yo desde muy niño iba con él a El Sadar. Como quien dice, me han salido los dientes viendo a Osasuna y me encantaba. Veíamos los partidos desde Tribuna de Gol y me gustaba mucho ir con tiempo, bajar al campo, sentir ese olor a hierba y ver salir a los jugadores a calentar.
¿Cómo terminó jugando en Osasuna?
Yo estudiaba en los Salesianos en Pamplona y jugaba en un equipo en el que mis compañeros eran un año mayores que yo. El último año de futbito quería pasar con ellos a campo, pero no me dejaban. Osasuna jugaba también en Salesianos y llevaban varios años diciéndome que fuera a jugar con ellos, así que el último año de futbito lo jugué en Osasuna. Y pasé por todas las categorías hasta llegar al Promesas. Pero estando en el Promesas, Osasuna no contó conmigo y salí a Tercera División. Jugué una temporada en Oberena y otra temporada y media en el Egüés.
Con ese paso a Tercera División, llegó una época en la que estuvo trabajando en una fábrica de equipos de frenado. ¿Cómo fue esa etapa obrera?
Salí a Tercera y entonces terminé mis estudios de FP II, y tenía que buscarme la vida, como los demás. Entonces entré a trabajar en una fábrica y ahí estuve tres años y pico. Me hicieron fijo y estaba contento. Pero tenía la sensación de que el fútbol se iba, se escapaba, ya que una vez que sales a Tercera División, te das cuenta de lo cerca que has estado del fútbol profesional y valoras lo difícil que es volver. Pero llegó un día en el que Enrique Martín quiso que volviese al Promesas. Pedí una excedencia en el trabajo y al club, que al menos me pagase lo que yo ganaba trabajando. Eran tiempos en los que en el Promesas no se pagaba y me dijeron que no. Por ese motivo, antes de pedir la excedencia, completé ese año trabajando en la fábrica y jugando. Trabajaba en producción, en un torno de seis cabezales, y por no tener que cambiar los turnos, iba siempre de noche. Pero los sábados, como se entrenaba sobre todo de mañana, salía a las seis de la mañana, dormía un poco y a continuación, a entrenar. Lo hacía de mil amores y no tengo el recuerdo de que fuera una etapa dura; al contrario, estaba trabajando a gusto y tenía dinero para funcionar el fin de semana.
¿Cómo fue su retorno a Osasuna?
Eran tiempos también un poco convulsos, porque el Promesas estaba en un momento delicado. Eran casi Navidades y el equipo llevaba solo 14 puntos. Llegamos varios y la cosa empezó a funcionar. Martín me ponía de ejemplo para todos por lo del tema de jugar y trabajar. Fueron unos tiempos bonitos e importantes, y yo estaba con los ojos muy abiertos y con unas expectativas grandes.
Pero las cosas no terminaban de cuajar en Osasuna y llegó el momento de ir a jugar al Leganés. ¿Fue muy duro hacer la maleta y partir hacia Madrid?
Pasé al primer equipo de Osasuna y empecé a jugar, pero la temporada siguiente no jugaba con Miguel Ángel Lotina como entrenador. Coincidió que entonces Martín estaba entrenando al Leganés, hablé con él y me comentó que había una posibilidad de ir a jugar allí, porque se les había lesionado un jugador. Traté esa opción con Lotina y él me dijo que si quería y me parecía, que me marchase. Entonces tenía 24 años y necesitaba jugar, hacerme un nombre, un hueco en el fútbol, aunque para mí era una incertidumbre, porque yo era un chaval de un pueblo pequeño y suponía ir a jugar a una ciudad como Madrid. Me fui, estuve medio año, las cosas fueron bien y al año siguiente no sabía qué iba a hacer, si volvería o no a Osasuna, pero me quedé en el Leganés. Jugué toda la temporada entera en Segunda División, metí varios goles e hice un año bueno. Con toda la incertidumbre que tenía, al final fue una gozada, maduré mucho como persona y me di cuenta de muchas cosas de las que soy capaz.
Regresó a Osasuna y debutó en Primera División con 26 años.
Son las paradojas del fútbol. Lotina fue el que en su momento no contó conmigo y cuando volví a Osasuna y con él en el banquillo, jugué 35 partidos y me defendía a capa y espada. Para mí, jugar en Osasuna en Primera y con mi gente en la grada fue cumplir un sueño.
Poco después llegaron los años más gloriosos de la historia reciente de Osasuna, entre 2004 y 2007: final de Copa, previa de clasificación para la Champions y semifinal de la UEFA. ¿Cómo recuerda esos inolvidables años?
Cuando estás compitiendo, no te das tanta cuenta de lo que estás haciendo, sobre todo con Javier Aguirre, que fue cuando se logró esa cuarta plaza, la previa de la Champions y la final de Copa, que no conseguimos ganar. Pero el ambiente de la gente, cómo se puso la ciudad, fueron momentos increíbles.
Y llegó un cántico que se ha convertido en un clásico: «No podrán parar a Patxi Puñal».
He estado muchos años yendo al Sadar y nunca he oído un cántico así para alguien de casa. Me he sentido muy valorado, muy reconocido por la gente de aquí y estoy muy agradecido. La gente me ha hecho sentirme muy grande, muy importante.
Puñal ha sido prácticamente la marca de Osasuna, el león de su escudo. Sin ser uno de esos jugadores mediáticos que meten muchos goles, ¿cómo se consigue que la imagen de un jugador quede tan asociada a la de la entidad?, ¿cómo se logra esa simbiosis?
Quizá mis características de juego hacen que se me identifique como un jugador del Norte. Soy un hombre sin terminar de destacar en nada, trabajador de campo, pero mis trece temporadas en Primera eran todas de 35 partidos. Siempre he estado en el campo a las buenas y a las malas, disfrutando cuando las cosas iban bien y peleando y aportando cuando no era así. Y la gente se ha llegado a identificar bastante con mi manera de funcionar en el campo y fuera de él. Creo que la gente me valora y respeta, y me han hecho sentirme así de grande, aunque yo era siempre realista y sabía lo que era, que día a día tenía que hacer buenos entrenamientos y estar a tope, porque si estaba al 80%, no tenía un sitio en el fútbol de primer nivel.
Después de esa época gloriosa, volvió la lucha por la permanencia, con temporadas de nervios hasta la ultimísima jornada en las que se apelaba a San Fermín y al pundonor de Patxi Puñal. Menuda papeleta ser el que debe sacar las castañas del fuego.
Quien más quien menos tiene claro que cuando estás en esto del fútbol es porque puedes con muchas cosas y con los momentos de presión, porque van en el sueldo. Aunque también es verdad que al final de temporada, igual no tienes tan buenas sensaciones en las piernas. Pero cuando la gente te para en la calle y te dice eso de «Este domingo...» y llega el momento de la verdad, hay algo que hace que te sobrepongas a las adversidades y eres realmente capaz de hacer cosas. Y cuando acaba el partido, no sabes que las has hecho por el estado en el que te encuentras.
En diciembre alcanzó los 500 partidos con la camiseta rojilla. ¿Qué sintió en ese momento al ser una leyenda en activo del osasunismo?
Para mí es importante. Yo he visto pasar a muchos jugadores por aquí y ser el que más ha jugado en la historia de Osasuna me llena de satisfacción. Aunque hay que ser consciente de que se tienen que juntar muchas circunstancias, porque hay mucha gente entregada y que ha querido mucho a Osasuna, pero le ha llegado el momento de marcharse a otro sitio porque ha tenido ofertas muy bonitas, y muy a su pesar se ha tenido que marchar. Yo siempre he valorado mucho defender la camiseta de Osasuna y disfrutar de mis logros y mis éxitos con mi familia y mis amigos en la grada. Eso ha sido para mí muy importante. Pero no vamos a obviar que si un día hubiera llegado una oferta de un equipo importante, me hubiese tenido que marchar. Para un futbolista, poder pelear por títulos o jugar competiciones internacionales es importante, aunque nunca me he planteado ir a otro sitio. No he sido un jugador que agote sus contratos. Siempre he valorado mucho la tranquilidad y la estabilidad. Ya he vivido esos momentos en los que estás bien, te comparas con otros jugadores y piensas que no son mejores y mira en dónde están, pero llegan otros en los que la cagas y que te ponen en tu sitio, y te dices que es mejor defender lo que tienes.
¿Se siente una especie de «rara avis» por haber desarrollado prácticamente toda su larga carrera deportiva, 25 años, en el mismo club?
Me considero un privilegiado y un tío con mucha suerte. Sí que es verdad que en el fútbol la manera de hacer dinero es moverse de equipo. Pero jugar 13 años en Primera División no está al alcance de cualquiera, aunque cambies de ciudad cada dos por tres. Y encima hacerlo en tu tierra, defendiendo la camiseta que siempre te ha llenado, es una suerte terrible.
¿Cuál ha sido el momento más glorioso de su carrera y el más duro?
Es difícil destacar uno bueno, aunque recuerdo especialmente la primera convocatoria con el primer equipo y cuando me puse el primer traje con un escudo de Osasuna muy grande. Y el más doloroso, el descenso. Pero incluso de ese día voy a guardar un gran recuerdo por el homenaje al equipo y a mí. Yo estaba en la ducha y el jefe de prensa me avisó de que la gente quería que saliera. Me puse la ropa y salí, y después el equipo. Algunos compañeros pensaban que la afición quería echarles la bronca, pero la gente estaba con lágrimas en los ojos y aplaudiendo. Fue increíble.
¿Se planteó la posibilidad de intentar seguir jugando en otro equipo después de dejar Osasuna?
No lo he pensado, ya que me retiro porque no hay más. De hecho, nada más retirarme, he tenido alguna cosa, pero que no he hecho ni valorar. Me llamó un representante para ir a jugar un periodo de tiempo pequeño a la Copa Libertadores a Argentina, algo que en otro tiempo habría sido un reclamo por tratarse de otra Liga, pero ni me lo he planteado, porque necesito un poco de tranquilidad, de disfrutar de la familia, de otras cosas y luego ya veremos. Igual dentro de un año el cuerpo me está pidiendo fútbol a gritos y ya veremos si es posible y cómo. El fútbol ha sido mi vida. Tengo 38 años y desde los 7 llevo jugando, pero este año he terminado saturado y me voy a dar un respiro, aunque no descarto seguir en el fútbol.
Con su carisma entre la afición, ¿se ve como un futuro presidente de Osasuna?
Esto de las presidencias suena fuerte y a difícil. No lo sé. Eso de ser presidente de un club exige trabajar mucho, hay que dedicarse por entero a eso y es un trabajo muy ingrato. No descarto nada, pero de presidente no me veo, porque la presidencia suena a política y en estos momentos no me apetece.
¿Qué futuro le espera a Osasuna en Segunda y con gravísimos problemas económicos y de gestión?
Sabíamos que si había un descenso, la cosa iba a ponerse muy difícil, porque se veía la tendencia que tenían las cosas. Ojalá se estabilice la situación lo antes posible. Que la gestora se ponga manos a la obra y a partir de ahí, empezar a construir y darle cara a todo.
¿La próxima temporada se verá a Puñal en la grada animando al equipo?
Sin duda. Ya tengo mi carnet de socio y estaré muy cerca del equipo. Estaré con ellos y saben que me van a tener cerca para lo que quieran.
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