Celine AEMISSEGER (EFE)
BERLÍN

Scorpions, del himno de la caída del muro al deseo de que el viento cambie otra vez

El ‘Wind of Change’ del grupo de rock alemán Scorpions terminó siendo himno de la caída del muro de Berlín hace 30 años. Lo recuerda en este reportaje en el que su vocalista dice que hoy «asusta ver cómo evoluciona el mundo. Uno solo puede esperar que el viento cambie de nuevo».

Klaus Meine, en 2014. (WIKIMEDIA, Thobias COHRS)
Klaus Meine, en 2014. (WIKIMEDIA, Thobias COHRS)

El grupo de rock alemán Scorpions jamás pudo imaginar que su canción ‘Wind of Change’ se convertiría en el himno no oficial de la caída del muro de Berlín y de la reunificación alemana, pero cuando los músicos tocaron en 1988 y 1989 en la Unión Soviética ya presintieron «vientos de cambio».

«Teníamos la sensación de que el mundo estaba cambiando delante de nuestros ojos», señala Klaus Meine, vocalista y líder del grupo, que triunfó en 1988 en Leningrado (hoy San Petersburgo) y especialmente un año más tarde en el Festival por la Paz de Moscú, que sirvió de inspiración para el tema más vendido de los Scorpions.

Pese a ser la canción por excelencia de la caída del muro, ‘Wind of Change’ (Viento de Cambio) no habla del histórico acontecimiento que tuvo lugar en la noche del 9 de noviembre de 1989. Fue concebida antes de que se abrieran los pasos entre las dos mitades de Berlín y solo se convirtió en el «himno» con la salida del álbum ‘Crazy World’ (1990) y el sencillo (1991).

La canción expresa lo que en el verano de 1989 sentían muchos cuando los Scorpions estaban en el Festival por la Paz de Moscú: «La esperanza de que el mundo cambie y podamos vivir juntos en un mundo pacífico», relata Meine por teléfono desde Alemania, durante un descanso de la gira mundial del grupo.

«Se podía sentir que el mundo estaba transformándose y en cierto sentido todo lo que ocurrió pocos meses después en Berlín, es decir la caída del muro, era palpable en agosto en Moscú: que las cosas estaban cambiando y que los tiempos de la Guerra Fría quedarían pronto atrás», explica el músico de 71 años.

Como grupo de rock internacional que había triunfado en los años 80, especialmente en EEUU, con éxitos como "Blackout", "Still Loving You" o "Rock You Like A Hurricane", los Scorpions se sintieron en su primera aventura soviética de repente «muy alemanes».

«Decíamos que nuestros padres habían venido con tanques, nosotros con guitarras», afirma Meine.

Pero triunfaron en Leningrado. Y abrieron «las puertas de par en par» a los demás músicos occidentales que, como Ozzy Osbourne, Bon Jovi y Mötley Crüe, tocarían un año más tarde junto a los Scorpions durante dos días ante 100.000 fanes en el estadio moscovita Lenin (hoy Luzhnikí).

Meine está convencido de que el evento internacional, el ‘Woodstock ruso’, fue además posible porque «había alguien en el Kremlin, Mijaíl Gorbachov, cuya política de Glasnóst (transparencia) y Perestroika (reestructuración), su apertura, la nueva apertura, lo facilitó».

En Moscú «se notaba que en tan solo un año había cambiado muchísimo y cuando salimos al escenario los soldados del Ejército Rojo, los soldados asignados a la seguridad se giraron y lanzaron al aire sus gorras. Se convirtieron en uno con el público».

Recuerda que muchos jóvenes se acercaban a él y le decían: «Klaus, los tiempos de la Guerra Fría habrán pasado pronto. Aquí está una nueva generación y los viejos tiempos quedarán atrás. Las señales apuntan todas al futuro».

Fue una noche durante el Festival por la Paz cuando Meine comenzó a construir la canción en su mente.

«Estábamos todos en un barco navegando en el río Moscova. Todos los músicos, la MTV, periodistas. Era un poco como si estuviera todo el mundo en un solo barco y todos hablaban el mismo lenguaje: la música». «El lenguaje de la música se entendía en todos los lugares y eso se notaba especialmente en la URSS en 1988 y 1989», añade.

De ese viaje en barco salió la primera estrofa de la canción: «Sigo el Moscova/ hacia el parque Gorky/ escuchando los vientos de cambio. Una noche de verano en agosto/ soldados pasan por allí/ escuchando los vientos de cambio».

Un grupo que creció con el muro

Para un grupo alemán como los Scorpions, cuyo núcleo creció en Hannover, en la República Federal de Alemania (RFA) y vivió de cerca las tensiones, los vientos de cambio que habían sentido en Moscú fueron algo emotivo y especial.

El músico explica hoy que vivió con «miedo y sobrecogimiento» la construcción del muro y todas las «confrontaciones» que había entre los dos bloques.

«A veces había esa sensación de que el mundo estaba ante una nueva guerra mundial», dice. Por ejemplo cuando en 1960 el entonces líder soviético, Nikita Jruschov se quitó el zapato y «aporreó» la tribuna de la ONU en una sesión de la Asamblea General: «Fue tan agresivo que uno pensaba realmente que no estábamos lejos de una confrontación militar», dice. Y en octubre de 1961, de hecho, los tanques americanos y soviéticos estaban enfrentados en el mítico Check Point Charlie de Berlín, recuerda. «Hubo momentos muy delicados», enfatiza.

Cuando el grupo era «joven» viajaba a menudo a Berlín occidental en su furgoneta y tenía que pasar por el paso fronterizo de Helmstedt, donde los soldados registraban sus pertenencias.

«Cada vez que conduzco hoy en día a Berlín y paso cerca de Helmstedt pienso a menudo en aquellos tiempos y me alegro de que vivamos hoy en una Alemania reunificada. Y pienso que tampoco las generaciones jóvenes deben olvidar nunca qué significa vivir en un país partido», señala.

Quizás por eso, el mensaje de ‘Wind of Change’ va más allá de su asociación con la caída del muro. También inspira a muchas personas en todo el mundo, que aplican ese mismo mensaje de esperanza a su propia situación política, por ejemplo en Oriente Medio, dice Meine.

«El mundo asusta»

Echando una vista a la actualidad, 30 años después de la caída del muro, el vocalista de los Scorpions admite que «a menudo asusta ver cómo está evolucionando el mundo».

«Uno solo puede esperar que el viento cambie de nuevo, ojalá como hace 30 años, en una dirección optimista, positiva y pacífica», concluye el alemán.