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En Pakistán, la violencia machista en nombre del «honor» sigue siendo prácticamente impune

Los hombres que agreden y matan a mujeres en Pakistán por faltar al «honor», siguen gozando de impunidad ante la ley. Al ser crímenes que se justifican porque la mujer haya «ensuciado la reputación» de su familia, el sistema permite su fácil exculpación.

Funeral de la estrella de las redes sociales Qandeel Baloch, estrangulada por su hermano en Pakistán.
Funeral de la estrella de las redes sociales Qandeel Baloch, estrangulada por su hermano en Pakistán. (Shahid Saeed MIRZA | AFP)

Cuando en 2016 Qandeel Baloch, una joven estrella de las redes sociales en Pakistan, fue estrangulada por su hermano por haberse atrevido a burlar las tradiciones del país respecto a las mujeres, estas últimas lucharon para que se castiguen más duramente los «crímenes de honor».

Sin embargo, el parricida fue liberado en febrero, tras menos de tres años en prisión, lo que ilustra hasta qué punto el sistema judicial paquistaní continúa sesgado a favor de los hombres, que pueden maltratar, violar o matar a las mujeres casi impunemente.

Varias activistas, abogadas y víctimas denunciaron en declaraciones a AFP que en una sociedad «profundamente patriarcal», la superposición de sistemas judiciales «plagados de lagunas» hace que las víctimas de violencia sexual lo tengan muy difícil para hacerse escuchar.

Según la activista Nayab Gohar Jan, para las mujeres, el proceso judicial «está estructurado de tal forma que es muy difícil obtener justicia». «Súmele a eso la presión social y el estigma, y verá que todo se confabula clarmente contra ellas», añade.

Gran parte de Pakistán está regida por un código patriarcal basado en la noción del «honor» que tolera que un hombre pueda matar o agredir a una pariente suya en el supuesto de que esta haya ensuciado la reputación de la familia, a veces simplemente por haber sido vista en compañía de un varón o por haber elegido por sí misma con quién casarse.

En 2021, la Policía registró más de 470 crímenes «de honor», según la Comisión Paquistaní de Derechos Humanos (HRCP). Sin embargo, muchos casos no se notifican porque las familias tienden a proteger a los agresores.

Así, Pakistán ocupa el puesto 153º de 156 en el índice mundial de desigualdad de género del Foro Económico Mundial de 2021.

Ventajas ante el juez

Volviendo al caso de Qandeel Baloch hace seis años, después de que su hermano Muhammad Wassem se jactara de haberla estrangulado por su «comportamiento intolerable», fue condenado a cadena perpetua en 2019. Aun así, sus padres decidieron perdonarle, por lo que el juez determinó retirarle la noción del honor de entre los cargos y el propio acusado pidió su absolución.

Las consecuencias de este crimen llevaron al Gobierno a aprobar una nueva legislación que castiga más duramente esos delitos y que impide que las familias puedan perdonar a los agresores o acordar con ellos una compensación económica, denominada «precio de la sangre».

Los tribunales paquistaníes están mayoritariamente dominados por hombres: menos del 20% de los jueces y solo el 12% de los fiscales son mujeres. La abogada Nida Usman Chaudhary, fundadora de un colectivo de mujeres juristas, considera que los jueces suelen ser parciales en los casos de crímenes «de honor».

Cuando el proceso judicial es un obstáculo

Khadija Siddiqui, que recibió 23 puñaladas de su exnovio, explica que su caso se retrasó tanto que, al final, «estaba a punto de abandonar».

Según ella, su caso simboliza una cultura consistente en culpar a la víctima, muy arraigada en la policía, el mundo judicial e, incluso, en parte de la sociedad. «Me hicieron sentir que había hecho algo malo y que había tenido lo que me merecía», comentó Siddiqui.

En febrero, el paquistano-estadounidense Zahir Jaffer, hijo de un rico industrial, fue condenado a muerte por haber violado y decapitado a su compañera, Noor Mukadam, hija de un exembajador, que había rechazado su pedida de matrimonio.

El proceso, que despertó mucha expectación, se distinguió por su rapidez, cerrándose apenas ocho meses después del arresto del sospechoso. «Hicimos que aumentara la presión y utilizamos las redes sociales como táctica», contó Shafaq Zaidi, amiga de infancia de Noor Mukadam.

Unos días antes de que la mataran en julio de 2021, Quratulain Baloch había sido torturada hasta la muerte en la otra punta del país.

Pero, lejos de la capital, su caso no suscitó la misma atención. Su esposo, acusado de haberla matado (algo que él niega) no fue inculpado hasta marzo de este año.