
La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Nafarroa celebra esta semana, en cuatro sesiones, el juicio contra un agente de la Policía Foral acusado de acosar a su expareja, para el que piden 17 años de cárcel por delitos de coacciones, descubrimiento y revelación de secretos y daños mediante incendio.
Según explica el escrito del fiscal, el acusado y la víctima mantuvieron durante medio año en 2017 una relación sentimental a la que dio fin la chica. Posteriormente ambos tuvieron otras parejas, pero desde aquella ruptura y hasta 2022 el hombre ha sometido a la víctima a «una situación extrema de vigilancia, control y hostigamiento».
La condición de policía foral del acusado le ha permitido acceder a bases de datos para obtener de manera indebida y sin autorización o causa legal para ello información tanto de la mujer como de su entorno cercano (su actual pareja, y familiares y personas relacionadas), a los que ha llegado a mandar cartas anónimas comunicando información relativa a la salud de la mujer.
En este tiempo además, el encausado le escribía diciéndole que dejara a su pareja y volviera con él, a la vez que acudía habitualmente al supermercado donde ella trabajaba, realizaba seguimientos tanto a ella como a su entorno, y la «monitorizaba».
Hostigamiento continuo
El relato constata que en el seguimiento con su coche a su expareja «la colocó en una situación de franco peligro en la carretera al menos en dos ocasiones» y en abril de 2022 prendió fuego al vehículo que usaba el nuevo novio de la chica. El fuego se propagó y calcinó cinco turismos en total.
Precisamente, el inicio de esa nueva relación intensificó el acoso del acusado, acudiendo al comercio donde trabajaba ella, escribiéndole mensajes o buscando su cercanía de manera más frecuente, enviándole flores e incluso persiguiéndole con el vehículo por la autovía, lugares en los que ni vivía ni trabajaba el acusado.
«De manera reiterada y en diversas ocasiones» la mujer le dijo al acusado que no quería reanudar la relación con él y que cesara en su actitud, según se recoge en el escrito del fiscal. Le bloqueó las llamadas y los mensajes de teléfono, pero entonces el encausado le escribía por otras aplicaciones de mensajería o por correo electrónico para continuar con el acercamiento y contacto con ella.
Cartas anónimas
Como parte de este hostigamiento hacia su expareja, el acusado también envió cartas anónimas a personas relacionadas con la nueva pareja de ella, en las que insultaba a la mujer y contaba detalles de su vida que muy pocas personas conocían, como que tuvo un problema psiquiátrico cuando era joven.
Estas cartas las recibieron la exmujer del nuevo novio, su cuñada y su secretaria. En el vehículo del acusado se encontraron después otras tres cartas anónimas similares, que no llegó a enviar, y que estaban destinadas a tres hermanos de la actual pareja de la víctima.
Para obtener sus datos, el acusado aprovechó su condición de policía pero sin ningún tipo de autorización ni causa relacionada con su trabajo. La «monitorización» de la mujer se vio ampliada a su actual pareja, a quien el acusado también realizó seguimientos y anotaciones de rutina.
Asimismo, el encausado accedió o conoció de manera indebida la información médica de la mujer, con lo que pretendía desprestigiarla y provocar que el entorno de su nueva pareja le comunicara esta información y así éste pusiera fin a la relación.
Como consecuencia de todo ello, las mismas fuentes constatan que la mujer ha sufrido una «considerable ansiedad, estrés y desasosiego ante la conducta machacona y recurrente del encausado, alterando con su presencia el día a día de la misma, haciéndole cambiar sus rutinas».

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