Markel Ormazabal
Concejal de EH Bildu en el Ayuntamiento de Donostia

La sostenibilidad ya no significa nada

No lo digo yo, que también, sino el Plan Director de Turismo Sostenible Donostia-San Sebastián 2023-2027. Un plan que, según el nuevo concejal delegado de Turismo Jon Insausti, será presentado próximamente. La frase en cuestión se atribuye a Andreu Escrivà, autor de "Contra la sostenibilidad" (Arpa). La tesis del ambientólogo es la siguiente: el desarrollo por el desarrollo no sirve y es absurdo seguir pensando en un crecimiento infinito en un planeta finito. Necesitamos cambios profundos porque nos enfrentamos a una escasez de recursos y la sostenibilidad, en ese sentido, se ha convertido en un engaño porque nos hace pensar que vamos por el buen camino, aunque realmente no lo estamos haciendo. Nada nuevo bajo el sol, ni siquiera que el Plan haya recogido alusión semejante.

Con el verano liquidado y a las puertas de dos eventos, como son el Foro Mundial de Turismo Gastronómico de la OMT este pasado fin de semana y la Convención Turespaña en colaboración con este Ayuntamiento a finales de octubre, el nuevo Plan de este Gobierno se enfrenta a sus propias contradicciones: «Ahora el objetivo no es crecer, sino controlar, gestionar y regular lo existente», afirma Insausti. Es difícil encajar esta afirmación cuando la ciudad, de nuevo, se encuentra bajo los focos de la industria turística mundial.

Ya en el Plan 2017-2021 se recogía que «más que crecer en número de turistas, el objetivo pasa por gestionar bien la marca Donostia», es decir, el destino. Han transcurrido siete años. En este tiempo el crecimiento turístico ha sido de un 10% anual, salvo en años de pandemia, y el señor alcalde Eneko Goia ha permitido la apertura de más de 50 hoteles. Y las consecuencias que ha tenido este crecimiento desmesurado de los últimos años son evidentes: el encarecimiento de la vivienda y de los precios en general, la expulsión de vecinos y vecinas de determinados barrios, la gentrificación comercial, la pérdida de patrimonio cultural y urbanístico, la saturación de espacios públicos y comunitarios, la sobreutilización de infraestructuras y servicios públicos, los problemas de movilidad, etcétera.

Nada de esto ha sucedido por azar. El turismo no es una actividad inocua y, como cualquier otra actividad económica, tiene efectos positivos y negativos en el territorio. El peso y el alcance de estos dependerá del modelo de regulación y ordenación de la actividad.

Esta legislatura nos obliga a determinar qué rumbo tomamos en una decisión a vida o muerte para el futuro de Donostia. El propio Gobierno y parte del sector asumen las consecuencias negativas de este crecimiento. El discurso ha cambiado y se aproxima a las preocupaciones que ha expresado su ciudadanía, pero la práctica sigue siendo la misma. De no aunar el discurso con las formas, el problema se multiplica: crea inseguridad, desconcierto, y pocas esperanzas de soluciones reales (igual que ocurre con la problemática de la vivienda). EH Bildu es la garantía para que esas piezas encajen, las palabras con los hechos.

Ya en el contexto de la pandemia advertimos que era imprescindible iniciar una reflexión abierta y estratégica para revisar y reorientar el impacto del turismo en la vida en la ciudad, en la economía, en el modelo de desarrollo: la pregunta ya no es cuándo y con qué estrategia volverá el turismo a la situación precrisis, sino si tiene que regresar a la situación anterior. Advertimos entonces que posponer la reflexión estratégica sobre el turismo nos llevaría a repetir los mismos errores del pasado. Y así ha sido.

El PNV y el PSE tienen un dilema con sus políticas turísticas cuya solución se antoja difícil porque aspiran a un imposible: limitar el turismo y fomentarlo no es compatible. O una cosa o la otra.

El modelo turístico vigente ha negado de forma sistemática los efectos negativos de la actividad. Y esto ha sido así porque el tándem PNV-PSE ha primado una rentabilidad supuestamente fácil y rápida, poniendo los beneficios de una parte del sector por encima del bienestar de las personas.

Para EH Bildu es imprescindible, e incluso urgente, un cambio de modelo. Necesitamos una nueva política turística transformadora y adaptada a los retos del futuro inmediato. Como actividad socioeconómica de primer orden, el turismo debería contribuir a reducir las desigualdades y a promover sociedades cohesionadas e inclusivas. Y eso solo será posible colocando la vida y nuestro bienestar en el centro de la política turística. Nuestra prioridad es que Donostia y sus barrios sean habitables, y para ello el turismo debe desarrollarse sobre la base de dos principios fundamentales: sostenibilidad y equilibrio. Ahora bien, más que un objetivo estático, la sostenibilidad es un proceso en sí mismo. Se debe realizar un seguimiento continuo y público de los impactos para poder adoptar las medidas preventivas y correctoras necesarias para evitar o paliar las afecciones, y, en su caso, también para restablecer los estándares de bienestar. Solo así será posible un equilibrio entre la actividad turística y la calidad de vida de la ciudadanía tanto de hoy como de mañana.

EH Bildu ha hecho una lectura precisa y acertada, y ha demostrado capacidad de anticipación. Y desde ahí nos reafirmamos como la única opción que podrá gobernar el turismo y hacer de Donostia una ciudad habitable para sus habitantes. Acuñar el término «sostenible» para seguir con las mismas políticas es mero maquillaje.

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