Gontzal Martinez de la Hidalga
Komite Internazionalistak

Niger: la hipocresía de Occidente no tiene límites

En Niger, al igual que en otros países africanos, se ha levantado una nueva ola de sentimiento antioccidental, antieuropeo y especialmente antifrancés. El último golpe de Estado así como los levantamientos militares en Mali, Burkina Faso y Guinea, o las protestas masivas en otros países lo atestiguan. ¿A qué se debe esto?

África ha sido desde que los europeos llegamos a ese continente en el siglo XIX un lugar de explotación, esclavismo y crueldad sin límite por parte de las potencias europeas y los EEUU. Sirvan como ejemplo los alrededor de 15 millones de personas arrancadas de ese continente para llevarlas como esclavos a las Américas. Tampoco se queda atrás el genocidio por parte de Bélgica en el Congo, responsable de unos 10 millones de muertos, o las campañas de Inglaterra, Francia y los EEUU en diversos países, responsables de otros muchos millones de muertos. Otras colonias europeas, como Alemania, Portugal y España, tampoco se quedaron atrás en el genocidio y expolio de sus colonias africanas. Son casi dos siglos de sufrimiento atroz.

En los años 60 un viento de libertad soplaba en África. Parecía que el continente quería emanciparse y así sucedió brevemente. Sonaban nombres como Patrice Lumumba, Amilcar Cabral, Kwame Nkrumah o más tarde en los 80 el gran Thomas Sankara. Todos ellos se asocian a esa África que quería caminar hacia el futuro sin la explotación y humillación a la que la sometía el llamado Occidente. Sin embargo, todos esos procesos emancipatorios acabaron con la intervención de las potencias occidentales. No podía permitirse una África independiente y dueña de su destino sin la tutela de las potencias europeas. La mayoría de sus líderes fueron asesinados por ejércitos y servicios secretos europeos y estadounidenses.

Las cosas volvieron a su cauce. Se permitió una independencia formal regida por marionetas de Occidente y sometida a un férreo control económico. Hoy 14 países africanos, entre los que se encuentra Niger, tienen como moneda el franco CFA. Esto exige que más de la mitad de sus reservas estén en el Tesoro francés y, entre otras cosas, el Estado francés decide sus devaluaciones. Son meras colonias financieras. Asimismo, la explotación de la mayoría de los recursos naturales africanos está en manos de países europeos y los EEUU o de empresas transnacionales occidentales. Niger es el cuarto productor mundial de uranio. Su explotación la gestiona Somair (Société des Mines de l'Air), cuya propiedad es un 85% francesa y un 15% nigerina. Se calcula que un tercio de las bombillas en Francia las ilumina el uranio de Niger. Sin embargo, en ese país africano, el 80% de las personas no tiene electricidad.

¿Qué ha sucedido para que vuelva a surgir ese sentimiento africanista y antioccidental? No hace falta ser un sesudo analista político para darse cuenta de que tanta humillación y desprecio genera odio y resistencia. Por desgracia, en algunos lugares ha tomado la forma desesperada del islamismo más radical e intransigente, en ocasiones creado y alimentado desde Occidente. Es una respuesta desesperada pero nada positiva para esos países, pues somete a su propia población, en muchos casos mayoritariamente musulmana de carácter moderado, a una nueva opresión. Sin embargo, es comprensible la búsqueda de cualquier salida frente al sometimiento de Occidente. De todos modos, no ha sido la única respuesta. En diversos países otras formas de resistencia más liberadoras están surgiendo. Aún tienen pendiente definirse en muchos aspectos, pero son procesos legítimos que posiblemente ayuden a defender los intereses de ese maltratado continente.

La respuesta desde Occidente no se ha hecho esperar. ¡Cómo pueden esos sucios negros levantarse contra nuestro dominio!, parecen decir desde el gobierno francés, el yanki y otros europeos. Si la situación fuera a la inversa, ¿cuál sería nuestra posición? Imaginémonos por un momento un cambio de gobierno en Francia y que el gobierno de Niger se mostrará crítico y reclamando su derecho a intervenir, incluso militarmente, para devolver el poder a un gobierno títere en Francia. Aunque cuesta hasta imaginarlo, nos provoca un rechazo inmediato. ¿Por qué no sucede lo mismo con la situación actual? Los africanos son personas que merecen respeto. Desde luego, las políticas occidentales demuestran de manera tozuda que en realidad no creemos que esos «negros salvajes» sean humanos con derechos.

Espero que África siga por ese senda de lucha y emancipación. Ojalá encuentren caminos de liberación, que solo pueden ser de lucha contra este sistema capitalista en manos occidentales, principalmente; un sistema que enriquece a unos pocos y empobrece y hace sufrir a la mayoría de la humanidad.

¡Ánimo hermanas y hermanos africanos! Desde las metrópolis, aquellas personas que creemos en otro mundo, un mundo posible e imprescindible, os apoyaremos siempre.

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