Gontzal Fontaneda

Triunfo del feminismo

A pesar de las dificultades, ni siquiera Dondinero es todopoderoso; en esta pandemia ha perdido algo de credibilidad porque se ha demostrado claramente que la solución a un grave problema no está en el individualismo, sino en la solidaridad.

Cuando ya rondaba la pandemia del coronavirus, tras siglos de lucha el feminismo ha hecho patente su capacidad de movilización en las múltiples, multitudinarias y bien organizadas manifestaciones y celebraciones del 8 de Marzo, dejando claro que en la calle gana fuerza como nunca.

Cuando la pandemia dicen que ya estará «bajo control», el 12 de julio se van a celebrar elecciones al parlamento vasco. Y entonces esa fuerza del feminismo decaerá, porque nuevamente ninguno de los partidos que van a concurrir representará a la clase más numerosa, a la que sufre desde hace milenios en todo el mundo y en toda la historia opresión, agresión, menosprecio, marginación y violación: la mujer.

Por ello, para dirigir la transformación a una sociedad de igualdad es imprescindible la participación de un partido del feminismo.

No es fácil, ya que algunos sectores del feminismo se niegan a intervenir en política, no quieren de ningún modo presentarse a elecciones, no tienen confianza en la tan a menudo lamentable política. Se conforman con luchar en la calle, solo en la calle, de modo que para reclamar leyes justas dependen de los otros partidos. Por ello, se necesita un partido político que reúna las corrientes feministas y que se ponga al frente de los partidos progresistas para luchar tanto en la calle como en los ayuntamientos, en las diputaciones, en los parlamentos, en los gobiernos y en los juzgados para hacer las leyes, hacer cumplir las leyes y sancionar a quien no cumpla las leyes, para que llegue un día en que sea la propia mujer quien firme las leyes que construyan la igualdad, que esas leyes se hagan realidad.

Está claro que ese partido, cuando comience a dirigir la política, cometerá errores, nadie está exento. En ese partido puede haber mujeres que caigan en la corrupción, que traicionen el programa del partido, como sucede en los partidos actuales. Es comprensible, ya que toda la ciudadanía está muy bien educada en la filosofía individualista de Dondinero, que durante milenios ha secuestrado la solidaridad y la igualdad.

Además, dicho partido sufrirá todos los insultos, bulos y agresiones políticas, mediáticas, redesociales y cinematográficas. Es lógico; «el Poder siempre miente», porque defiende con empeño su negocio de oro. Dondinero tratará de desprestigiar el partido desde dentro y romperlo enfrentando a unas contra otras.

A pesar de las dificultades, ni siquiera Dondinero es todopoderoso; en esta pandemia ha perdido algo de credibilidad porque se ha demostrado claramente que la solución a un grave problema no está en el individualismo, sino en la solidaridad.

El feminismo conseguirá contra viento y marea dirigir el proceso hacia la igualdad. Triunfará y con él toda la ciudadanía, mujeres y hombres. Triunfará a la primera... a la segunda... o cuando se pueda.

Ese posible partido ya tiene desde ahora un voto.

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